sábado, 15 de mayo de 2010

LAS CUEVAS DE ELLORA


A unos cuatrocientos kilometros de Bombay, en el interior del estado de Maharashtra, se emplazan estas treinta y cuatro cuevas a lo largo de un sendero de unos tres kilometros bajo los riscos de Chamadiri. Si comenzamos nuestra visita al sur del camino nos encontraremos en primer lugar con un grupo de doce cuevas budistas, las más antiguas. Le siguen otro grupo de diecisiete cuevas hinduístas y finalmente otras cinco cuevas jainistas, las más recientes.

En un espacio tan pequeño se ve claramente la influencia de diferentes religiones en la historia de este país, según la época y las creencias del momento. Están en mitad de la nada, y la ciudad más cercana se sitúa a unos treinta kilometros, Aurangabad, un lugar bastante cutre que sirve de campamento base para visitar la comarca. Pero su emplazamiento se debe a que antiguamente éste era un lugar de paso en la ruta de las caravanas que transitaban entre los puertos del Mar de Arabia o el Océano Indico y las prósperas ciudades del norte de la India.


Se encuentran en un estado de conservación casi perfecto después de haber aguantado durante siglos inundaciones, corrimientos de tierra, e incluso a las tropas del infame Aurangbed, quien durante la época musulmana ordenó destruir cualquier legado de otra religión que no fuera la suya.

Las cuevas budistas son básicamente monasterios que servían a los monjes para la meditación y el estudio, eran muchos los que llegaban hasta aquí para prepararse ante el creciente empuje del hinduísmo y todavía se pueden ver las estancias donde dormían, comían, estudiaban o almacenaban sus provisiones. Algunas constaban de hasta dos y tres pisos sustentados por columnas y arcadas, pero más que por su arquitectura, las cuevas budistas son admiradas por la profusión de esculturas que las adornan. Este grupo de cuevas fué constrído entre los siglos VI y VIII.


En el siglo VII comenzaron las obras del grupo de cuevas hindúes, cuando todavía seguían allí los budistas, pero la semejanza entre ambas religiones impidió cualquier tipo de rencilla. No obstante, algunas cuevas empezaron a ser excavadas por budistas, pero con el tiempo se fueron transformando hacia el hinduísmo. La mayoría están dedicadas a Shiva, el dios de la destrucción y la regeneración, pero también se pueden ver imágenes de Vishnu, Ganesha, Khrisna o Surya, el dios del sol. Las cuevas hindúes siguieron construyéndose hasta el siglo IX.

Y en este grupo se encuentra el templo de Kailash, una maravilla arquitectónica que hace que realmente valga la pena llegar hasta aquí. Se hizo de arriba a abajo, esculpiendo una gigantesca roca paso a paso, desde sus finas cúpulas hasta su base, algo realmente increíble si no lo ves con tus propios ojos, sobre todo debido a la enorme cantidad de esculturas, fligranas y recovecos. Incluso son visibles todavía parte de alguno de sus decorativos murales. Tardaron unos cien años en su construcción e intentaron imitar la cima del monte Kailash, la casa de Shiva y su consorte Parvati en la cordillera del Himalaya. Guardan la entrada dos enormes esculturas de las diosas Ganga y Yamuna y seguidamente se encuentra Lakshmi, la diosa de la salud. Arriba destaca Nandi, el toro, uno de los vehículos que utilizaba Shiva, y siguiendo sus numerosos pasillos y pasadizos vas descubriendo diferentes estancias, como la sala de los sacrificios.


Y finalmente llegamos al grupo más pequeño de cuevas, las jainistas, construídas entre los siglos IX y XI, después de la fase hindú. En cualquier templo jainista lo que más destaca es su ornamentación, y aquí no iban a ser menos. El jainismo es una religión muy parecida a la hindú, pero sólo practicada por el uno por ciento de la población, su rigurosidad hizo que muchos se fueran pasando al hinduísmo. Hoy en día la mayoría de los jainistas viven en el estado de Gujarat y su día a día se basa en la práctica del "ahimsa", la no violencia, y ésto se aplica a toda forma de vida, desde plantas y animales hasta microbios o bacterias. Los más radicales caminan barriendo el suelo antes de pisar cualquier insecto y algunos llevan mascarillas, no por la polución, sino para evitar tragar y matar cualquier bacteria. Si por ejemplo ofreces una manzana a un jainista sólo la comerá si ha caído del árbol de forma natural, si se ha arrancado de la rama se supone que ha sido asesinada y la rechazará.

Cuando pasé por las cuevas de Ellora apenas me crucé con otros occidentales, sólo con Ainara, una chica de Irún, y Sonia, su amiga colombiana, a las que curiosamente ya había visto en otras partes del país, nunca sabremos quien seguía a quien. El resto de visitantes eran hordas de turistas indios, los indios viajan muchísmo, sobre todo a lugares de peregrinación para mejorar su kharma, y en casi todo el país te encuentras con que los turistas blancos no superamos un diez por ciento del total. Unicamente en Goa, la Sodoma y Gomorra del país, ganamos por goleada. El turismo indio da ambientillo al lugar, pero a veces cansa un poco, decenas de chavales gritando por todas las esquinas, con la música de sus teléfonos móviles a toda pastilla, y lo peor de todo es que la mayoría pasa más tiempo contemplándote a tí que a las obras de arte. Muchos llegan de lugares de la India profunda, donde rara vez ven un blanco y se te quedan parados a centímetros de distancia observándote como si fueras un extraterrestre y pidiéndote permiso constantemente para sacarte fotos y posar con toda su familia.

lunes, 10 de mayo de 2010

OTRO CURIOSO CARTEL


Este letrero lo encontré en una calle de la parte vieja de Panjim, la capital del estado de Goa. No sé si en la imagen que aparece en el blog se verá bien, pero si hacéis click sobre ella y la agrandáis os sorprenderéis tanto como yo. Dice literalmente: "Centro Comercial de Drogas". Supongo que se refiere a lo que nosotros conocemos como droguería pero no deja de ser chocante, y más aquí.

El local tiene aspecto de llevar muchos años cerrado, quizás desde que Goa dejó de ser colonia portuguesa, pero tirando de imaginación puede que fuera un supermercado de drogas en toda regla. Me imagino a la gente entrando, cogiendo un carrito y haciendo su compra mensual. Al fondo a la izquierda el pasillo del canabish y sus derivados, después la sección de opiaceos, incluso uno voz que sale de los altavoces "din-don, din-don... Estimados clientes, recuerden que esta semana ofrecemos grandes descuentos en el departamento de plantas alucinógenas... din-don, din-don". Veríamos a una mujer hablando con su vecina... "¿te gustan esas anfetas?, yo prefiero comprar las marcas blancas, son más baratas y suben igual", y finalmente atravesaríamos las estanterías donde se apilan las drogas de diseño hasta llegar a las cajas, donde estarían estratégicamente colocadas las drogas legales: alcohol, tabaco y fármacos.

Y si os fijáis en la parte inferior derecha del cartel veréis que pone "prop. Sr.Correa". Pero bueno, ¿este tipejo no está en la cárcel a cuenta de una trama corrupta del PP?, ¿el caso Gurtel, o no sé qué?. Joder con esta gentuza, han extendido sus tentáculos hasta llegar a Asia.

Bueno, bormas aparte, ésto es una muestra de lo que te encuentras en Goa, herencia portuguesa por todas partes. No sólo los nombres de algunos pueblos o calles, también abundan iglesias católicas, eso sí, con aportación india, cruces con luces de neón y santos cubiertos con guirnaldas de caléndulas y barritas de incienso para pedir su protección. Los viejos siguen chapurreando portugués y los nombres de la gente son de traca: Gomes, Coutinho, Mascarenhas, Silva, Pinto, etc. Y algunas chicas se llaman Coraçon do Jesus, María do Buen Suçeso y hasta conocí a una Fatima do Espirito Santo (como la mala de "Airbag"), no pude evitar que se me escapara una carcajada cuando me enteré.

