miércoles, 24 de noviembre de 2010

RANGOON


Ahora se llama Yangon, pero yo prefiero llamarla Rangoon, toda la vida ha sido así, hasta que a algún caprichoso de la junta militar se le ocurrió llamarla de otra forma. Ya habían cambiado el nombre del país en 1988, de Birmania pasó a ser Myanmar, decían que lo de Birmania era un vestigio de los colonizadores británicos. Y ya puestos decidierón que el legendario río Irrawaddy pasaría a llamarse Ayeyarwaddy. Pero a mí me siguen gustando más los nombres antiguos, y son los que utilizo en este blog, además suenan más míticos.


Rangoon es la ciudad más poblada del país con unos cinco millones de habitantes y fue capital de Birmania hasta que en 2005 la junta militar se inventó una nueva: Naypyidaw, una fantasmagórica urbe recién creada que todavía se encuentra en construcción. Unos sostienen que trasladaron la capital al centro del país para aislarse todavía más, otros aseguran que allí están más cerca de los conflictos con las diferentes etnias de la zona, y los militares dicen lacónicamente que tomaron esa decisión tras consultar con los astrólogos.


Naypyidaw está habitada únicamente por militares y funcionarios. Prácticamente todo el que trabajaba para el gobierno fue obligado a abandonar Rangoon y establecerse en la nueva capital. Poco a poco fueron trasladándose sus familias y se van construyendo áreas residenciales, parques, centros de educación, de sanidad. Muchos critican ese inmenso derroche presupuestario que sólo favorece a las élites del país. Por no hablar del absurdo hecho de crear una ciudad donde no había nada obviando las verdaderas necesidades de los birmanos. Sobra decir que Naypyidaw es una ciudad fantasma donde no se permite el acceso a los extranjeros, tampoco nos perdemos nada.


Pero Rangoon sigue siendo el centro económico, social y cultural del país, y ahora que las fronteras terrestres están cerradas su aeropuerto internacional es el único punto de acceso. Nada más llegar a Rangoon tu mente se traslada a mediados del siglo pasado, parece que no haya cambiado nada, te invade una sensación de decadencia y abandono. Y se notan los efectos de las sanciones económicas de los principales países occidentales, unas sanciones que como siempre sólo perjudican a la gente de a pie.


Las mujeres con su thanaka, los hombres con sus longyi, un pareo de color oscuro que visten desde los parias callejeros hasta los ejecutivos, muchos campesinos llegados de las montañas en busca de una oportunidad de vivir mejor, monjes y monjas, barrios y mercados indios y musulmanes, comercios chinos, cientos de pagodas budistas y una evidente sensación de estar en una ciudad destartalada.


Los coches andan de milagro, trozos de chatarra que no pasarían una revisión ni de lejos. El transporte público es tan variado como caótico, desde viejos autobuses chinos hasta furgonetas, camiones, carros y triciclos. Llama la atención no ver una sola motocicleta, es la única ciudad asiática donde no corres el peligro de acabar arrollado por una de ellas. Según me enteré, uno de los generales tuvo un incidente de tráfico con una moto y no se le ocurrió otra cosa que prohibir su uso en todo Rangoon. De la noche a la mañana miles de personas se quedaron sin poder utilizar el único medio de transporte que tenían. Pero sin duda el colmo de los despropósitos es que se conduce por la derecha mientras que la inmensa mayoría de los vehículos también tienen el volante a la derecha. La colaboración del copiloto es decisiva a la hora de intentar cualquier adelantamiento.


El centro neurálgico de Rangoon se encuentra al sur de la ciudad, pegado al río y al golfo de Mottama. Desde sus muelles zarpan cada pocos minutos ferrys no menos destartalados que se internarán en el delta del Irrawaddy, llegando allí donde no hay carreteras. Las calles del downtown están bien organizadas, fruto de la herencia británica, barrios rectilíneos donde resulta fácil orientarse, no ya moverse, porque las calzadas están llenas de agujeros y las aceras son trampas mortales llenas de baldosas sueltas y cables eléctricos pelados colgando por todos lados. Además, las aceras se usan para montar puestos callejeros, amontonar paquetes o colocar inmensos generadores que suplen los constantes apagones de la compañía eléctrica del gobierno. Y cuando llueve no queda más que resignarse y caminar por la ciudad con el agua llegando a las rodillas.


