sábado, 28 de mayo de 2016

ALGUNAS COSAS QUE UN FARANG NO DEBE HACER EN TAILANDIA




Comenzaré este artículo explicando un poco el significado de farang, ya que supongo que muchos lectores se estarán preguntado al ver el título qué narices es eso. Farang es una palabra que, a pesar de no entender nada de su complicado idioma, escucharemos a menudo a los tailandeses, sobre todo cuando parece que están hablando de nosotros. Pero que nadie se preocupe porque no es nada malo, farang es el vocablo que utilizan para definir a los occidentales, esos extranjeros de piel blanca, ojos redondos y raza caucásica que recorren su país de arriba a abajo. Y no hay que tomárselo a mal ya que no supone algo despectivo ni nada por el estilo, simplemente somos farang y no hay más que hablar. Otra cosa sería que nos llamaran farang khi nok, eso es un insulto gordo ya que khi nok significa algo así como cagada de pájaro, así que si algún farang escucha esa frase refiriéndose a él es posible que haya hecho algo malo o poco respetuoso hacia los thais y su cultura.

Cuando viajamos a un país tan diferente al nuestro siempre conviene empaparse un poco de su estilo de vida, su cultura y tradiciones para no caer en algunos errores. No olvidemos que cosas que a nosotros nos pueden parecer normales no lo son para ellos, y viceversa. Más o menos todo el mundo conoce unas reglas básicas de conducta y comportamiento a la hora de moverse por el reino de Siam, ya que este país se rige en base a tres conceptos fundamentales: Familia Real, budismo y patria. Los viajeros ya saben que no pueden hacer ni una mínima crítica a la monarquía ya que pueden pasar quince años en una cárcel de mala muerte acusados de cometer el delito de lesa majestad. También hay que visitar sus templos budistas con cierto decoro en la vestimenta y las mujeres no pueden tocar a un monje. Y mucho mejor no hablar de política a menos que alguno de ellos inicie la conversación, los thais son muy nacionalistas y no aceptan que los de fuera les demos lecciones acerca de cómo llevar las riendas de su país.

Pero hoy voy hablaros de otras pequeñas reglas, algunas cosillas que no están bien vistas por los thais y son muy fáciles de entender y respetar. Y lo cuento aquí porque son cosas que veo prácticamente a diario en Pai, sobre todo a jóvenes mochileros occidentales que disfrutan de sus vacaciones sin tener en cuenta que algunos de sus actos no gustan a los locales, y aunque no les echen la bronca ni les llamen la atención abandonarán Tailandia perteneciendo al grupo de los farang khi nok, recordad, "cagada de pájaro", no suena muy bien ¿verdad?.

No andéis por la calle con el torso desnudo los chicos, o con la parte de arriba del bikini las chicas. Esto es aceptable en las islas del sur y zonas playeras, pero en el centro de ciudades grandes como Bangkok o Chiang Mai, o en pueblos del interior no está bien visto. Es algo que veo cada día en Pai, un pueblito que queda a mil kilómetros del mar, y los habitantes Shan o de otras etnias de esta zona no lo ven con buenos ojos, y hasta les da un poco de asco si además de ir semidesnudos ven a los farang sudando la gota gorda y les canta el alerón. No comprenden que alguien que viaje desde el otro lado del mundo y tenga cierto estatus económico no tome cuidado de su aspecto exterior.

No vayáis de paseo bebiendo alcohol. Es muy normal ver a los farang con la típica botella de cerveza Chang en la mano yendo de un lugar a otro. No es que los thais no beban, de hecho les encanta la cerveza, el ron o el aguardiente de arroz, y para ellos es una forma muy normal de socializar con su familia o amistades. Pero ellos beben en los bares, restaurantes, en casa o sentados a la entrada de una tienda de abastos disfrutando de la sombra. Dicen que no es compatible beber y caminar al mismo tiempo, y es una falta de respeto a niños o ancianos que se crucen en vuestro camino.

No andéis por la calle descalzos, a veces me da la sensación que viajeros que en su vida normal usan traje de chaqueta y corbata llegan aquí y ¡hala!, a quitarse los zapatos o las chancletas y llevar los pies llenos de mierda. Recordemos que para un budista los pies son la zona más impura del cuerpo humano, así como el suelo que pisamos, y por esa razón todo el mundo debe descalzarse a la hora de entrar a templos, casas privadas e incluso algunos comercios. Se trata de dejar fuera la impureza y suciedad que se ha quedado en el calzado, pero si llevamos nuestra propia piel totalmente negra de la guarrería del suelo estamos apañados.