¡Ah!, se me olvidaba, también hay cantidad de Feijoo, ya sabes Pitu, algún marino portugués antepasado tuyo hizo estragos por aquí. Si te acercas a Goa te vas a sentir como en casa, tienes familia numerosa.

viernes, 7 de mayo de 2010

MUMBAI


Cuando los de Mecano escribieron aquello de "Hawaii, Bombay, es un paraíso..." supongo que no conocían esta ciudad, más bien buscaban algo que rimara con Hawaii. No tiene ninguna característica propia de algo que pueda asemejarse a un paraíso, pero de todas formas, y a pesar de que las grandes urbes suelen agobiarme, tengo que decir que esta ciudad me resultó fascinante en cierta forma. Desde luego es una ciudad que no dejará a nadie indiferente.

Quizás se deba al hecho de ser tan enorme. En Bombay todo es exagerado, todo es superlativo, venticinco millones de personas habitan esta metrópoli, se hablan los doscientos idiomas y dialectos de la India, y conviven todas las religiones, hinduístas, jainistas, sijs, animistas, budistas, zoroastrianos, musulmanes o cristianos.

Las diferencias sociales también son enormes, conviven la riqueza más exuberante del país con la más absoluta miseria de gente que día a día llega a la ciudad procedente de zonas rurales, sin nada en las manos, y en el mayor de los casos pasará a engrosar las filas de los diez millones de personas que viven en la calle o en los famosos slums, los barrios de chabolas de Bombay.

Y junto a todos estos parias también viven miles y miles de multimillonarios, si en algún lugar del país se ve concentración de dinero es aquí, hasta ese momento sólo había visto ese nivel de vida en los anuncios de la tele, me parecía una India irreal, pero en las calles de Bombay es más que palpable en forma de restaurantes de lujo, tiendas de grandes marcas, cochazos por todas las esquinas y una nueva sociedad de alto poder adquisitivo a la que le gusta vivir a todo tren de la manera más occidentalizada posible.

Pero por supuesto ambos mundos conviven estrechamente entrelazados y compenetrados, tradición y modernidad, lujo y miseria, amos y criados. Bombay es el motor del país y todo funciona como una máquina perfectamente sincronizada donde los ricos necesitan a los pobres y viceversa. Durante el día unos ofreceran oportunidades para ganar algunas rupias, otros servirán a éstos, otros recogerán las migajas de los unos y los otros y así seguirán tirando un día más millones de vendedores ambulantes, mendigos, leprosos, taxistas o coolies, personas que recorren las calles de la ciudad empujando arcaicos carros de madera donde amontonan cualquier cosa que pueda ser aprovechada, reciclada o vendida. Por la noche cada cual volverá a su mundo, los pobres a sus slums, esparcidos por toda la ciudad en cualquier superficie libre que poder ocupar, y los ricos a sus viviendas de más de un millón de dólares en los lujosos barrios de Colaba, Juhu Beach, Bandra, Marine Drive o Nariman Point, el Manhattan de Bombay.


La llegada a la metrópoli impresiona bastante. Pasé dos veces por Bombay, la primera llegué volando desde Udaipur y lo primero que vi antes de aterrizar fue un mar de chabolas, miles de techo de chapa reflejados con el sol hasta donde alcanzaba la vista, los dos aeropuertos se encuentran completamente rodeados de slums y por ello dicen que es el punto del país con mayor riesgo de enfermar de malaria. Tome un taxi hasta Colaba y enseguida me dí cuenta que el taxista no sólo no entendía ni papa de inglés, sino que tampoco conocía la ciudad. Al principio me cabreé con él, le dije que cómo coño podía estar currando de taxista en el aeropuerto sin saber moverse por la city pero el pobre hombre sólo decía "yes sir, yes sir". Supuse que sería uno de los tantos que acababa de llegar a Bombay procedente del campo. Al llegar a Colaba preguntaba a otros taxistas la dirección de mi hotel pero nadie le hacía caso, se reían de él o le mandaban a la mierda, me imagino que dirían "vaya, otro paleto más que viene a quitarnos nuestro trabajo". El pobre hombre sudaba la gota gorda y viendo que cada vez estaba más agobiado empecé a sentir lástima por él. Intenté tranquilizarle y saqué de la mochila la Lonely Planet mostrándole un plano cutre de la ciudad, pero claro, tampoco sabía interpretar un mapa y finalmente tuve que indicarle yo más o menos el camino. Al final de la carrera me daba tanta pena que hasta le dí propina, me agarró ambas manos y no me soltaba mientras repetía en su nefasto inglés "very thank you good sir, very thank you good sir".

La segunda vez que fui a Bombay llegué en tren procedente de Aurangabad, donde había ido unos días para visitar las cuevas de Ellora. Y esa vez pude contemplar algún slum bien de cerca, practicamente llegan a escasos metros de las vías. Y la impresión no fue tan negativa. Se veía un submundo bastante organizado, con sus callejuelas, sus comercios, sus mercados, su complejo sistema de cables con el que consiguen gratis la electricidad a través de gigantes transformadores de corriente, su rudimentaria pero ordenada canalización de aguas sucias. Pero sobre todo me impactó positivamente la gente, dentro de esa miseria se veía gente feliz, contenta de vivir su día a día, música por todas las esquinas, críos jugando, viejos viendo pasar la vida, gente lavando cuidadosamente su ropa o los cacharros de la cocina, y la belleza de las mujeres, me vuelven loco las indias y estoy comprobando que cuanto más pobres más bellas son, esa sensualidad en cada uno de sus movimientos, ese cabello negro y brillante perfectamente peinado y bañado en aceite de coco, siempre adornado con flores frescas de vivos colores a juego con sus saris. Las indias ricas también son guapas pero muchas parecen de porcelana, totalmente inexpresivas y atiborradas de agresivos productos cosméticos para blanquear su piel. Uno de cada tres anuncios de la televisión es de algún producto de éstos.

Más tarde me enteré a través de Suresh, un sociólogo que conocí en un restaurante de Colaba, que los slums de Bombay son un modelo de convivencia donde muchos de sus colegas de todo el mundo vienen a realizar diversos estudios. Me explicó que existen algunos slums donde sólo habitan leprosos, otros donde viven las viudas, pero normalmente en los grandes slums convive gente de diferentes religiones o lugares de procedencia y todos se ayudan unos a otros ante la más mínima necesidad, ayudan a construir las chabolas de los recién llegados y entre todos procuran organizar la educación de sus hijos o el acceso a medicinas entre otras cosas. Además la violencia es inexistente, cualquiera que rompa las normas de un slum será expulsado inmediatamente.


Suresh me aseguró que si me daba una vuelta por cualquier slum no iba a sufrir ningún peligro, la gente me recibiría con los brazos abiertos y se mostrarían orgullosos de enseñarme su forma de vida. Pero en vez de visitar slums aproveché para occidentalizarme un poco. Llevaba ya cuatro meses y pico sin ver una ciudad así y empleé los días en comer bien, pasear por las arboladas avenidas de Colaba con sus preciosos edificios de fachadas de estilo londinense, recorrí de arriba a abajo el Crawford Market, el paseo de la playa de Chowpatti, el de la Gateway, y hasta rompí con mis principios anti franquicias americanas entrando en un Mac Donald's para pedir un menú Big Mac y en un Starbuck's a tomar un caffe latte mientras me aprovechaba de su wifi.