En Rangoon todavía se pueden observar los vestigios de la época colonial británica en su arquitectura, preciosos edificios de estilo victoriano que languidecen por falta de mantenimiento, fachadas descascarilladas donde la vegetación se va abriendo paso entre sus rendijas. Y también choca ver imponentes edificios oficiales que ya no tienen ningún uso y se van pudriendo poco a poco. Cuando llevaron la capital a Naypyidaw simplemente sacaron todo lo que había dentro y se largaron.


Y cuando cae la noche llegan las tinieblas. El alumbrado público es inexistente y si no fuera por el empeño de hosteleros y comerciantes en poner algún florescente fuera de sus locales no se vería absolutamente nada. Eso sí, a las once de la noche todo el mundo a su casita, el gobierno ordena cerrar la ciudad a cal y canto a partir de esa hora y a nadie se le ocurriría incumplir la ley. Sólo permanecen abiertas un par de discotecas propiedad de militares o altos cargos del gobierno donde se emborrachan a diario las élites de Rangoon, no me apetecía nada conocer ese ambiente.


Pero si el downtown de Rangoon puede resultar un poco agobiante, el norte de la ciudad está lleno de zonas verdes donde destacan los lagos Inya y Kandawgyi, varios parques y sobre todo la pagoda de Shwedagon, la verdadera joya de la corona de la zona, quizás el complejo budista más espectacular que he visto hasta ahora en Asia.

En fin, que Rangoon no es un lugar de esparcimiento y descanso, pero es una buena primera toma de contacto para hacerse una idea de cómo funciona el país. Y al ser una ciudad mítica no deja de tener su encanto. Sus habitantes apenas hablan inglés, y no ves casi ningún occidental, pero los birmanos son tan encantadores que es una delicia mezclarte con ellos en sus calles, sus mercados, sentarte a comer algo o tomar una cerveza en sus chiringuitos callejeros, o subirte al techo de un camión sin saber exáctamente dónde te va a llevar. Todo el mundo estará dispuesto a echarte una mano.

jueves, 18 de noviembre de 2010

THANAKA


Nada más abandonar la terminal de llegadas del aeropuerto de Rangoon me quedé observando a una mujer birmana. No es que llamara mi atención de una manera especial, pero su rostro mostraba una especie de masa amarillenta pegada a la piel, una mancha pringosa que en un principio atribuí a los noddles que habría sorbido minutos antes, se ha puesto perdida y no se ha dado ni cuenta, pensé.


Pero al acercarme a ella percibí que aquellas marcas habían sido hechas de forma deliberada, dos círculos perfectos coronaban sus pómulos, y una graciosa pincelada su frente y la punta de la nariz. Aquello tenía que tener un significado, me convencí de ello cuando tras caminar unos pasos ví otra mujer, y otra, y otra más, todas lucían esa extraña marca en la cara, cada una aportando su propio diseño.


¿Serían pinturas de guerra?, no, eso no tenía ningún sentido, no me iba a encontrar justo enfrente de una etnia belicosa en las mismísimas instalaciones del aeropuerto. ¿Tal vez los colores de su equipo de fútbol?, tampoco, esas mujeres no tenían ninguna pinta de estar idiotizadas por los efluvios del deporte rey. La respuesta era mucho más sencilla, se trataba simplemente del thanaka.


El thanaka es el cosmético nacional por excelencia en Birmania y lo usan prácticamente todas las mujeres y niños. Cada vez más, sobre todo en zonas rurales, se animan a utilizarlo los chicos, casi siempre a esa edad en la que el acné se ceba con su piel. Recuerdo haberlo visto en alguna isla del suroeste de Tailandia, pero no de forma tan exagerada. En Birmania es más fácil ver a una mujer con thanaka que sin él, lo llevan desde que se levantan hasta que se acuestan.


El thanaka es un polvo amarillento que se extrae al moler la corteza del árbol del mismo nombre sobre una piedra plana. En todos los hogares hay una de estas piedras, después de mezclar la corteza del thanaka con un poco de agua se frota enérgicamente hasta que un espeso liquidillo de olor parecido al sándalo va cayendo sobre un canal que ocupa todo el perímetro de la piedra. Ya está listo para aplicarse en la piel y toda la familia irá pasando por allí poco a poco.


Y dentro del thanaka también existen las modas, a algunas mujeres les gusta dibujarse círculos, a otras cuadrados, unas se lo aplican con los dedos, otras con cepillos de dientes, unas sólo se lo ponen en las mejillas, otras lo extienden a frente y nariz, y también se usa en cuello, brazos, piernas... A los niños se les suele dibujar hojas, estellas, lunas y otras cosas, pero no les dura mucho, enseguida se empiezan a toquetear toda la cara y a pringarse de thanaka de arriba a abajo.