Otro tema es el de los besuqueos, podéis pasear de la mano o agarraditos a vuestra pareja, e incluso daros un inocente beso de vez en cuando, pero si os entra de repente uno de esos calentones propios de un clima tropical o unas copas de más evitad esos morreos interminables o cualquier tipo de magreo exagerado. Simplemente es algo que no se debe hacer en público, para eso tenéis la cama de vuestro hotel y sobre todo total privacidad, cuando lleguéis allí podréis dar rienda suelta a vuestra imaginación y ensayar tranquilamente cualquier postura del Kamasutra que os apetezca.

Respecto al alquiler de motos es un tema que se merece un capítulo aparte. No aconsejo a quien no tenga experiencia alquilar una, hay que recordar que Tailandia se encuentra en lo alto de la lista en cuanto a accidentes mortales en la carretera y una simple e inocente caída os podría fastidiar las vacaciones. Pero en este artículo me remito a deciros que, por favor, no estéis tocando el claxon o la bocina constantemente, tan solo en caso de emergencia. Casi todo el mundo entra en Tailandia por Bangkok y os llamará la atención que a pesar de su caos y sus atascos de tráfico infernales nadie toca la bocina, total ¿para qué?, no se va a solucionar nada con eso y haremos un favor a la contaminación acústica. Muchas veces veo a grupitos de farang que no paran de tocar el claxon sin  ninguna necesidad, parecen los chicos de Verano Azul cuando iban de visita a la casa de Chanquete,

Otra cosa que suele traer acalorados debates en las redes sociales es el regateo. ¿Se puede regatear en Tailandia? Sí, claro, pero hasta cierto punto. Hay que decir que el regateo existe en Tailandia desde que existe el turismo, me refiero a que es algo que no forma parte de su cultura y entre ellos mismos no se hace, o no se hacía. Claro está que hoy en día nos ven en ocasiones como un dólar gigante con patas y sobre todo en mercados turísticos suben demasiado los precios, en esos lugares hay que regatear, y ellos lo saben, por eso siempre tienen a mano su calculadora para ir escribiendo un precio arriba o abajo donde todo depende de la habilidad o paciencia que tenga el comprador. Pero también hay que saber que si vemos los precios muy altos en un mercadillo como el de Khao San Road, en Bangkok, no tenemos más que ir un poco más arriba al mercado de Wang Lang, al que solo acuden thais, y veremos que allí los precios son mucho más bajos y casi no hace falta regatear.

También es normal regatear en algunos guesthouses dependiendo de los días que nos vayamos a alojar, si es temporada alta o baja y demás. Incluso podemos regatear a la hora de realizar una excursión con alguna agencia de turismo dependiendo del itinerario, las actividades o las horas de duración. Pero a menudo se ven regateos ridículos como intentar pagar menos en una estación de buses cuando el precio es fijo para todo el mundo o entrar a un bar y al preguntar cuando vale una cerveza decir que pagas diez baht menos o nada, te mirarán como si estuvieras loco. Por no hablar de intentar pagar menos a una pobre mujer que pasa todo el día cocinando pad thai en plena calle o vendiendo fruta, etc. Por favor, estamos hablando de querer ahorrarnos 0,25 euros.

Y para finalizar, un consejo que quizás sea el más importante. Nunca jamás tengáis un problema con un tailandés, siempre acabaréis perdiendo. Cualquier mínimo malentendido hay que intentar solucionarlo con calma, dejándose hablar el uno al otro, y sobre todo sin gritar, desde el momento que gritéis perderéis toda la razón, aunque la tengáis. Y eso puede dar paso al lose face, algo así como perder la cara, la mayor falta de respeto para un thai, y mucho peor si es en público. Aquí las peleas no se arreglan con dos tortazos, un thai puede pasar de la más absoluta tranquilidad a una agresividad brutal y en ese caso os caerán hostias hasta en el carnet de identidad. Ya he dicho antes que los thais son muy nacionalistas y los que anden cerca acudirán al momento a ayudar a su compatriota, aunque no sepan lo que ha pasado, ya preguntarán después. Y no es de extrañar que empiecen a volar botellas, sillas y aparezca un machete o una pistola que alguien tenga guardada bajo el asiento de su moto. En fin, una situación muy desagradable.