Lo que me resultó algo incomodo fue la paranoia antiterrorista que se respira por toda la ciudad. Recordareis que hace algo más de un año llegó un comando islamista en un pequeño barco procedente de Pakistán. Iban armados hasta los dientes con el objetivo de cargarse a todo el que se encontraran a su paso hasta caer ellos mismos y durante todo un día sembraron el pánico en pleno centro de Bombay. Desde entonces los controles policiales se han acentuado hasta la exageración y para entrar en cualquier lugar a veces te ves sometido a pasar por un detector de metales, sufrir un riguroso cacheo o un minucioso registro de tu mochila. No tengo muchas fotos de Bombay, prefería salir a la calle con las manos vacías para evitar ese tipo de situaciones tan engorrosas.

Otra pega es que la vida en Bombay es mucho más cara que en cualquier otro lugar del país y a la hora de buscar un hotel merece la pena gastarte algo más de lo normal ya que los hoteles baratos suelen ser antros de mala muerte llenos de chinches, me tocó sufrirlos la primera noche y nada más amanecer me cambié de hotel a toda leche, fuí a uno que tenía hasta bañera, era la primera bañera que veía desde que comencé mi viaje y no dudé en llenarla de espuma y meterme dentro hasta que salí arrugado.

miércoles, 21 de abril de 2010

¿TORTILLA DE PATATOS?


En su afán por agradar los maltrechos estómagos de algunos viajeros occidentales, muchos restaurantes indios intentan atraernos añadiendo a su extenso menú toda la gama posible de cocina internacional, y además abarcando en un mismo local todos los frentes a la vez, cocina italiana, china, española, mejicana, israelita..., uhmmmm, un poco mosqueante, ¿no?. Efectivamente, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Pongamos como ejemplo la cocina italiana. Los términos bolognesa o carbonara no se rigen por sus ingredientes, sino por el color, cualquier salsa roja será bolognesa y cualquier salsa blanca será carbonara. Así pues, ésta última nunca llevará nata o bacon, sino una besamel grumosa que puede servir para levantar tabiques o una especie de queso derretido que venden en latas y una vez frío no hay dios que lo despegue del plato, o del tenedor, o de donde se haya quedado. Hay una leyenda que habla de un turista que lleva años enredado en una masa de queso en un restaurante. No le han podido sacar ni con espátula.

Y lo de la "spanish omelette" también suele tener su miga. No la he probado aunque la verdad no tiene mala pinta, por lo menos lleva huevos y "patatos". Primero rehogan unas papas con algo de pimiento y cebolla, y seguidamente envuelven todo con una tortilla francesa a modo de crepe, al menos resulta original. El cartel de la foto lo encontré en el bazar de Hampi, pero no me atreví a entrar.

En cuanto a la gastronomía india, más que hablar de si es buena o mala, o más picante o menos picante, yo diría que es difícil, y su dificultad está sobre todo en su extensa variedad, aparte de ser tan diferente a nuestra dieta habitual. Yo ya le he ido cogiendo el truquillo y cada vez me va gustando más, pero es que ya llevo más de cuatro meses en el país. Recuerdo los primeros días, cuando no me enteraba de nada y sólo entrar en un restaurante ya era un esfuerzo.

Aunque los extensos menús de muchos sitios estén traducidos al inglés, los condimentos siguen escritos en hindi y hasta que no sabes lo que quiere decir mirchi, dhal, ghee, jeera, masala, paneer, alu, pulau, raita, puri, pakora, y un montón de cosas más no te queda otro remedio que pedir al azar, con el riesgo que eso conlleva. Y mirar a tu alrededor no te vale de mucho, porque aparte de cantidades industriales de arroz en sus diferentes versiones sólo se ven platos con salsas de todos los colores y con algo flotando dentro.

Al principio fue difícil, perdí unos kilos, pero una vez que el estómago se acostumbró y fui conociendo y descubriendo poco a poco algunos platos de sabores exquisitos y diferentes variedades desapareció ese temor inicial a aquella comida tan extraña para mí. También he descubierto su buenísima repostería y sus jugosos helados. Y cuando llegué al trópico y a la costa fue como llegar al cielo, pescado y marisco a diario y toneladas de fruta fresca. Incluso en Goa, al ser cristianos, tienen una carne de ternera excelente.

jueves, 15 de abril de 2010

UDAIPUR


Cuando bajé del tren al llegar a Udaipur tenía encima una sensación extraña, no era cansancio, sólo habían sido cinco horas de viaje desde Ajmer, y además en el Shatabdi Express, que tiene una clase, la Chair Car, con asientos reclinables y aire acondicionado. Pero fueron cinco horas algo incómodas. En Ajmer se sentaron detrás de mí un hombre y una mujer. A juzgar por todo el oro que llevaban encima (en India el oro es símbolo de status social y poder adquisitivo) debían ser brahmines, de la casta superior. Además cualquier otro indio no se podría permitir viajar en Chair Car.

Nada más sentarse la mujer eructó sonoramente. Al principio me sorprendí, pero bueno, en la India así como en los países árabes no es de mala educación eructar, sobre todo al final de una buena comida. El problema es que pasado un minuto volvió a eructar otra vez, y otra, y otra más, y así hasta llegar a Udaipur. Sin duda esa mujer tenía un grave problema de gases, sus eructos tenían algo de quejido lastimoso. Los indios comen tanto picante a lo largo de su vida que cuando llegan a una cierta edad muchos tienen el estómago reventado.


Era imposible abstraerse de aquella serenata, estabas pensando "en cualquier momento viene un...", y de repente "buuurrppp". En fin, calculando que la buena señora eructaba cada minuto, sesenta veces a la hora, cuando llegamos a nuestro destino me habría echado en todo el cogote unos trescientos eructos.

Fuera de la estación había un canadiense algo desorientado y como iba al mismo hotel que yo decidimos compartir un rickshaw. De camino me sugirió que si me parecía bien también podríamos compartir habitación, así ahorraríamos unas rupias. Me negué educadamente, le conté que en mi viaje me podía permitir alguna licencia y entre ellas estaba la de disponer de una habitación para mí sólo con baño privado, siempre que fuera posible, claro. Además, cuando me planteó la cuestión le hice un rápido examen visual y deduje que debido a su corpulencia era más que posible que roncara como un búfalo, así que nada, me tragué cinco horas de eructos pero no estaba dispuesto a pasar la noche sufriendo los ronquidos de un canadiense francófono.


El hotel que me habían recomendado merecía realmente la pena. Un viejo haveli, muy barato, limpio, sencillo y sin otro lujo que su preciosa arquitectura arabesca, con sus patios, azoteas, galerías y pasillos llenos de columnas y ventanas. El Lalghat Guesthouse está situado junto al lago Pichola, el pulmón de Udaipur, y justo encima de un ghat, las escalinatas donde los indios lavan sus ropas, sus cuerpos y hacen sus ceremonias de purificación, con lo que podías pasar horas en una de sus azoteas respirando el ambiente y contemplando la típica postal de Udaipur: el lago, los diversos palacios y las suaves colinas que rodean la ciudad.

A pesar de ser otra ciudad grande me llevé muy buena impresión de Udaipur. Me pareció mucho más habitable que otras y era evidente que el aire parece más respirable y no hay tanta contaminación. La parte vieja se sitúa al este del lago, un conglomerado de casas blancas, callejones y más cuestas que Portugalete, y es donde se concentran los lugares de mayor interés. El más llamativo es el fuerte de Meherangarth, con su extravagante palacio que tiene las paredes de muchas de sus estancias revestidas de piedras preciosas. Allí vivía el maharajah Singh, otro más que mantuvo a raya a los mogholes y es adorado por su valor por todos los habitantes de la región.


