lunes, 15 de noviembre de 2010

EL DINERO EN BIRMANIA


Birmania es un lugar que funciona de una manera bastante sui generis, algo surrealista en ocasiones. Una de esas particularidades es su sistema monetario, el dinero, el vil metal, algo que hay que tener muy en cuenta antes de entrar al país por lo que no viene mal algo de información práctica.

En Birmania no existen cajeros automáticos ni se conocen los cheques de viaje, la Western Union ni nada parecido, así que no queda otro remedio que llevar la pasta en efectivo. La moneda nacional es el kyat y se puede obtener cambiando dólares o euros, pero al tener ambas divisas la misma cotización es mejor olvidarse de nuestra moneda europea y utilizar la del Tío Sam, saldremos ganando.

Los dólares que llevemos deben ser nuevos, impolutos y sin una sóla arruga, de lo contrario no los aceptarán. Y es mejor cerciorarse que no sean de la serie CB, tampoco los quieren, parece ser que ruló por el país una gran remesa de billetes falsos de esta numeración y no se fían. Curiosamente la divisa de la gran potencia es la más facil de falsificar, debe ser que gastan mucho de su presupuesto en guerras y poco en la fábrica de moneda.

Pero lo más chocante de todo es la cotización oficial del kyat respecto al dólar. En los bancos, pertenecientes todos a la junta militar, te dan seis kyats por cada dólar. En la calle te ofrecen entre mil y mil doscientos, depende de la capacidad de regateo de cada uno y la cantidad de dólares que esté dispuesto a cambiar. La diferencia es tan significativa que la opción es clara: hay que recurrir al mercado negro.

Los dólares los usaremos para pagar en los hoteles y poco más, para el resto hay que usar kyats, así que hay que evitar la tentación de cambiar dinero en el aeropuerto (sucursal oficial) y darle cinco dólares a un taxista para que nos lleve al centro de Rangoon. Después de haber dejado el equipaje en el hotel tendrá lugar el primer contacto con el pueblo birmano, hay que conseguir kyats.

Que nadie se asuste de cambiar dinero en plena calle, es una transacción comercial como otra cualquiera. Además la policía hace la vista gorda, el gobierno sabe que los turistas no somos tan tontos como para tirar nuestro dinero en los bancos oficiales, muchas veces incluso hay cantidad de cambistas en la misma puerta de estos bancos y hasta la gente local recurre a ellos.

En cuanto uno de ellos te haga una señal y te diga "Change money, sir?" no hay más que sentarse a tomar un té en unos de los numerosos chiringuitos callejeros que abarrotan aceras y calzadas. Y allí mismo, en una minúscula mesa rodeada de minúsculas sillas que parece sacado todo de un jardín de infancia, cuentas tranquilamente el fajo de billetes hasta que estés conforme y después le entregas tus dólares.

Normalmente, te dan fajos de cien mil kyats, divididos en cien billetes de mil recién salidos del horno, nuevecitos, con numeración correlativa y con el precinto del banco central de Myanmar. Parece que acabas de pegar un palo. El problema es cuando vas cambiando los billetes nuevos de mil por otros más pequeños, éstos ya están negros, rotos por todas las esquinas, pegados y repegados con cello... se te junta un mejunje en el bolsillo que no es normal.

Lo que es importante es entrar en el país con más dinero del que podamos necesitar. Quedarte sin dinero contante y sonante puede ser un quebradero de cabeza; por lo que sé hay un par de hoteles de lujo en Rangoon que aceptan tarjetas de crédito y en caso de verdadera necesidad te pueden hacer el "favor" de adelantarte efectivo, eso sí, cargándote un ¡treinta por ciento! de comisión, menuda cara.

Pero tampoco hay que obsesionarse con la economía, casi todos los que salimos de Birmania lo hacemos habiendo gastado mucho menos de lo que pensábamos. Nunca he pagado más de siete dólares para dormir, casi siempre en pequeños hoteles familiares, limpios, con desayuno monumental incluído y aire acondicionado y televisión por cable en muchos de ellos. Y si comes en sus múltiples restaurantes callejeros puedes tragar hasta decir basta por un dolar y medio, encima siempre te regalan el té, una sopa de entrante y el postre.

Como conclusión diré que muchos birmanos invierten sus pequeños ahorros en oro. No confían en los bancos, más de una vez se han encontrado sus cuentas a cero y al pedir explicaciones les han dicho "necesidades nacionales, ummmm, ya se lo devolverán...". Tampoco quieren tener el dinero en casa, una moneda tan frágil que en cualquier momento puede convertirse en papel mojado, como aquella vez que el gobierno decidió de un día para otro dejar sin valor los billetes de treinta y cinco y sesenta y cinco kyats (extrañas denominaciones). Un montón de pequeños ahorradores se quedaron en la ruina.

5 comentarios:

Paco Nadal dijo...

Una buena información. ¡¡Tu si que eres un viajero!!
Un abrazo, con envidia (sana)

Tegala dijo...

Es increible todo lo que nos cuentas ¿Cómo consigues la información? ¿Sabías todo eso antes de entrar al país? Parece que ya sabías muchas de las cosas que necesitabas para moverte por allí. ¿Te lo contarón otros viajeros? La verdad que es una información muy útil.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

buenísmo my friend!!

besos de la family, sin novedad en las cabreras,

Los apuntes del viajero dijo...

Wow! Supongo que ir a Birmania no es como ir a Bélgica, pero yo voy a Bruselas dentro de unos días y si tuviera que cambiar moneda ni se me pasaría por la cabeza hacerlo en la calle... Digo yo que para ciertos viajes más vale informarse bien previamente jejej. Gracias por la info, y a seguir narrando, que estos relatos sí que valen su peso en oro (no en kyats).
Saludos!
Pruden

OSCAR dijo...

Paco, envidia dices, ¡seras jeta!, disfruta en Kenia y sobre todo cuenta. Un abrazo.

Tegala, la verdad es que es una mezcla de todo, algo que lees, algo que te cuentan, pero lo mejor es cuando compruebas esas cosas en primera persona. Un abrazo.

Gracias Rafa, besos para todos.

Pruden, así es, Birmania es un lugar muy diferente en muchos aspectos. Disfruta en Bruselas y gracias por tu apoyo.