Y eso es todo, amigos. Tailandia es un país maravilloso, con una gente encantadora y un lugar en el que es muy fácil disfrutar de unas buenas vacaciones, tan solo hay que respetar un poco y seréis bienvenidos y respetados, como en cualquier lugar del planeta se trata simplemente de usar el sentido común. Todos estas cosillas que os he comentado provienen de amigos thais, les he dicho que iba a escribir este artículo y ellos mismos han ido sacando los temas, como podéis comprobar es material de primera mano. 

domingo, 10 de abril de 2016

CONSEJOS PARA DISFRUTAR EL SONGKRAN EN TAILANDIA, EL AÑO NUEVO BUDISTA



Sabadee pi mai, feliz año nuevo, ya estamos en la cuenta atrás, durante los días 13, 14 y 15 de Abril celebraremos una vez más el año nuevo budista. Es una de las fiestas más importantes en Tailandia y el país se paraliza durante estos tres días, aunque con el calor que hace es posible que, al menos en el norte, la emoción y los nervios de la espera nos lleve a comenzar la fiesta mañana mismo, suele ser algo común sobre todo en Chiang Mai, sin duda la mejor zona de todo el país para vivir un Songkran.

La celebración del Songkran es conocida como una especie de batalla interminable de agua que nos mantendrá todos estos días calados hasta los huesos, el buen rollo se palpa en el ambiente y todos lo pasaremos como enanos, una celebración abierta a todo el mundo donde se juntan viejos y niños, ricos y pobres, thais y farangs. En realidad se usa el agua como un acto simbólico que nos limpiará cuerpo, mente y espíritu, y nos dará suerte para el año que comienza alejando los malos pensamientos que aniden en nuestro interior. Lógicamente estamos hablando de una celebración budista regida por una serie de símbolos y tradiciones, ya hablaré de eso en otro momento, en este artículo me limitaré a dar unos consejos a los viajeros que os encontráis durante estos días en Tailandia para que podáis disfrutar el Songkran a tope, de una manera divertida y respetuosa con la cultura thai.

Bien, en primer lugar tened en cuenta que toda Tailandia deja de funcionar estos días. No es un buen momento para moverse de un lugar a otro ni hacer excursiones o compras, así que quedaros donde estéis y uniros a la fiesta.

El siguiente paso es el de preparar vuestro uniforme, mejor que sea ropa ligera porque desde que salgáis a la calle estaréis completamente mojados. Si os apetece, también podéis comprar en cualquier mercado callejero una de esas camisas de flores estilo hawaiano, veréis que es lo que usan muchos tailandeses. Y lo más importante es evitar que entre agua a vuestros gadgets electrónicos como cámaras de fotos, smartphones, tablets y demás, así como la billetera y sus tarjetas de crédito o el pasaporte, si se os ocurre llevarlo encima. Para eso lo mejor son esas mochilas waterproof que se cierran por arriba quedando estancas o también veréis pequeñas bolsas de plástico impermeable con un cordel para colgarlas del cuello que se venden estos días en cualquier sitio.

En cuanto al "armamento" podemos usar desde pequeñas pistolas de agua como las de toda la vida hasta sofisticadas armas letales que incluso llevan una pequeña mochila llena de agua para ponerla en la espalda y recargar nuestra metralleta. Lo malo es que al ser de plástico al cabo de unas horas muchas dejan de funcionar debido al mal funcionamiento de su sistema. Yo siempre prefiero usar un cubo de agua o un pequeño balde de esos que usan los bares para vender sus buckets, al final echas más agua y lo puedes cargar de nuevo en un segundo, ya que la mayoría de los locales donde paréis tiene mangueras o grandes depósitos para que a nadie le falte agua.

Una regla de oro es no enfadarse cuando os echan un cubo de agua encima, recordad que es un honor, os están dando una bendición y hay que tomárselo con deportividad dando las gracias y deseando feliz año nuevo a vuestro atacante. Y por la misma razón tú también puedes echar un cubo entero de agua sobre la cabeza de, por ejemplo, un policía... qué gustazo, ¿verdad?, veréis que no hay ningún problema y os dedicará una sonrisa.

A quien no hay que mojar en ningún caso es a ancianos y bebés. Para un niño pequeño puede ser un shock e incluso le puede lastimar si el agua va a mucha velocidad. Con la gente de avanzada edad quedaréis muy bien si os acercáis a ellos despacio y ponéis un poquito de agua en sus manos, después les diréis sabadee pi mai haciendo un respetuoso wai, el saludo budista, con las manos bien altas, a la altura de la frente, y entonces comprobaréis que se quedarán encantados y os lo agradecerán.