Pero aparte del decorativo, el principal objetivo del thanaka es el de proteger y cuidar la piel, es un cosmético natural utilizado desde hace muchas generaciones. Y de paso también les protege del sol, otra vez salen a la luz las diferencias culturales, mientras que a los occidentales nos gusta lucir un buen bronceado los de otras razas suspiran por tener una piel blanca. En cualquier caso el thanaka es otro de los muchos símbolos de identidad que diferencian a los birmanios de cualquier otro país del sudeste asiático.

lunes, 15 de noviembre de 2010

EL DINERO EN BIRMANIA


Birmania es un lugar que funciona de una manera bastante sui generis, algo surrealista en ocasiones. Una de esas particularidades es su sistema monetario, el dinero, el vil metal, algo que hay que tener muy en cuenta antes de entrar al país por lo que no viene mal algo de información práctica.

En Birmania no existen cajeros automáticos ni se conocen los cheques de viaje, la Western Union ni nada parecido, así que no queda otro remedio que llevar la pasta en efectivo. La moneda nacional es el kyat y se puede obtener cambiando dólares o euros, pero al tener ambas divisas la misma cotización es mejor olvidarse de nuestra moneda europea y utilizar la del Tío Sam, saldremos ganando.

Los dólares que llevemos deben ser nuevos, impolutos y sin una sóla arruga, de lo contrario no los aceptarán. Y es mejor cerciorarse que no sean de la serie CB, tampoco los quieren, parece ser que ruló por el país una gran remesa de billetes falsos de esta numeración y no se fían. Curiosamente la divisa de la gran potencia es la más facil de falsificar, debe ser que gastan mucho de su presupuesto en guerras y poco en la fábrica de moneda.

Pero lo más chocante de todo es la cotización oficial del kyat respecto al dólar. En los bancos, pertenecientes todos a la junta militar, te dan seis kyats por cada dólar. En la calle te ofrecen entre mil y mil doscientos, depende de la capacidad de regateo de cada uno y la cantidad de dólares que esté dispuesto a cambiar. La diferencia es tan significativa que la opción es clara: hay que recurrir al mercado negro.

Los dólares los usaremos para pagar en los hoteles y poco más, para el resto hay que usar kyats, así que hay que evitar la tentación de cambiar dinero en el aeropuerto (sucursal oficial) y darle cinco dólares a un taxista para que nos lleve al centro de Rangoon. Después de haber dejado el equipaje en el hotel tendrá lugar el primer contacto con el pueblo birmano, hay que conseguir kyats.

Que nadie se asuste de cambiar dinero en plena calle, es una transacción comercial como otra cualquiera. Además la policía hace la vista gorda, el gobierno sabe que los turistas no somos tan tontos como para tirar nuestro dinero en los bancos oficiales, muchas veces incluso hay cantidad de cambistas en la misma puerta de estos bancos y hasta la gente local recurre a ellos.

En cuanto uno de ellos te haga una señal y te diga "Change money, sir?" no hay más que sentarse a tomar un té en unos de los numerosos chiringuitos callejeros que abarrotan aceras y calzadas. Y allí mismo, en una minúscula mesa rodeada de minúsculas sillas que parece sacado todo de un jardín de infancia, cuentas tranquilamente el fajo de billetes hasta que estés conforme y después le entregas tus dólares.

Normalmente, te dan fajos de cien mil kyats, divididos en cien billetes de mil recién salidos del horno, nuevecitos, con numeración correlativa y con el precinto del banco central de Myanmar. Parece que acabas de pegar un palo. El problema es cuando vas cambiando los billetes nuevos de mil por otros más pequeños, éstos ya están negros, rotos por todas las esquinas, pegados y repegados con cello... se te junta un mejunje en el bolsillo que no es normal.

Lo que es importante es entrar en el país con más dinero del que podamos necesitar. Quedarte sin dinero contante y sonante puede ser un quebradero de cabeza; por lo que sé hay un par de hoteles de lujo en Rangoon que aceptan tarjetas de crédito y en caso de verdadera necesidad te pueden hacer el "favor" de adelantarte efectivo, eso sí, cargándote un ¡treinta por ciento! de comisión, menuda cara.

Pero tampoco hay que obsesionarse con la economía, casi todos los que salimos de Birmania lo hacemos habiendo gastado mucho menos de lo que pensábamos. Nunca he pagado más de siete dólares para dormir, casi siempre en pequeños hoteles familiares, limpios, con desayuno monumental incluído y aire acondicionado y televisión por cable en muchos de ellos. Y si comes en sus múltiples restaurantes callejeros puedes tragar hasta decir basta por un dolar y medio, encima siempre te regalan el té, una sopa de entrante y el postre.