Cerca del palacio hay un templo dedicado a Vishnu muy interesante, con un ir y venir de fieles a lo largo de todo el día. Y en el centro del lago también hay un par de palacios, aunque el más bonito lo han reconvertido en un hotel de mil estrellas. Al oeste del lago Pichola hay otro barrio al que se accede mediante un par de puentes, esta zona también es un remanso de paz, sigue estando en el centro de la ciudad pero el ritmo de vida es el de cualquier pueblito adormecido, los vejetes sentados fuera de sus casas, los niños jugando en la calle sin ningún peligro, las mujeres lavando y un mayor tráfico de animales que de vehículos.

Y con Udaipur me despedí del Rajasthan. De allí tomé un avión a la gigantesca Mumbai, la antigua Bombay, la ciudad que mueve los hilos de todo el subcontinente indio. Pero esa es otra historia de la que hablaré en el siguiente capítulo. Hoy dejo Gokarna después de tres semanas de absoluta tranquilidad, me ha costado ponerme en marcha pero sigo mi camino y mañana llegaré al estado de Kerala donde pasaré las últimas semanas de mi estancia en este fascinante país.

martes, 6 de abril de 2010

NO CHANGE?


Una de las muchas particularidades de los indios es la manera que tienen de devolverte el cambio a la hora de pagar cualquier cosa. Por poner un ejemplo, tomar una coca cola en un garito de cualquier pueblo indio puede costar unas quince rupias (0,25€), pero como no tengas suelto y le des al camarero un simple billete de cien rupias se le cambiará la cara y dirá: -"Oh, no change?"-. Y entonces comienza la búsqueda desesperada de billetes de diez rupias, ya puedes sentarte otra vez y armarte de paciencia.

Seguro que tienen cambio, pero la cuestión es dónde lo tienen. Las máquinas registradoras son practicamente inexistentes en la India y suelen guardar el dinero en un cajón que suele estar en una especie de mostrador en el que normalmente hay un caos monumental. En la mayoría de los sitios el camarero actuará de la siguiente forma:

Primero se pegará un buen rato buscando la llave del famoso cajón, luego lo abrirá y saldrá a relucir el típico cajón en el que vas echando durante años mil mierdas que no sirven para nada. Allí empezará a revolver e irá apareciendo poco a poco algún billete pequeño. Después abrirá una cajita que suele estar siempre dentro del cajón y de allí saldrán otro par de billetes.

Después de cerrar caja y cajón con llave guardará ésta en algún sitio que le costará recordar. Seguidamente se mirará en los bolsillos, en todos ellos, con suerte también tendrá algun billete arrugado. Y finalmente pegará un par de gritos y los demás camareros que se estaban haciendo los suecos esperando lo inevitable tendrán que rebuscar también en sus bolsillos hasta completar el total.

Diez minutos después te devolverán tu cambio, -"Your change, baba, thank you very much"-. Estas son las típicas cosillas que al principio de una estancia en India te pueden llegar a exasperar, pero cuando llevas una buena temporada y vas conociéndoles un poco hasta acabas disfrutando de momentos así. He de confesar que cuando les doy un billete "grande" me encanta volver a ver la misma película repetida una y ota vez.

lunes, 5 de abril de 2010

JODHPUR, "THE BLUE CITY"


Una de las pricipales urbes del Rajastan y otra más a la que se asocia con un color, a Jodhpur se le llama la ciudad azul por el color añil con el que pintan las casas del laberíntico casco viejo. Recuerda un poco a Chaouen y otros pueblitos del Rif marroquí. Jodhpur también sufrió durante siglos sus épocas de guerras y asedios, fundamentalmente entre los rajas del reinado Marwar y los musulmanes mogholes que dominaban parte de la India. Después siguió habiendo rencillas y se puede decir que no hubo una paz estable hasta la independencia del país.

Lo más característico de Jodhpur y visible desde cualquier punto de la ciudad es el imponente fuerte de Meherangarh, aunque a diferencia del de Jaisalmer no está habitado y caminando por su interior sólo te cruzas con otros turistas. Además lo cierran a las cinco de la tarde cuando más bonita es la luz y las vistas desde lo alto de las murallas.


Por lo demás Jodhpur es un sitio al que casi todo el mundo viene de paso, yendo y viniendo de otros lugares del Rajastan, y aparte del fuerte y los bazares del casco antiguo no deja de ser otra ciudad grande y caótica, poblada por un millón y pico de almas y con todos los males que tienen todas las grandes urbes indias.

Lo peor como siempre es la contaminación, el tráfico, la suciedad, etc., el barullo de gente ya no me agobia en absoluto y me encanta perderme entre personas, vacas, templos, mezquitas y demás. Y los zocos de Jodhpur se prestan a eso, se ven oficios casi extinguidos en nuestra sociedad, los herreros, los carboneros, los afiladores, los limpia orejas... Y Jodhpur es famosa por sus especias, sus dulces y sus preciosas marionetas que imitan a las gitanas rajastanís.


La ciudad se encuentra también enclavada en el desierto del Thar y en sus alrededores se pueden visitar pequeñas aldeas levantadas bajo alguna garganta que de sombra unas horas al día o al lado de un oasis donde sorprende la fertilidad de sus campos en un entorno tan seco y hostil. Yo no me entretuve mucho, ya había tenido en Jaisalmer mi buena dosis de desierto y estaba como otros muchos de paso por Jodhpur, sólo me quedé un par de noches antes de volver a Pushkar.

Yo creo que a Jodhpur le daría una nota media, ni tan mágica como Jaisalmer ni tan agobiante como Jaipur, aunque todavía me quedaba conocer Udaipur, la ciudad del lago, de los palacios, la más romántica del Rajastan. Ya hablaré dentro de unos días de Udaipur.


La anécdota más relevante que tuve en Jodhpur fué de tipo gastronómico. En un puesto callejero pedí algo pensando que era una samosa, una especie de empanadilla que suele estar rellena de verduras, pero me equivoqué, me dieron un "mirchi bada", que consiste en un chilli entero rebozado con harina y patata. Me dí cuenta cuando me llevé medio chilli de un mordisco.

Al instante se abrieron todos los poros de mi cuerpo y empecé a sudar como un loco, en mi esófago parecía que se estaba haciendo un agujero, me quemaba todo, la boca, los labios, de los ojos me salían lágrimas de una manera incontrolable, no podía ni respirar, ese hilillo de aire que sale y entra por nuestras fosas nasales era puro fuego.

La situación era grotesca. Yo sentado en una caja de coca-cola y el pobre hombre abanicándome con un trozo de cartón, y treinta personas alrededor quitándome el aire, claro, sin saber que narices le pasaba al occidental. Yo sólo podía decir "chapati, chapati", pidiendo un poco del típico pan indio, y finalmente una mujer me trajo un delicioso y fresco lassi, una especie de batido hecho con yogur y frutas que siempre entra de fábula. Poco a poco fuí recuperando mi propio ser pero las palabras "mirchi bada" siempre estarán en mi escueto vocabulario de hindi.

sábado, 20 de marzo de 2010

ALGUNOS DIOSES HINDUES: HANUMAN


Hanuman es el dios mono, conocido sobre todo por la gran ayuda que prestó al dios Rama en su lucha contra Ravana, el dios demonio de Sri Lanka. Aparte de las habilidades propias de cualquier mono Hanuman tiene la capacidad de volar, y ésto unido a su valor y fortaleza ha hecho que sea uno de los dioses preferidos de los indios, uno del top ten, por todo el país abundan cantidad de templos dedicados a él y sobra decir que los monos también son animales sagrados por estos lares.

Yo también le he cogido un cariño especial al monito, y es que durante estos meses he desarollado una teoría según la cual Hanuman podría tener origen vasco, concretamente de Bilbao.