No solo los paseantes disfrutan del Songkran, sino todo tipo de vehículos desde coches y motos hasta sidecars o cualquier otro artefacto estrafalario. Cuando pase una moto procurad no echar agua a la cara del conductor, ya que se puede despistar o quedarse con la vista nublada, tenéis todo el resto de su cuerpo para hacerle su bendición. Por otro lado, si sois vosotros quienes vais en moto y veis que de repente os va a caer agua desacelerad o incluso parad un rato hasta que os echen todo encima, no hay ningún problema, total ya estáis mojados hasta los huesos. Algunos turistas tienden a aumentar la velocidad como locos y es un grave error, pueden caer fácilmente al estar la zona resbaladiza o incluso atropellar a alguien, ya que las calles están llenas de gente y entre las batallas, las risas y el alcohol muchos cruzan la calzada sin mirar.

Y si a alguien le apetece no está de más tomarse un descanso y visitar algún templo para ver algunas tradiciones que tiene lugar durante el Songkran. Podeís poner una ofrenda, un poco de agua sobre Buda y hasta recibir la bendición de un monje. Por último, y muy importante, cuidado en las carreteras, durante esta semana se registra el mayor número de accidentes de tráfico en el país.

Bienvenidos a Tailandia y a disfrutar de su mayor fiesta.

lunes, 22 de febrero de 2016

ENTREVISTA EN KASA KATXAN, HALA BEDI IRRATIA



Aquí debajo os dejo el link para escuchar la entrevista que me hicieron este mes la gente del programa de viajes Kasa Katxan, de la emisora gazteiztarra Hala Bedi Irratia. Una charla de poco más de veinte minutos de duración que se nos hizo corta, podíamos haber seguido hablando horas y horas pero ya sabemos que en la radio hay que cumplir los horarios programados. Ya tendremos otra ocasión para seguir hablando largo y tendido del maravilloso mundo de los viajes. En esta ocasión nos limitamos a hablar un poco de Tailandia y Filipinas. Espero que os guste, toca relajarse y pinchar el link de abajo para disfrutar de la charla, fue un verdadero placer colaborar con ellos.

http://halabedi.org/kasakatxan/160201PRESILLATHAIPINOY.mp3

martes, 9 de febrero de 2016

ALOJAMIENTO BARATO EN PAI PARA MOCHILEROS


Pai, una de las joyas de Tailandia, un pequeño pueblo incrustado junto a un río del mismo nombre que recorre un bucólico valle de la provincia de Mae Hong Son, en el noroeste del país, muy cerca de la frontera con Birmania. Un lugar tranquilo rodeado de naturaleza exuberante y poblado por diversas etnias tribales como los shan, los lisu, los lahu, los black lahu, los aka, los karen, los kachin, algunos refugiados de la vecina Myanmar y hasta una comunidad de musulmanes cuyo origen procede de Yunnan, en el sur de China. Un lugar donde todos vivimos en plena armonía... ¿he dicho vivimos?, sí, porque también hemos quedado atrapados gente de otras provincias tailandesas, de otros países del sudeste asiático e incluso nosotros, los farang, esos occidentales de rasgos y piel blanca que un buen día decidimos tomar este "pairadise" como uno de nuestros hogares en el mundo.

Y quizás sea por eso, o por ese mundo de las redes sociales, que mucha gente se haya dado cuenta que un hispanohablante como yo anda medio establecido en Pai y ha tomado este valle como uno de sus campos base dentro de su vida nómada. Así que cada vez recibo más mensajes y correos de gente que no conozco de nada pidiendo información de todo tipo sobre esta zona. A veces me resulta difícil contestar a todos, y más teniendo en cuenta que cada persona es un mundo y no es nada fácil dar ningún tipo de recomendaciones a alguien que no conoces a no ser que sean preguntas claras y concretas.

Una de las preguntas que más me hacen tiene relación con el alojamiento en Pai, y viendo que la mayoría de estas cuestiones proviene de gente joven, con muchas ganas, ilusionada con su viaje y su estilo de vida mochilero, con un presupuesto ajustado, con ganas de conocer y compartir experiencias con otros viajeros, y sin exigir lujos a la hora de alojarse en un hotel para poder ahorrarse de este modo su dinero para otras cosas he decidido hace una pequeña lista de unos cuantos hostels para mochileros en Pai que cumplan las tres B; bueno, bonito y sobre todo barato. Los precios están en baht tailandeses, redondeando digamos que ahora mismo un euro son cuarenta baht, aquí tenéis la lista.