Como conclusión diré que muchos birmanos invierten sus pequeños ahorros en oro. No confían en los bancos, más de una vez se han encontrado sus cuentas a cero y al pedir explicaciones les han dicho "necesidades nacionales, ummmm, ya se lo devolverán...". Tampoco quieren tener el dinero en casa, una moneda tan frágil que en cualquier momento puede convertirse en papel mojado, como aquella vez que el gobierno decidió de un día para otro dejar sin valor los billetes de treinta y cinco y sesenta y cinco kyats (extrañas denominaciones). Un montón de pequeños ahorradores se quedaron en la ruina.

lunes, 8 de noviembre de 2010

UN ESPERADO PUCHERAZO


Como era previsible, las elecciones "democráticas" celebradas ayer en Birmania se convirtieron en una auténtica farsa, un fraude para los cincuenta millones de birmanos en un intento de legitimizar y perpetuar en el poder al infame general Than Shwe. La junta militar ha manifestado con su característica chulería que los resultados definitivos se harán públicos a su debido tiempo, pero todo indica que ganará por goleada el partido del gobierno, el cínicamente llamado partido de la unión, la solidaridad y el desarrollo (USDP).

En esta ocasión no se ha presentado a las urnas Aung San Suu Kyi, conocida en el país como The Lady y por la que sienten verdadera devoción la inmensa mayoría de los birmanos. Desde su domicilio, donde sigue arrestada, manifestó que no pensaba tomar parte en unas elecciones amañadas de antemano e hizo un llamamiento al resto de la población a boicotear con su abstención el plebiscito. Ya ganó el referendum celebrado en 1990 con el ochenta por ciento de los votos y la junta militar anuló el resultado sin más explicaciones.

Por otro lado, se ha prohibido el derecho al sufragio en bastantes zonas del país habitadas por minorías étnicas tales como los shan, los karen, los kachin, los wa o los mon, lugares en los que se encuentran varios grupos armados rebeldes luchando contra el gobierno. Y sobre todo en las zonas rurales la gente ha sido prácticamente obligada a votar al partido que apoya la junta militar bajo amenza de cárcel. Otros muchos no se han atrevido a apoyar el boicot ya que constaría que no han pasado por las urnas.


No se ha permitido la presencia en el país de periodistas ni observadores internacionales y en los colegios electorales ni siquiera había cabinas para ejercer el voto con algo de intimidad y la gente tenía que depositar su papeleta delante de funcionarios pro gubernamentales quienes les "asesoraban" acerca de cuál era la casilla que tenían que marcar.

Durante mi estancia en el país he vivido de cerca la surrealista campaña electoral, un ambiente en el que se mezclaba la desidia de la población con la proliferación de carteles que ensalzaban las virtudes de la junta militar. En Birmania no se puede iniciar una conversación sobre la situación política, a un turista no le va a pasar nada, como mucho será expulsado del país, pero el interlocutor corre un auténtico peligro y es fácil que sea condenado a una pena de cárcel con trabajos forzados incluídos.

No obstante, fueron muchos los que a través de susurros y una vez seguros que no había posibles informantes alrededor me mostraron su desesperación y me contaron auténticas historias de terror. Y todos hacían especial hincapié en que una vez abandonado el país contara lo que ocurre realmente dentro de sus fronteras. La mejor forma que se me ocurre es a través de la escritura, narrar de alguna forma el sufrimiento de los birmanos a través de este blog, éste es el granito de arena que puedo aportar.


El único susto lo sufrí la última noche de mi estancia en Birmania. Estaba alojado en un hotel de Rangoon y a la una de la madrugada la policía nos mandó bajar a recepción a los más o menos diez viajeros que nos encontrábamos allí para verificar nuestros pasaportes. La cosa parecía que iba en serio, la familia shan que regentaba el establecimiento estaba aterrorizada. Tras una serie de preguntas intentando averiguar si éramos periodistas nos dejaron en paz, yo les dije que no era de recibo molestar a unos sencillos turistas a esas horas de la noche, pero un policía con unos aires más que chulescos me contestó que yo no entendía nada, que era un asunto de seguridad nacional. Decidí no volver a abrir la boca.