Resulta que durante la guerra contra Ravana cayó herido de gravedad Laxman, el hermano de Rama. Sólo existía una hierba que podía evitar la muerte del herido, pero ésta unicamente crecía en las cumbres del Himalaya y cuando los allí reunidos se encontraban consternados ante tamaña y dificultosa empresa, Hanuman dijo como si nada: -"¡Y qué problema hay, voy volando pues!"-

Despegó a toda velocidad y llegó a la cordillera del Himalaya en un santiamén, pero cuando se encontró ante aquella inmensidad fué incapaz de distinguir entre tantas la hierba precisa que curaría a Laxman. No podía volver con las manos vacías, y pensó: -"¡Qué cojones!, pues le bajo el monte entero y ya está, ¡ahí va la hostia!"-. Y dicho y hecho, Hanuman arrancó de cuajo una montaña y voló con ella de vuelta sujetándola en una mano. Por suerte llegó a tiempo, los doctores enseguida encontraron esa extraña hierba que serviría de antídoto y Laxman sobrevivió.


Como podéis ver sólo un bilbaíno podría haber tomado una resolución así, a la tremenda, y no es broma, en muchas imágenes de Hanuman se ve un trozo de Himalaya en su mano. Muchos me tacharán de loco, pero yo sospecho que Hanuman es un mono de Bilbao que un buen día vino volando hasta la India a tomar unos vinos y como otros muchos se quedó enganchado del país. Quizás hasta los harrijasotzailes, los levantadores de piedras, se inspiraban en Hanuman desde tiempos remotos cuando se echaban al hombro la cilíndrica de doscientos kilos, o quizás va a resultar que los vascos venimos de la India (como me oiga Arzallus...). En fin, que ya véis que mi teoría puede dar mucho juego.

A veces cuando veo algún mono por ahí pienso que puede ser Hanuman, y le llamo: -"Eh monito, Hanumantxu, toma, ven..."-. Si se acerca le suelo susurrar alguna palabra en clave para comprobar mi teoría: -"Chsst, Hanuman...Athletic...Guggenheim...Bacalao a la vizcaína..."-, pero nada, nunca reaccionan.

Si un día encontrara al verdadero Hanuman, me lo llevaría de vuelta a Bilbao. En la India es un mono adorado, querido y venerado por cientos de millones de personas, así que quién sabe, viendo el nivel que tienen nuestros políticos me atrevo a asegurar que Hanuman sería un gran Lendakari.

viernes, 19 de marzo de 2010

JAISALMER, "THE GOLDEN CITY"


Para llegar a Jaisalmer desde Pushkar utilicé un medio de transporte inédito para mí, aunque ya los había visto por aquí y por otros lugares de Asia. Se trata del "Super Luxury Sleeper Bus Coach" y a pesar de que suene tan bien y de que te garanticen que es un autobús nocturno donde vas a poder dormir a pierna suelta durante todo el trayecto no creo que vuelva a repetir. Se trata de un bus con literas, bueno, nichos diría yo, donde vas encajonado sin poder moverte, pegado al techo, y sin ningún sistema de seguridad, al menos ya estás metido en un féretro en caso de acidente.

Atravesamos de noche el desierto y como las ventanas no cerraban bien entraba un frío horroroso, en ese momento entendí porque los rajastanís siempre llevan una manta a cuestas. Y cuando conseguías conciliar el sueño, el chofer tocaba su serenata por el claxon, ya sabéis, como esos horteras por cuyas bocinas salen canciones tipo "La Cucaracha" pero mucho más exagerado, al estilo indio. Cuando llegamos a nuestro destino le pregunté sarcásticamente al conductor si lo de la bocina era simplemente para joder al personal ya que no se veía mucho tráfico por aquella carretera, pero me contestó todo serio que era por los camellos, de noche cantidad de camellos andan cruzando constantemente de un lado a otro. No seguí la conversación porque me estaba meando, no aguantaba más, tenía esa terrible sensación desde hacía dos horas que se acrecentaba minuto a minuto con cada bache y su correspondiente bote.

Bajé de la guagua, me quite de encima a todos los buitres que ofrecían alojamiento y me puse a mear en la primera pared que ví.... ahhhhhhh, qué alivio, una de las ventajas de que por aquí sean algo guarros es que puedes orinar en mitad de la calle y nadie se va a asustar o te va a llamar la atención. Bueno, ya había llegado a Jaisalmer, la ciudad dorada, la joya del Rajastán en mi opinión. Desde allí abajo se veía inmensa su preciosa muralla, me puse la mochila a la espalda y me dirigí caminando al interior del fuerte.


Jaisalmer es una pequeña ciudad cuya parte antigua se alza en una colina en mitad del desierto del Thar rodeada de una magnífica muralla que adquiere unos preciosos tonos dorados durante el amanecer y la puesta de sol, de ahí el sobrenombre de "La Ciudad Dorada". Se encuentra al oeste del estado de Rajastán, muy cerquita de la frontera de Pakistán, y durante muchos siglos fué un enclave importantísimo dentro de las rutas de caravanas asiáticas, por aquí pasaba toda la seda, las especias o el opio que iba camino de Asia Central y Europa.

Cuando las mercancías se empezaron a mover por vía marítima surgió Bombay dejando a Jaisalmer en el olvido hasta no hace demasiados años, cuando los turistas empezaron a llegar hasta aquí atraídos por el desierto y una forma de vida bastante similar a la que llevaban hace siglos. Pronto empezaron a establecerse hoteles, agencias de safaris en camello o tiendas de artesanía rajastaní o cachmir.

Y como casi toda la India, en Jaisalmer también se vivieron duros años de guerras y asedios, ya sea disputas entre rajás y maharajás, con los mandamases de Delhi o con intentos de invasión de la ciudad por parte de mongoles, musulmanes y demás. En una ocasión el fuerte sufrió un asedio de siete años seguidos sin que los invasores pudieran tomarlo, los hombres luchaban hasta la extenuación y las mujeres arrojaban agua o aceite hirviendo desde lo alto de la muralla y a veces se inmolaban lanzándose como posesas contra el enemigo. Finalmente, se estableció una alianza a través de un matrimonio rajastaní-moghol, hoy en día el islamismo está muy establecido en Jaisalmer como se puede comprobar en su arquitectura y en la profusión de mezquitas.


Debajo de las murallas se encuentra el bazar, o la parte nueva de la ciudad, pero lejos del agobio de otros bazares indios por el de Jaisalmer se puede pasear tranquilamente, yendo de una callejuela a otra o paseando por mercados callejeros donde venden sus mercancías gente venida de las pequeñas aldeas del desierto. Es raro ver extranjeros fuera del fuerte y la gente es realmente amable, no sabes quien está más sorpendido, tú al ver lo que pasa delante de tus ojos o la gente del desierto al ver un occidental por esos andurriales.

Pero para alojarme escogí el fuerte y encontré a muy buen precio una preciosa habitación en un haveli, esos palacios musulmanes resturados y reconvertidos en hotelitos. Tenía a mi disposición un pequeño balcón justo encima de la muralla, desde donde tenía una vistas espectaculares de la ciudad nueva y el desierto, las puestas de sol desde mi habitación se convirtieron en una deliciosa rutina que se puso de moda y cada día había más candidatos que me pedían permiso para pasar a mi balcón, algunos traían unas cervezas, otros unos dulces o algo de picar. Cuando el sol se ponía sonaban desde los minaretes de las mezquitas la llamada al rezo, pero para el estómago de los infieles era nuestra llamada a la cena.

Por las noches hacía un frío que pelaba, era el mes de Enero, y donde mejor se estaba era en algún restaurante que tuviera una hoguera. Por suerte en Jaisalmer se podía tomar alcohol y comer carne y encontré dos o tres restaurantes buenísimos. Digamos que hasta ese momento mi dieta alimenticia en la India había sido bastante pobre, pero en Jaisalmer me puse las botas y recuperé parte de los kilos perdidos.