- Common Grounds: un excelente hostel muy bien dirigido por Mitchell, Fai y Taylor. Tienen dormitorios a 150 baht y bungalows privados a 300 baht. En la zona común siempre hay buen ambiente con un bar lleno de hamacas, billar, dardos, juegos de mesa, cantidad de libros en diferentes idomas, wifi y a menudo música en directo con bandas locales y gente de paso. Con una estancia superior a dos semanas existe la posibilidad de alojamiento gratis a cambio de trabajar un poco para ellos.

- Sabai Garden: en un entorno natural con vistas de lujo ofrecen dormitorios a 100 baht, bungalows de bamboo a 200 baht y unas preciosas y bien decoradas casas de arcilla a 400 baht. Wifi, cocina común, granja de alimentos orgánicos y cancha de volleyball. Alquiler de bicicletas a 50 baht y un 10% de descuento para bebidas en el Sabai Bar, situado en la Walking Street del centro del pueblo y con música en directo a diario. También ofrecen alojamiento gratis a cambio de voluntariado echando una mano en la limpieza, la granja orgánica o renovando la pintura.

- Purple Monkey: se ha puesto de moda por el ambientazo de su bar y su piscina en pleno centro del pueblo. Para todo tipo de clientela desde backpackers hasta flashpackers, ofrecen desde dormitorios compartidos muy baratos hasta habitaciones privadas con todo tipo de necesidades. Organizan diferentes actividades cada semana ya sean barbacoas, campeonatos de baloncesto o volleyball y ponen las películas más actuales en pantalla grande y una gran hoguera para combatir el frío del invierno. Y por supuesto como prácticamente todos los alojamientos en Pai dispone de wifi gratis y a alta velocidad.

- Pai Circus: este hostel destaca por sus lecciones gratuitas de actividades circenses como bailes, malabares, equilibrismo y más. Dormitorios a 200 baht y bungalows privados a 300 baht en un lugar muy tranquilo al otro lado del río. A las zonas comunes no les falta de nada, desde bar y restaurante hasta piscina pasando por lavandería, hogueras nocturnas, billar, juegos de play station, películas en dvd y todo tipo de instrumentos musicales a disposición de sus clientes. Alquilan motos y hacen muy buenos descuentos para estancias largas.

- Golden Hut: un lugar relajado con bungalows de bamboo independientes y terrazas privadas en la misma orilla del río por tan solo 150 baht. A dos pasos del centro y de la Walking Street.

- Pai River Lodge: bungalows de bamboo privados sobre el río a 100 baht con baño compartido. Otro tipo de bungalows con más facilidades un poco más caro, e incluso quien lo desee se puede alojar en unos tipis estilo indio. En su restaurante hay que probar la comida de Om, propietaria del negocio y natural de la región de Issan. Y su marido Peter es un excelente dj encargado de llevar el bar pinchando la música acorde a cada momento del día.

- Up2U: a unos cinco minutos caminando desde el centro en dirección a Mae Hong Son. Dormitorios a 180 baht y una terraza muy agradable sobre el río con cocina común, café y té gratis y ambiente tranquilo.

- Spicy Pai Backpackers: un clásico de los hostels para mochileros en Pai. Baratísimo, dormitorios a 150 baht con un ligero desayuno incluido.

- Shangrila: ideal para clientes amantes del yoga y la meditación, sesiones diarias y bungalows privados a 300 baht.

-Giant: bungalows privados en pleno río desde 150 baht los más básicos. Cuantas más comodidades va subiendo un poco el precio pero sin pasar nunca de los 400 baht.

Y ésto es todo amigos, en Pai hay tantos sitios para alojarse que me he limitado solo a unos cuantos con precios básicos que conozco personalmente. Tengo que decir que nunca he pasado una noche en ninguno, tan solo los conozco por diversas razones o porque los dueños de algunos de ellos son amigos nuestros, aunque este aspecto no lo he tenido en cuenta y he procurado no dar ninguna opinión subjetiva. Si para un próximo artículo alguien está interesado en que seleccione otra lista de alojamientos de un standing más alto respecto a precios, facilidades y comodidades no tiene más que decírmelo.

lunes, 2 de marzo de 2015

EN FILIPINAS PASAN DEL FUTBOL


No es que yo pase del fútbol, debo reconocer que me gusta, lo he practicado durante la primera mitad de mi vida e incluso lo sigo viendo de vez en cuando, aunque sólo sea por televisión. Hace mucho tiempo que vivo fuera de mis raíces y me resulta imposible ir al campo a ver el equipo de mis amores, tan sólo de forma esporádica, cuando de ciento en viento hago alguna escapada a Bilbao.