La foto de los generales y las viñetas están sacadas de la revista "The Irrawaddy", la voz de la oposición, una publicación editada en Chiang Mai, en el noroeste de Tailandia, donde vive un número importante de exiliados birmanos y se sigue con especial atención el devenir del país vecino. Es posible que dentro de unos días consiga una entrevista con su editor jefe, Aung Zaw, y la publicaré aquí para mostraros su punto de vista. Y si queréis echar un vistazo a su página web para saber algo más de lo que ocurre en Birmania no tenéis más que pinchar aquí. También podéis mandarles un mensaje expresando vuestra solidaridad, os lo agradecerán de corazón.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

BURMESE PEOPLE

Ya estoy de vuelta en Bangkok después de venticinco días conociendo un poco Birmania. Finalmente no pude meter ese gol a la junta militar como dije en el post anterior y desgraciadamente pude comprobar que el acceso a blogger estaba bloqueado por lo que os he dejado un poco abandonados estas semanas.

Prometo resarcirme y ofreceros un mes de Noviembre intenso, lleno de posts, un pequeño especial sobre Birmania, un homenaje a un gran país que me ha llenado mucho. Y para empezar nada mejor que un marathon fotográfico dedicado a su maravillosa gente, un pueblo que a pesar de su pobreza crónica, su carencia de infraestructuras, de tecnología y de estar gobernados por una oligarquía militar tirana y represiva, vive de una manera feliz, hospitalaria y con un gran sentido del humor, su mejor arma.




















viernes, 8 de octubre de 2010

OBJETIVO BIRMANIA


Escribo desde el aeropuerto de Bangkok mientras espero un vuelo a Yangon, la antigua capital de Birmania. Pasaré cerca de cuatro semanas conociendo ese maravilloso país y su gente. Me espera un ambiente bastante tenso debido a las próximas elecciones que se celebrarán a principios de Noviembre, así que es muy posible que no pueda actualizar el blog durante este tiempo. La junta militar birmana se cuidará mucho de que no entre ni salga información al exterior y seguramente tendrá bloqueado el acceso a internet, al menos a plataformas como google o hotmail que son las que utilizo para contar mi viaje.

La foto corresponde a Aung San Suu Kyi, premio nobel de la paz por su labor a favor de la oposición al régimen. Este sí que es un galardón merecido y no el de Obama. Aung San ganó de calle las últimas elecciones celebradas en 1990 y la reacción de la junta militar fué anular el plebiscito y ordenar el arresto domiciliario de la dirigente, veinte años después todavía sigue encerrada en casa, y si no han echo algo peor con ella es por la presión internacional.

Paradójicamente, el hecho de que Birmania sea uno de los países más aislados e incomunicados del mundo es uno de sus principales atractivos y espero disfrutar de su cultura y su exuberante naturaleza. Eso sí, habrá que intentar que mi dinero se lo lleve la gente de a pie y no sus asquerosos gobernantes.

Hasta la próxima, que ojalá sea pronto, si es así es que hemos podido meter un gol al régimen y contar desde dentro lo que ocurre.

viernes, 1 de octubre de 2010

SOBRE ALGUNAS RECOMENDACIONES DE VIAJE


Antes de visitar un país desconocido es conveniente recopilar toda la información posible acerca del mismo. Y no sólo sobre esos lugares de interés que nos van a permitir ir trazando un borrador de la ruta que pretendemos llevar a cabo. Creo que además es muy importante hacernos una idea de su situación sanitaria, económica, social y política. Adentrarse un poco en su historia también nos permitirá conocerlo mejor y entender el por qué de muchas cosas, las causas de su situación actual.

Pero hay veces que encuentro exageradas, desfasadas y fuera de lugar muchas de las advertencias sobre los peligros que podemos encontrar en determinados lugares. Esto viene al caso del cruce de la frontera terrestre entre Malasia y Tailandia. Según las guías más conocidas por los viajeros, Lonely Planet y Rough Guide (no quería nombrarlas pero no les viene mal un poco de publicidad negativa, a ver si espabilan), se desaconseja encarecidamente utilizar esta frontera debido al actual clima de extrema violencia producto de las aspiraciones independentistas de las provincias musulmanas del sur de Tailandia.

Es verdad que hasta el año 2005 hubo mucha tensión entre el ejercito tailandés y algunos grupos armados musulmanes. Estos últimos bombardearon instalaciones militares, carreteras, vías férreas y algún monasterio budista. Por su parte las tropas militares gubernamentales ejercieron una brutal represión entre la población civil.