El mayor negocio en Jaisalmer y al que recurren más turistas consiste en una especie de safari en camello donde pasas una par de noches en el desierto, pero hay que tener mucho cuidado en lo que se reserva. Hablé con algunos que lo habían probado y no se mostraban muy contentos. Como suele pasar en estas cosas hay una gran diferencia entre lo que te prometen y las fotos que te enseñan y lo que realmente te ofrecen.

La mayoría había pasado unos días duros en el desierto, deseando que pasaran las horas, con un guía que apenas hablaba inglés y les quería sacar pasta por todo, con una comida malísima, a veces hasta en mal estado, jaimas, mantas y alfombras sucias y llenas de pulgas, un frío horroroso por las noches, camellos achacosos y vagos, y encima habían tenido que pagar un verdadero pastón por lo que creían que iba ser algo así como las mil y una noches.

Como ya me imaginaba ésto, yo preferí alquilar una moto durante unos días y recorrer los alrededores a mi aire, sin duda la mejor elección, me pasaba todo el día perdido por desérticas pistas, viendo pequeñas aldeas o asentamientos, sintiendo la fuerza de desierto, y por la noche volvía a dormir al calorcito de mi haveli. Sólo un día pase la noche fuera, en Kuri, un sitio lleno de dunas donde las caravanas de turistas acudían a ver la puesta de sol en el desierto, y me equivoqué, esa pequeña aldea había sido ya tan maleada por el turismo de masas que con cada lugareño que me cruzaba su único tema de conversación era pedirme diez rupias.


Lo único que no me gustó de Jaisalmer es que al estar tan cerca de Pakistán, el eterno enemigo de la India, la presencia militar es bastante visible. Por el bazar se ven muchos soldados comprando sus cosas, así como bastantes controles de carretera, auqnque cuando iba en moto no tuve problemas, sólo me pararon para indicarme que no fuera demasiado hacia el oeste. Lo peor es la base aerea cercana, durante todo el día los cazas indios rompen con gran estruendo la barrera del sonido y eso estropea un poco la magia del lugar.

Otro problema grave es que el fuerte se esta desmoronando debido a las filtraciones del agua entre sus paredes. Hoy en día viven unas dos mil personas dentro, la mayoría son brahmines, la casta superior, los que tienen comercios, restaurantes u hoteles. Viven en preciosos havelis con ventanas y puertas llenas de filigranas y aunque el gobierno está pensando el desalojar el fuerte y que sus habitantes vayan a vivir a la parte nueva, la del bazar, los brahmines no están dispuestos a abandonarlo.

miércoles, 24 de febrero de 2010

PUKKA, UNA PERLA EN EL DESIERTO


Pukka es una niña de unos diez años que conocimos en Pushkar y podría representar perfectamente a los millones de chavales que se buscan la vida como pueden por las calles de toda la India. El año pasado Danny Boyle mostró a estos niños al mundo gracias a su buenísima película "Slumdog millionaire".

Pukka es la típica gitanilla rajastaní, descarada y vivaracha, llena de vida a pesar de su situación, habla un inglés más que correcto y puede resultar pesada a más no poder a la hora de intentar sacar unas rupias, algo de comida o algún capricho a los turistas que deambulan por el pueblo; pero siempre con gracia, educación y un encanto especial que termina por ablandarte el corazón.

Pukka también derrocha sensibilidad y se encariñó especialmente de Angela y Surya, dos viajeras encantadoras y también sensibles que no pararon de jugar con ella, darle cariño y tratarla y hablarla como lo que es, un ser humano.


Una tarde se apuntó con nosotros a hacer una excursión, ibamos a una colina a las afueras del pueblo, en su cima hay un templo dedicado a Savitri donde se guarda una imagen que data del siglo VII. Las vistas desde arriba son impagables, sobre todo a la puesta de sol, Pushkar al este y el desierto al oeste.

Pukka llegó hasta arriba a pesar de que los últimos escalones eran tan altos que los tenía que subir casi a gatas. También se pegó un susto de muerte cuando un mono saltó de una rama y le arrebató una bolsa con bolitas de anís que pensaba depositar de ofrenda en el templo. Por cierto, la India está repleta de monos y están hechos unos auténticos cabrones, pueden mearte desde un cable, quitarte algo de las manos o entrar en tu habitación y robarte algo. Y ni si te ocurra sonreírles, pueden pensar que les estás sacando los dientes y atacarte.

Pukka disfrutó más que nosotros del paseo, dejó aparcada por unas horas su faceta de mendigo y salió a relucir la niña que lleva dentro, con sus risas, sus saltos, sus carreras, sus canciones y además participaba de todas las conversaciones y mostraba curiosidad por todo lo que decíamos. Cuando llegamos al pueblo ya de noche se le notaba cansada y las chicas le invitaron a un sandwich de falafel, dijo thank you con su particular encanto y se despidió de nosotros correteando entre la gente con una amiguita.


Son tantos los niños que hay en esta situación que normalmente procuro ignorarlos aunque pueda parecer algo duro, es tanta la miseria que sabes que no puedes hacer nada, o te haces preguntas difíciles de contestar, ¿por qué a éste sí y al otro no?, y si no das ¿está mal?, y si das ¿no contribuyes a que sigan pidiendo?. Otras veces te preguntas qué hay detrás de todo eso, ¿mafias, explotadores?. Por ejemplo, en el caso de Pukka ésta decía que no tenía padres, pero ¿no serían ellos mismos quienes la mandaban a pedir a la calle?

De todas formas, no está mal que cosas como éstas nos remuevan un poco la conciencia, al fin y al cabo es la realidad para miles de millones de habitantes de este planeta. Y a veces te encuentras con alguien como Pukka y te encandila. Angela y Surya se marcharon de Pushkar y yo me quedé unos días más, así que cuando Pukka me veía por la calle venía volando a pedirme algo o intentar venderme una pulsera. Como ya se había establecido una relación especial anteriormente no pude resistirme y le compré comida un par de veces.

sábado, 20 de febrero de 2010

PUSHKAR


Cuenta la leyenda que el dios Brahma, el creador, el primero entre las numerosas divinidades hinduístas, dejó caer una flor de loto de su mano en una zona desértica y nació un hermoso lago, y un no menos hermoso pueblo creció en torno a ese lago, Pushkar, una de las maravillas que hay que visitar si se recorre el Rajastán, un pequeño pueblo de unos quince mil habitantes que no ha cambiado mucho con el paso de los años. Y a lo largo de su historia han sido varios los factores que se han unido haciendo de Pushkar un lugar muy especial.

Se puede hablar primero de su antiguedad, nadie sabe a ciencia cierta cuando se fundó, pero ya aparecía el nombre de Pushkar en el Ramayana y en el Mahabarata, aquellos libros que no suenan de la etapa escolar y ya era todo un reto aprenderse los títulos. En otros textos aparece como lugar de paso en la ruta de las caravanas desde China y el Tibet hacia el Asia Central, hoy en día todavía se sigue celebrando en Pushkar el mercado de camellos más grande del mundo. Lo cierto es que ningún historiador se ha atrevido a dar una fecha aproximada acerca de sus orígenes.