Porque soy de Bilbao, y un bilbaíno es del Athletic desde que nace hasta que muere, para lo bueno y para lo malo, para las alegrías y para las penas, es algo que llevamos en las entrañas y siempre será así, nos llena de orgullo formar parte de esa gran familia, un equipo de fútbol que sigue siendo un club, no se ha convertido ni se convertirá en una empresa, en una sociedad anónima, no nos interesa el marketing ni la globalización a la que ha llegado este deporte, esa obsesión por fichar jugadores en función de las camisetas que vendan o al cambiar algo tan romántico por un balance y su cuenta de resultados, y me sigue emocionando ver chavales de corta edad con sus camisetas rojiblancas, porqué sé y estoy seguro que siempre será así y nunca dejarán de lado a su Athletic.

Y ese deporte que nació en Inglaterra para seguir por el resto de Europa, Sudamérica y poco más, ha ido extendiendo sus tentáculos durante este siglo hasta llegar a los lugares más recónditos del planeta. ¿A todos?, bueno, a todos no, curiosamente en Filipinas pasan olímpicamente del fútbol y ni siquiera saben quién es Cristiano Ronaldo o Messi. Aquí levanta pasiones el baloncesto, se juega en todos los rincones, cualquier lugar vale para colocar una canasta y los partidos de la NBA o la PBA (Philippine Basketball Asociation) son capaces de mantener absortos a los pinoys durante horas frente a la televisión.

Cualquiera que visite Filipinas podrá comprobar la influencia de la colonización española en parte de su arquitectura, en el furor católico de la mayor parte de la sociedad, en la cantidad de palabras en español que se mantienen en sus diferentes lenguas, y hasta en su gastronomía. Pero después de los españoles llegaron los americanos y lo que más les llamó la atención de ellos fue ese extraño deporte al que jugaban sus soldados en los ratos libres. Quedaron tan maravillados que les imitaron hasta hacerlo verdaderamente bien, no olvidemos que Filipinas quedó en tercera posición durante el mundial de baloncesto de 1954.


Un dato realmente curioso es que la liga profesional filipina fue la segunda del mundo en constituirse como tal, tras la NBA, antes que las ligas de cualquier otro país europeo. Su funcionamiento es muy similar al de la NBA, no así sus salarios, pero son franquicias de empresas multinacionales que llenan estadios y juegan sus partidos en diferentes ciudades del archipiélago. Los equipos están formados mayoritariamente por filipinos, con algunos fichajes de viejas glorias de la NBA y algunos philam, así llaman a los filipinos en cuyas venas corre sangre de los USA, hijos de matrimonios mixtos que generalmente han nacido o crecido en América.

Jugar unos minutos de un partidillo, o al menos intentarlo, es una forma perfecta para integrarse con los locales de cualquier aldea filipina. Ya lo he practicado alguna vez y debo reconocer que es una auténtica tortura correr para atrás y para adelante bajo los rigores de un clima tropical, el calor y la humedad acaban haciendo mella y estás deseando que termine el match para pasar al tercer tiempo, el de las risas, los comentarios sobre las jugadas del partido y lo que es mejor, las cervezas frías para los participantes.

Llama la atención ver las fabulosas canchas para la práctica del baloncesto que se construyen en pequeños pueblos donde las viviendas o nipas están hechas a base de bambú y hojas de cocotero, las calles están sin asfaltar o no hay un centro sanitario y ni siquiera electricidad. Lo primero es el basketball, el resto de necesidades ya irán llegando. Aunque tampoco les hace falta una cancha decente, de no tenerla son capaces en cuestión de minutos de hacer unas canastas con cuatro trozos de madera y ponerlas en un árbol o en plena carretera. Hace unos años se prohibió en Manila jugar al basket en las calles debido al peligro que suponía a otros viandantes o a los propios jugadores a causa del tráfico. Poco después, y tras multitudinarias protestas de la población local, tuvieron que levantar el veto.

Cuando era un crío recuerdo que el sueño de cualquiera de nosotros era jugar algún día en el Athetic. Pero a cualquier niño filipino al que hagamos la típica pregunta de qué quiere ser de mayor nos contestará que su deseo es ser jugador profesional de la liga filipina, e incluso los más atrevidos buscarán alguna artimaña para escapar a USA y hacerse famosos en los Lakers u otro equipo de la NBA.



martes, 27 de enero de 2015

EL PUB DE HAAST



Disculpadme, pero voy a retroceder unos años en el tiempo para contar algo de Nueva Zelanda, un lugar del que guardo gratos recuerdos, ese país tan lejano, tan agreste y tan espectacular habitado por gente entrañable. Recorrí el país de arriba a abajo y de abajo a arriba, de la isla del norte a la del sur y viceversa. Utilicé una furgoneta perfectamente preparada para moverme y poder vivir en ella durante dos meses y medio, una forma de viajar que me proporcionó plena libertad para conocer esa tierra a mi aire, sin ataduras ni itinerarios establecidos de antemano.