Pero eso queda lejos y a día de hoy no pasa absolutamente nada, apenas algún hecho aislado llevado a cabo por algún fanático y la imponente presencia de soldados tailandeses vigilando las infraestructuras. Sin embargo estas guías de viajes antes mencionadas siguen actualizando sus ediciones sin cambiar el guión, sin corregir nada o cotejar y revisar la información. Flaco favor están haciendo a esas comunidades cuyos habitantes ven el enorme flujo de turismo que llega a otras zonas del país y sin embargo ellos pueden contar los occidentales que pasan por allí con los dedos de la mano.

Y todavía es peor cuando ves esa información, o mejor dicho desinformación, en plataformas oficiales. No sé si habréis entrado alguna vez a la web oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores español. Tiene un epígrafe lamado "recomendaciones de viaje" donde se pueden ver sus advertencias antes de visitar cualquier país del mundo. Si echáis un vistazo os darán ganas de no salir de casa, parece que el planeta es un infierno lleno de guerras, ladrones, desastres, plagas, epidemias y demás.

Supongo que los servicios diplomáticos del mundo entero andarán cabreados unos con otros, ya que todos se ponen a parir entre ellos y pretenden decir que como en el propio país no se está en ningún sitio. Si visitamos, por ejemplo, la web del Foreign Office británico y miramos a ver que dicen de España nos encontraremos con que es fácil que te roben la cartera nada más salir del aeropuerto, también dicen que hay que tener cuidado en los bares porque te pueden echar un somnífero en la bebida y un montón de sandeces más. Y por supuesto mucho ojo con ir al País Vasco ya que lo más probable es que te explote una bomba en las pelotas, sin comentarios.

En fin, como siempre los políticos velando por nosotros. Yo pienso que toda esta desinformación está perfectamente calculada, a los gobernantes de hoy en día les interesa una población amedrentada y acobardada, es otra forma de sumisión, cuanto más aborregados estemos mejor para ellos y sus intereses. No hagáis ni caso y viajad, recorred lugares desconocidos con la curiosidad de un niño y afortunadamente descubriréis que el mundo es un lugar maravilloso habitado por gente maravillosa, al menos la gente corriente, la gente sencilla, la que lucha día a día por llevar una vida digna.

martes, 21 de septiembre de 2010

CONTRABANDISTAS DE PAÑALES


Dejé Malasia nada más empezar el ramadan, no es que fuera esa la causa, pero el cuerpo ya me estaba pidiendo pasar a Tailandia. Pasé mis últimos día malayos en Kota Bharu, una ciudad cerca de la frontera cuyo único interés radica en que hay un consulado tailandés donde te expiden un visado de turista para sesenta días de un día para otro y sin coste alguno.

Por lo demás, en Kota Bharu se respira ese mismo aire en el ambiente que hay en cualquier lugar fronterizo, un espacio gris, algo deprimente, sucio, lleno de horrendos edificios y gente ocupada comprando y vendiendo. Además, en esta parte de Malasia apenas hay comunidad china y el islamismo es más pronunciado y cerrado. Sólo hay un lugar donde poder tomar una cerveza, el único restaurante chino de la ciudad, siempre ocupado por los borrachines del lugar y por occidentales de paso, casi todos yendo o viniendo de las islas Perhentian.

Curiosamente, en ese restaurante se estableció un nuevo record guiness de este viaje: el del mayor trasiego de ratas visto hasta el momento. Eran un no parar, entrando y saliendo de la cocina como Pedro por su casa a los ojos de todos los comensales. Y a la gente no parecía importarle mucho. Los dos días que pasé por allí no probé bocado, me limité a tomar unas birras viendo que al menos estaban a salvo dentro del frigorífico.

El once de Agosto comenzó el ramadan y me cogió por sorpresa. Lógicamente me desperté después del alba y al salir a la calle me encontré con todo cerrado, como si hubiera toque de queda, ningún garito donde poder echar nada al estómago hasta que se pusiera el sol, horas de angustia e impotencia, basta que no puedas comer para que te entre un hambre irrefrenable. Al caer la noche me invitaron las recepcionistas del hotel a los típicos pastelitos y dátiles para la ocasión y salí a las calles dispuesto a comer hasta hartarme. Pero claro, no era el único, la ciudad entera se agolpaba frente a los chiringuitos callejeros, había que darse codazos para conseguir un satay de pollo.


Al día siguiente, ya con mi visado tailandés, me dispuse a cruzar la frontera. Me acompañaba Andrea, una catalana que había conocido en la infame Kota Bharu, compartimos viaje unos días, finalmente ella tiró hacia Koh Phi Phi y yo me decanté por Koh Lipe. Un bus nos dejó en el puesto fronterizo de Rantau Panjang en apenas media hora y de allí cruzamos a pata a Sungai Kolok, en Tailandia.

