lunes, 24 de marzo de 2014

BALUT, UNA DELICATESSEN FILIPINA


A pesar de no tener tanto reconocimiento internacional como otras gastronomías asiáticas, he de reconocer que me encanta la comida filipina. No tiene el exotismo de otras, pero al menos yo considero eso como una gran ventaja ya que posee unas costumbres culinarias bastante más similares a las nuestras. En este caso también tiene mucho que ver la herencia de la colonización española, son muy comunes las sopas, empanadas, estofados, adobos, fritos, cochinillos asados y hasta chipirones en su tinta. Eso sí, aquí el pan es sustituído por arroz, algo que comemos a todas horas del día. Pero hay veces que si cierro los ojos parece que estoy en casa, en este mismo instante Jhing está preparando unos mejillones en salsa verde.

Y la materia prima es excelente, tanto la carne como el pescado, las verduras y todo tipo de frutas tropicales. Buenos alimentos que contienen las tres B: bueno, bonito y barato. Un kilo de los mejillones recién cogidos que nos vamos a zampar ahora mismo nos ha costado treinta pesos (medio euro) en el mercado de El Nido.

Pero también existen un montón de recetas y productos típicos de la tradición filipina desconocidos y un tanto extraños o incluso repugnantes para los occidentales. El principal y más famoso lo podéis ver en la foto de arriba, y estoy seguro que a más de uno ya le ha dado mal rollo esa imagen, me refiero al balut, una delicatessen filipina que vuelve loco al cien por cien de su población, hasta dicen que tiene un cierto carácter afrodisiaco.

El balut es símplemente un huevo de pato cocido, pero en vez de yema tiene algo diferente. Su interior lleva un embríón de patito, una especie de feto con sus huesitos, sus pequeñas plumas y demás, rodeado de un jugo de sabor amargo y... en fin, hay lo dejo. Me gusta probar de todo, pero reconozco que todavía y a pesar de mis ganas no he podido atacar el jodido balut, nada más abrir la cáscara sufro una mezcla de árcadas y náuseas que me impiden seguir con el tema. Aunque me he prometido a mí mismo y a amigos filipinos que algún día lo probaré, cuando llegue ese momento prometo explicaros mis sensaciones.

Normalmente se compra y come en plena calle y cuesta unos veinte pesos. En cualquier lugar veréis a alguien caminando con una pequeña cesta o nevera de camping gritando baluuuuuut, baluuuuuut, y se suele acompañar de sal y una salsa con vinagre, ajo y algo de chili. Dicen que nadie puede decir que ha estado o conoce Filipinas hasta que haya probado un balut, yo sigo en mi intento, espero que vosotros os animéis, mucha suerte.

1 comentario:

V(B)iajero Insatisfecho dijo...

Vamos a ver, Oscar, el tema tiene su enjundia. No pruebes si no te apetece. Esta es mi sugerencia. Las 'cucas', en Camboya, muy usuales pero nada apetecibles. La 'hormigas culonas' en Colombia, habituales pero para qué probarlas?.
El 'balut' filipino: ¡"pa su puta-madre"!.
Resiste!!.