Tampoco os voy contar ahora nada especial, no va a ser una crónica donde podáis encontrar información sobre esos destinos tan famosos y conocidos de Nueva Zelanda, simplemente es una pequeña historia de un día cotidiano cuando se vive viajando, un encuentro con lugareños en el pub de un diminuto pueblo situado al sur de la costa oeste de South Island, en el sur del sur, un pueblito de gente dura acostumbrada a vivir esos rigores de una naturaleza y un clima extremo en algunas épocas del año, un lugar llamado Haast.

Tras dejar el Mt.Cook con pena, echando las últimas miradas furtivas a través del retrovisor, me dirigí de nuevo a la costa oeste atravesando el Haast Pass. La isla sur de Nueva Zelanda está dividida entre el Océano Pacífico y el Mar de Tasmania por la cordillera de los Alpes, una espina dorsal que tan sólo tiene cuatro pasos para poder cruzar por carretera de la costa oeste a la costa este o al contrario. El Arthur Pass, el Lewis Pass, el Divide y el Haast Pass, que es el que se encuentra más al sur.

Una vez llegado de nuevo al oeste bajé hasta Jackson Bay para intentar observar la única clase de pingüinos que me quedaba por ver, unos que tienen una especie de cresta de color amarillo, pero no tuve suerte. Según me dijeron hacía un tiempo demasiado bueno que no animaba a estos animales a salir mucho del agua, les debe molestar el sol. Jackson Bay es una pequeña bahía desde donde hay unas espectaculares vistas de las montañas, y es donde acaba la carretera de la costa, ya no se puede ir más al sur. Al final del pueblito alguien puso un cartel muy explicito que dice "End of the fuckin' road", no sé si su intención fue lamentarse o felicitarse, porque en el Down South, en el sur del sur, la gente intercala un fuckin' cada tres palabras.

Haast es otro pequeño pueblo del Down South típico de la costa oeste, gente dura, descendientes de pioneros. Tiene unos trescientos habitantes y un hotel, un camping, un General Store, una gasolinera y el omnipresente pub. Por cierto, los que viajéis conduciendo por la costa oeste del sur del país echad un ojo al deposito cuando veáis una gasolinera, es muy probable que no encontréis otra en cien kilómetros.

Como era jueves, día que siempre hay algo de ambientillo, y para las siete de la tarde ya había cenado, me dirigí al pub a tomar algo. Estos pubs de pueblo son, sin duda, el observatorio más idóneo para hacer un pequeño estudio sociológico de los lugareños. Aunque en este caso, al ser yo el único guiri que andaba por allí, más bien me estudiaban ellos a mí. La encargada del pub se llamaba Jane, pero yo enseguida la apodé sin decírselo Calamity Jane por sus maneras para mantener a raya a los brutos de la zona, no me extrañaría que tuviera un par de Colts 45 bajo el mostrador. Era una monada de chica, no sé que hacía perdida en ese lugar, pero se debió dar cuenta del brillo de mis ojillos porque rápidamente me dejó caer que estaba casada. No obstante, estuvo encantadora conmigo el par de horas que estuve en su local.

Al poco de llegar yo, entraron unos cazadores de ciervos mostrando las cabezas de los pobre animales recién arrancadas y poniendo perdido de sangre el suelo del pub. Yo casi vomito la cena y Calamity Jane casi les saca a escobazos. Me dijo que esos bestias sólo querían las cabezas para añadirlas a su colección de cornamentas. Yo pensé que entre la colección tal vez se encontraban sus propias cornamentas, quién sabe, todo el día fuera de casa cazando en el monte, seguro que sus mujeres se aburrían bastante.

Y a eso de las ocho empezó a llegar el grueso de la clientela. Unos venían en coche o moto, algo muy normal; otros en bicicleta, muy ecológico; otros en caballo, muy bucólico; y otros en helicóptero, ¡muy surrealista!. En cinco minutos habían aterrizado en una campa cercana unos cinco helicópteros, aquello parecía Apocalypse Now, un ruido ensordecedor, los caballos muertos de miedo, yo no daba crédito. Casi todos eran pilotos que suelen llevar turistas para ver los glaciares y las montañas desde el cielo, pero dos que vinieron un poco más tarde eran simplemente granjeros que viven aislados por algún valle de la zona y lo utilizan como medio de transporte y para tener controlado al ganado que pasta a sus anchas desperdigado por las estribaciones de los Alpes. Uno de ellos me comentó que pequeño helicóptero biplaza salía al cambio más o menos unos treinta mil euros.