Luego está su religiosidad, al haber sido creado por Brahma se ha convertido en uno de los principales lugares de peregrinación del país, otro lugar santo donde la dieta es estríctamente vegetariana y está prohíbido el alcohol. Cantidad de carteles repartidos por las calles nos recuerdan a los paganos occidentales que debemos comportarnos con decoro y respeto mientras estemos en Pushkar. Se supone que las aguas de su lago purifican el espíritu de los fieles, pero desgraciadamente no lo he podido comprobar ya que sacaron el agua el año pasado para limpiar el fondo y como no ha llovido nada sigue hecho un secarral, sólo quedan unas pozas en los principales ghats donde se consuelan y lavan lugareños y peregrinos. Y pese a que Brahma es el dios creador apenas existen en todo el país un par de templos dedicados a él, y el principal está en Pushkar, de ahí que desfilen diariamente por sus calles miles de visitsntes venidos de toda la India, desde peregrinos o sadhus hasta familias enteras o grupos organizados.


Pushkar fué también lugar de paso en la ruta que hacían los viajeros occidentales por Asia en los años setenta. Aquellos hippies partían desde Europa en trenes, buses o viejas furgonetas en busca de un nuevo estilo de vida y de lugares míticos como Kabul, Kathmandu o Goa. Hoy en día todavía quedan reminiscencias de aquellos tiempos y aún se ven bastantes hippies entrados en años que parecen sacados de Woodstock y suelen pasar en Pushkar largas temporadas, aunque la verdad que les van superando los pijo-hippies de nuevo cuño y esotéricos varios excesivamente iluminados.

También se ven a diario personas llegadas de las aldeas del desierto, unos a intentar vender algo y otros a comprar productos que escasean en sus comarcas. Es curioso ver como deambulan entre peregrinos y occidentales y a veces dan la sensación de estar más sorprendidos que nosotros mismos ante tanta mezcla de culturas. Alguno se da un aire al Farruquito, y es que dicen que los gitanos vienen del Rajastán, debe ser verdad, además conducen como él.


Y a Pushkar también va mucho occidental de negocios, una mezcla de viaje entre trabajo y placer. Es un buen sitio para los que quieren comprar algo de ropa, artesanía, plata, especias, etc., con el fin de venderlo luego en casa. Aquí los comerciantes tienen fama de ser gente seria y reponsable tanto en la preparación de la mercancía como en el envío a Occidente. Pasé unos días estupendos con Vicen y Bea, unos amiguetes que venían a eso, y también me encontré con Loli, otra chica de Lanzarote.

Así que a pesar de que el lago esté sin agua, de que no se pueda comer carne ni huevos, de que impere la ley seca y de que hacía un frío de cojones cuando pasé por allí, Pushkar es uno de esos sitios que te va atrapando sin darte cuenta hasta que un día dices: -"Coño, casi que me voy a ir poniendo en marcha otra vez"-. El ambientillo que da toda esa mezcla de gente, el hecho de que no puedan conducir coches por el centro del pueblo, la gran cantidad de templos, su arquitectura, su tranquilidad, lo barato que es... todas esas cosas han hecho de ese lugar uno de mis preferidos en la India.

domingo, 14 de febrero de 2010

JAIPUR, "THE PINK CITY"


Jaipur fué mi primer contacto con el Rajastán, pero al ser la capital del estado me encontré con otra caótica ciudad de unos tres millones de habitantes donde los inconvenientes urbanísticos superan con creces a los lugares de interés, así que sólo pasé dos noches allí y seguí camino hacia Pushkar. Como todas las grandes ciudades de la India tiene una parte moderna bastante desangelada y una parte antigua donde tras sólo una hora de paseo buscas desesperadamente un sitio tranquilo donde poder tomar un té después de tanto ajetreo, porquería, polución, etc. Además, todavía me duraba la resaca de la nochevieja en Agra.

Debido a ésto último opté por alojarme en un hotel más costoso de lo habitual, de vez en cuando viene bien tirarse un largo y gastar un poco más por un sitio donde poder descansar de verdad, aprovechar el room service, ver alguna película o el fútbol inglés y arrasar con todos los champús, jabones y chorraditas varias que tienen en el baño. El hotel "Pearl Palace" está sitúado en una zona residencial alejada del centro y por la noche puedes dormir a pierna suelta sin que te despierten los cláxones de los vehículos o los gritos del exterior o del personal del propio hotel, algo difícil de encontrar en este país. Eso sí, pagué ochocientas rupias la noche, unos doce euros, normalmente nunca pago más de trescientas o cuatrocientas.


Y nada más entrar en Rajastán me dí cuenta de las muchas diferencias que hay entre los distintos estados del país. La India es tan grande que parece muchos países en uno. Y al ser una república federal, cada estado tiene su propio gobierno y se administra por sí mismo, hasta las leyes son diferentes, por no hablar del idioma, religión, cultura y tradiciones. Y hasta la fisonomía; en Jaipur ví por primera vez a la gente del desierto y me quedé pasmado con la belleza de las rajastanís, en mi vida había visto tantas mujeres guapas por metro cuadrado. Hasta ahora, las caboverdianas ocuparon durante bastantes años mi lista personal de bellezones, pero lo siento chicas, os superan las rajastanís.

También descubrí que todos los lugares importantes del Rajastán están asociados a un color, de ahí el título de este post, y Jaipur es conocida como la ciudad rosa debido al estuco rosado empleado en las fachadas de los edificios de la parte antigua. Aunque con todo el follón que hay en las callejuelas es más aconsejable mirar por donde pisas que andar mirando a las alturas.


En el barrio antiguo predominan las construcciones de tipo arabesco que datan de los tiempos del imperio moghol y la más conocida es el Hawa Mahal, también conocido como el Palacio de los Vientos, cuyas formas recuerdan a las de los típicos órganos gigantes que hay en muchas iglesias católicas. También merece una visita el Palacio de la ciudad, donde vive el maharajá de la región, aunque dicen que pasa en Londres la mayor parte del año.

Del Palacio de los Vientos no queda más que su preciosa fachada y servía de harén para las numerosas mujeres de los rajás. Cuenta con casi mil ventanas con vidrieras desde las que las mujeres que allí vivían podían observar las escenas de la vida cotidiana de la ciudad sin ser vistas. Hoy en día se ha convertido en el símbolo más popular de Jaipur.


Y la última foto de este post se la dedico a mi madre, quien parece que se ha escandalizado bastante por las "greñas" que muestro en una foto publicada hace unos días. Amatxu, ¿tu te sentarías tranquilamente en mitad de la calle a que te corte el pelo uno de esos "Llongueras"?. Yo ni harto de vino, je, je.

Las dos últimas semanas las he pasado en una playa de Goa, en Arambol, un paraíso y el lugar perfecto para descansar de tanta tralla. Pero el cuerpo me está pidiendo otra vez movimiento y creo que en un par de días seguiré rumbo sur. Esta vez continuaré mi nomadeo a pié, caminando costa abajo durante unos días. Besos para todos.

domingo, 7 de febrero de 2010

AGRA


Hablar de Agra es hablar del Taj Mahal, de no ser por el majestuoso mausoleo esta ciudad de un millón y medio de habitantes situada en el estado de Uttar Pradesh sería una más de entre las muchas poblaciones indias contaminadas, caóticas e imposibles para el peatón. Pero durante los siglos dieciseis y diecisiete Agra fué la capital del imperio moghol y hoy en día sigue viviendo de su pasado esplendor.

Quién no ha visto la imagen de arriba miles de veces en revistas o reportajes de televisión, hay que andar a codazos con el resto de visitantes para coger un buen plano, aunque a mí me gusta más la foto de abajo, queda bien esa perspectiva con la neblina de primera hora de la mañana.


La verdad es que cuando entré en el país no figuraba entre mis planes una visita al Taj Mahal como algo imprescindible, pero como venía de paso para ir al Rajastan y otros viajeros me habían comentado que realmente merecía la pena, decidí pasar un par de días en Agra y conocer una de las siete maravillas del mundo.