Me encanta la sensación de cambiar de país caminando, cruzar las fronteras a pie e ir saboreando poco a poco ese cambio, el paisaje sigue igual pero el paisanaje es diferente y los primeros momentos tu cerebro se los pasa ajustándose al cambio y percibiendo constantemente esa nueva cultura, esos gestos diferentes, moneda diferente, los saludos, la vestimenta, todos esos pequeños matices que nos dan una primera idea general del país al que entramos.

Además, los trámites fronterizos siempre son menos engorrosos que cuando llegas a un aeropuerto internacional. En el lado malayo había una mujer somnolienta en una caseta que nos selló el pasaporte casi sin mirarlo, y en el lado tailandés hasta nos invitaron a un té mientras rellenábamos el papeleo, bonita forma de entrar a un país, al país de las sonrisas en este caso.

Apenas había follón en esa frontera, ningún occidental y un ordenado trasiego de malayos y tailandeses. Los malayos, aprovechando su mayor nivel económico, pasan a Tailandia a divertirse y olvidarse unos días del escaso ambiente de su país, son muchos los interesados en el mercado de la carne, el sexo en Tailandia no es ningún tabú.

Y los tailandeses cruzan a Malasia a llenar el depósito de combustible de sus vehículos o a comprar bienes de consumo que sean mucho más baratos que en su país. Vimos a una docena de chavales que en un trabajo de equipo perfectamente organizado y con la colaboración de terceros pasaron un cargamento de pañales que no cabría en un camión. Los trajeron a la frontera en una flota de tuk tuks, después formarían una cadena para ir acercándolos al puente y desde allí los tiraban por encima de una valla mientras los aduaneros (previamente sobornados) se hacían los suecos. Al otro lado de la frontera otra flota de tuk tuks volvía a llevar el cargamento hasta la estación de tren.


Nos acercamos a la estación y en veinte minutos salía un tren hacia el norte, perfecto, cogimos billetes hasta Hat Yai donde pasaríamos un par de días. Era un tren bastante cutre, de los que paran en todas y cada una de las estaciones y apeaderos, unos bancos de madera corridos a lo largo de los vagones y nada más, pero el ambiente era buenísmo, musulmanes tailandeses de las provincias del sur sonriendo, saludando y excusándose por no poder ofrecernos nada para comer al ser ramadan.

Y en el mismo tren coincidimos con los contrabandistas de pañales, cuyo cargamento ocupaba casi un vagón entero. La red estaba perfectamente organizada, en cada una de las estaciones estaba esperando algún comerciante o ama de casa que les había hecho un pedido, tiraban directamente el paquete del tren al andén y cobraban allí mismo. A veces incluso tiraban la mercancía en campo abierto sin que el tren parara y siempre había alguien listo para recogerla,y en un par de ocasiones hasta nos pidieron que les echáramos una mano, allí estábamos nosotros moviendo paquetes de un lado para otro y participando involuntariamente de aquella operación de dudosa legalidad.

Cuando al cabo de unas cuatro horas el tren llegó a Yala, destino final de los chavales, ya tenían todo el pescado vendido. Por el número de paquetes y el número de pañales que había en cada uno calculo que venderían unos cuarenta mil pañales en ese rato, y según decían hacían ese viaje varias veces por semana. Deduje que los niños del sur de Tailandia eran especialmente cagones, si es que realmente eran pañales lo que habíamos estado manipulando.

El jefecillo de la cuadrilla, quien se pasó todo el trayecto con el movil pegado a la oreja dando órdenes y hablando con sus múltiples contactos, nos contó utilizando un léxico de broker internacional que se trataba de una operación más que rentable, el stock era ligero y manejable, la diferencia de precio del item en cuestión les permitía quedarse con un buen remanente de cash y sólo tenían que pagar una pequeña comisión, un feed back a los conductores de los tuk tuks, a un par de aduaneros y al inspector del tren para que les permitiera embarcar todo aquello.

lunes, 6 de septiembre de 2010

LUXURY TOILET


Cuando alguien viaja durante una larga temporada una de las cosas que más echa de menos es su propio cuarto de baño, y más en concreto su retrete, un lugar de suma importancia dentro de nuestro hogar, un espacio casi místico, una capilla en la que durante unos minutos nos evadimos de nuestras preocupaciones cotidianas y podemos reflexionar, meditar y hasta ojear el periódico mientras hacemos lo que tenemos que hacer. Hasta podemos escuchar algo de música, normalmente los cuartos de baño tienen la mejor acústica de toda la casa y quizás esa sea la causa por la que mucha gente se anima a cantar en la ducha.