Pensaba que el palacio estaría en algún sitio fuera de la ciudad, apenas me había informado anteriormente, pero me sorprendió gratamente que se encontrara en pleno centro. Está situado entre el río Yamuna y el Taj Gang, el barrio antiguo de Agra de mayoría musulmana, un hervidero de gente y callejuelas y sin duda la zona más animada de toda la ciudad. Además, este barrio cuenta con cantidad de hotelitos baratos cuyas azoteas han sido transformadas en restaurantes que tienen una vista privilegiada del Taj Mahal.


Y la historia del Taj Mahal es una historia de amor, algo cursi pero al fin y al cabo todas las historias de amor son bonitas aunque no tengan un final feliz. Ordenó su construcción el emperador Shah Jahan, quien debió ser el menos belicoso y más enrollado de los emperadores mogholes, afligido por la muerte de su esposa, Mumtaz Mahal, quien no pudo soportar el parto de su decimocuarta hija, no me extraña, ¡pobre mujer!.

Mumtaz Mahal era la única esposa del emperador, algo raro entre esa gente, y éste se encontraba perdidamente enamorado de ella desde el momento que la conoció, extraño también para la época. No pudo soportar su pérdida y fué entonces cuando mandó construir el mausoleo, el lugar más maravilloso donde pudiera descansar su querida eternamente. Veinte mil obreros se encargaron de ello durante más de veinte años, se llamó a los mejores arquitectos, se hizo un complejo totalmente simétrico, se trajo el mejor mármol blanco de Rajastan y piedras preciosas de todo el planeta para decorar los motivos florales grabados sobre sus paredes...


Cuando la obra estuvo finalizada, Shah Jahan ordenó cegar y cortar las manos de los arquitectos que habían trabajado en el proyecto. Esto se hacía mucho en siglos pasados, está claro que había que tener mucha vocación para dedicarse a la arquitectura, sólo podrían aspirar a un único proyecto. Pero parece que el emperador no se quedó satisfecho del todo y quisó levantar al otro lado del río un palacio similar de mármol negro.

Esto colmó la paciencia de algunos familiares y aspirantes al trono, y como Shah Jahan ya había recibido críticas por el excesivo dispendio económico en la construcción del primer mausoleo, su hijo Aurangbed, quien debía ser bastante cabroncete, le desposeyó del trono y le encerró hasta su muerte en el fuerte de Agra. Dice la leyenda que Shah Jahan pasó el resto de sus días asomado a una torre del fuerte mirando hacia la tumba de su amada. Cuando murió, Aurangbed le puso dentro del mausoleo al lado de su esposa, rompiendo la simetría del mismo.


Para entrar en el Taj Mahal hay que pagar setecientas cincuenta rupias, un auténtico pastón en India, lo que te puedes gastar un día entero entre hotel, desayuno, comida, cena y unos cuantos caprichos. Los indios pagan mucho menos pero siempre que pido una entrada de indio diciendo que soy de Kerala no cuela, ¿por qué será?. Sin embargo, si se anda por esa zona creo que es una visita obligada, impresiona muchísimo verlo en vivo, es enorme y te puedes pasar horas paseando por sus jardines o simplemente observando ese mármol blanco que parece nuevo y la cantidad de diferentes detalles y relieves que tiene. Eso sí, que nadie piense que va a disfrutar de las vistas en tranquilidad, miles y miles de personas pasan a diario por taquilla.

Y de Agra me despedí partiendo el año. Ya dije en otro post que estábamos celebrando allí la nochevieja y la fiesta estuvo muy bien. Gracias a la pirotecnia de Fatir nuestro guesthouse se convirtió en el más animado de los de la zona y casi todo el mundo se apuntó a nuestro improvisado cotillón. Al día siguiente seguí viaje a Jaipur bastante perjudicado, resacón importante y música india a todo trapo en el bus... oh, my god!

lunes, 1 de febrero de 2010

ORCHHA


Orchha es un relajado pueblo de unos diez mil habitantes situado al norte del estado de Madhya Pradesh y me habían hablado tan bien de este lugar que quise descubrirlo por mí mismo de camino a Agra. En la Edad Media fué la capital de la dinastía Bundela, cuyo rajá llamado Singh fué devorado por un tigre al intentar salvar una vaca de sus fauces, ya véis, estos indios son capaces de dar su vida con tal de salvar a las jodidas vacas sagradas.

Corrían tiempos en los que gran parte del norte de la India estaba dominada por el imperio moghol, los invasores persas y afganos de los que queda un riquísmo legado artístico, sobre todo en cuanto a arquitectura se refiere. Y como los mandatarios bundelas hindúes mantenían excelentes relaciones con los mogholes musulmanes, a pesar de su rivalidad, supieron convivir pacificamente en este pueblo construyendo un gran número de templos y palacios, tanto de estilo arabesco como hindú. De todas formas, la paz no duró eternamente, y después de varias rencillas unos y otros abandonaron Orchha buscando otras plazas y dejando el pueblo repleto de preciosas construcciones tanto civiles como religiosas.


Orchha quiere decir en hindi "lugar oculto", el nombre le viene al encontrarse rodeado de un frondoso bosque a pesar de la aridez de la zona. Nunca había visto tal cantidad de ciervos rumiando tranquilamente mientras te miran sin ningún tipo de temor o interés. Y entre el bosque y el pueblo discurre el Betwa, un río caudaloso y con fuertes corrientes que da una vida especial a Orchha mientras sus aguas bajan recorriendo un precioso entorno.

Mientras que en otros lugares del país los templos o palacios antiguos han sido aislados de cualquier tipo de construcción, lo mejor de Orchha es que el pueblo se ha ido levantando entre los mismos restos de las viejas edificaciones, y ésto las embellece aún más. En el mismo centro urbano se pueden encontrar unos cuantos templos y un par de palacios fortificados en torno al bullicio callejero y todo está integado de una manera muy natural.


Lo mejor de Orchha son sus habitantes, gente sencila y amable que se ve sorprendida viendo cada vez más occidentales visitando su pueblo. La mayoría llega en viajes organizados desde Agra y sólo pasan unas horas. Por la noche sólo quedamos los viajeros independientes, los preferidos de los lugareños, dicen que no llamamos tanto la atención, nos integramos mejor en la vida del pueblo y no nos da asco comer en sus restaurantes.

Además tienen la sana costumbre de dejarte a tu aire y no agobiarte en exceso, aparte claro de las típicas conversaciones tipo interrogatorio sobre tu vida y el hecho de querer sacarse fotos contigo constantemente. Una mañana, mientras paseaba por el río había una típica familia de domingueros indios preparando la comida y me invitaron a compartir mesa con ellos. Disfruté muchísimo, pero al final tuve que pagar la comida en forma de posar en un montón de fotos con todos y cada uno de los miembros de la numerosa familia.


También se respira un gran ambiente en sus mercados callejeros levantados en muchas ocasiones en las mismas construcciones medievales. El mercado de verduras, el de dulces (en Orchha hacen una especie de turrón como el blando de Jijona para chuparse los dedos), los puestos ambulantes de zumos, samosas o packoras, los de artesanía, etc, etc. Los mercados se suelen montar al amanecer y duran hasta bien entrada la noche.

Llegué a Orchha acompañado de Joost y Marlies, una pareja de Flandes que había conocido en Khajuraho, y nos alojamos en un guesthouse muy acogedor, muy básico pero muy limpio, asquerosamente barato y regentado por una encantadora familia que nos hizo sentirnos en nuestra propia casa. El dueño no paraba de preguntarnos si todo estaba a nuestro gusto y constantemente nos invitaba a té.


Y nada, ahora mismo estoy en Mumbai y mañana temprano cojo un tren para Goa, va a ser la leche ver la playa después de tanto tiempo. Supongo que me pegaré una buena temporada de relax por esa zona, y a ver si voy actualizando el blog poco a poco que voy bastante retrasado.