Pero en algunos países encontrar un baño decente puede convertirse en una verdadera quimera, y desde luego India se lleva la palma en cuanto a su suciedad, abandono y falta total de higiene. He visto algunos retretes cuya asquerosidad supera en mucho a aquel que aparece en la película Trainspotting, el baño más guarro de Escocia. Si el departamento de sanidad indio funcionara de una manera diligente no quedarían muchos hoteles abiertos en el país.

Recuerdo un caso llamativo en Khajuraho. Andaba buscando hotel para alojarme y en uno cuyo nombre no recuerdo me mostraron una habitación bastante pasable, pero cuando abrí la puerta del baño salí por patas. El dueño de aquel antro, viendo mi reacción, me dijo que no me preocupara, que lo limpiaba en cinco minutos, y yo cabreado le contesté que a ver cómo pensaba limpiar en cinco minutos lo que no había limpiado en veinte años.


Parece que le sentó mal mi comentario y me dejó caer que no tenía mucho sentido limpiar una cosa que únicamente servía para seguir echando mierda. Yo continué diciéndole que esa mierda se convertía enseguida en millones y millones de bacterias invisibles altamente nocivas para nuestra salud que pululaban libremente por el aire y acababan introduciéndose en nuestros cuerpos. Pero nada de lo que dije produjo efecto alguno en aquel tipo, se limitaba a mirarme boquiabierto como si estuviera escuchando a un loco o un extraterrestre.

Así que viendo el calibre de los retretes indios a menudo es mejor utilizar los llamados baños turcos, ese simple agujero en el suelo donde al menos no tenemos que sentarnos en ningún sitio y además de resultar más higiénico es también más idóneo. Cuando uno se pone de cuclillas su cuerpo adopta la forma más natural para hacer de cuerpo. Parece ser que el retrete es un inventó occidental que comenzaron a utilizar las clases altas hace muchos siglos y acabó instaurándose en el cien por cien de nuestros hogares, pero a la sociedad asiática le resulta algo incómodo y rara vez lo usan. A este tipo de baños en la India se les llama western style, como veis en la primera foto tomada en un tren indio donde se puede escoger entre ambos tipos.


El cartel de la segunda foto me hizo mucha gracia. Estaba paseando por Panjim, la capital de Goa, recorriendo parte de la ribera del río Mandovi, donde hay alguna terracita elegante y un par de restaurantes de cierto nivel, así que cuando vi el letrero a lo lejos, tan llamativo y con esa forma de arco de medio punto, pensé que sería la entrada de un balneario, o incluso del club náutico de la ciudad, hasta que me fui acercando y leí lo de luxury toilet. No se me ocurrió entrar, nunca sabré en qué consistía ese lujo, pero no creo que fueran retretes de mármol, con tapas de caoba e hilo musical incorporado. Además estaban financiados por el directorio de turismo del estado, curioso.

Una vez fuera de la India la cosa mejora mucho y por eso me extrañó ver el cartel de la tercera foto hace unos días en la isla tailandesa de Koh Phangan. Un garito que anuncia a bombo y platillo a través de un cartel en su fachada que tiene el baño limpio, clean toilet, quizás el local pertenezca a un indio. Tailandia es un país que se acerca mucho más a nuestros baremos de limpieza, y sobre todo de desinfección, aquí al menos utilizan a diario la lejía y el pato wc.


Y las dos últimas fotos, que sin duda son las que más os llamarán la atención, las tomé en Sri Lanka, donde parece que se estila más el retrete-zoológico. Lo de la ranita resulta hasta simpático, ya lo había visto en otras zonas tropicales, hasta en Australia que es un país civilizado. Debe ser que a la hora de escoger una charca los retretes les parecen algo más fresquitos y tranquilos.

Pero lo de la última foto es de juzgado de guardia. La tomé en un restaurante de Arugam Bay y cuando levanté la tapa y vi aquello casi me da un infarto. Le dije al camarero que tenía una rata de huesped allí dentro, rápidamente fue a comprobarlo y volvió quitando hierro al asunto diciéndome que no se trataba de una rata, era más bien un ratoncillo. Bueno, rata o ratón el caso es que saqué la foto para asegurarme que no había sido producto de mi imaginación y le sugerí al tipo que echara un ojo también a la cocina, más que nada por si hubiera más ratoncillos probando la cena que nos estaban preparando.