Y después de cuatro, cinco o seis pintas de cerveza me despedí de Calamity Jane y del resto de parroquianos entre brindis, apretones de manos y alguna que otra palabra incomprensible, y me fui a descansar a mi querida furgoneta. Al día siguiente me esperaban los glaciares de Fox y Franz Joseph.


miércoles, 31 de diciembre de 2014

TAI O, EL PUEBLO DE LOS PESCADORES TANKA DE HONG KONG



Hong Kong, dos palabras que al pasar por nuestra mente nos transportan al instante a ese lugar repleto de rascacielos y su famoso skyline. Ese lugar moderno, cosmopolita, limpio, ordenado, capitalista y consumista donde parece que todo funciona a la perfección. Ese lugar que fue una colonia británica hasta 1997, año en el que pasó a ser otra ciudad más de la China continental, o mejor dicho, una Región Administrativa Especial, un calificativo políticamente correcto para tranquilizar un poco a los cantoneses de Hong Kong, y de esa forma seguir permitiendo la economía capitalista en el país comunista más grande y poderoso del planeta, "un país, dos sistemas", aquella frase creada por Den Xiaoping que se sigue cumpliendo a rajatabla.

Se encuentra enclavada en el delta del Pearl River, y entre sus distritos principales destacan la península de Kowloon y la isla de Hong Kong, el downtown financiero donde se pueden apreciar los rascacielos más altos y una curiosa mezcla entre arquitectura moderna y tradiciones milenarias. Y más al sur, los llamados Nuevos Territorios, decenas de islas e islotes rodeados del Mar del Sur de China. Lantau es la más grande de estas islas, y en su costa oeste, entre montañas y un río serpenteante surgió Tai O, un pequeño pueblo pesquero que sigue teniendo ese estilo de vida que había en Hong Kong antes de la llegada de los ingleses.


Tai O fue hace mucho tiempo el primer lugar poblado de Hong Kong, allí se asentaron pescadores de la etnia Tanka. Tuvo un pasado truculento debido a su situación geográfica, era un lugar cercano al continente y las montañas ofrecían al río y a la bahía el sitio idóneo para resguardarse de temporales y ya de paso dar un seguro escondrijo a piratas y contrabandistas, un lugar perfecto para campar a sus anchas. Con el paso del tiempo también fueron muchos los refugiados que llegaban a Tai O escapando de la China comunista con la intención de pedir asilo político al Hong Kong británico.

Pero hoy en día no queda nada del Tai O de antes, dejó de ser un lugar anárquico y pendenciero para convertirse en una pequeña aldea de pescadores, un idílico remanso de paz alejado del bullicio y el frenético consumismo de Hong Kong. Un pueblo donde apenas existe el tráfico rodado y sus habitantes siguen moviéndose en bicicleta. Un lugar de estrechas callejuelas que todavía no han sido conquistadas por franquicias como Mc Donalds o Starbucks, las cosas se siguen comprando en antiguos colmados y la gente local se sigue reuniendo para charlar en las típicas casas de té chinas de toda la vida. A los tanka les gusta vivir como lo hacían sus antepasados, y siguen manteniendo su esencia y su modo de vida tradicional.


Lo que más llama la atención nada más llegar al pueblo es la forma de sus viviendas, sencillas casas en forma de palafitos construidas sobre pilares y estacas encima de los canales, les gusta vivir cerca del mar y allí mismo atracan sus embarcaciones para salir a pescar. Una especie de Venecia china, pero totalmente alejada de lujos y marabuntas de turistas. Es una maravilla pasear entre los canales y sus habitantes, observar su forma de vida, sus humildes hogares y su tranquila vida cotidiana. Aunque a decir verdad tanta tranquilidad ha hecho que los jóvenes tanka encuentren su pueblo algo aburrido y muchos deciden abandonar el pueblo y buscarse la vida en el gran Hong Kong. Llama la atención la avanzada edad de la mayoría de los habitantes de Tai O.

Desgraciadamente, como ocurre en otros lugares del planeta, la pesca artesanal está disminuyendo a pasos agigantados en la zona de Tai O debido a las grandes compañías pesqueras y sus gigantescas flotas que arrasan todo lo que se mueve en el mar. Barcos pesqueros de alta gama y la tecnología más moderna obtienen fácilmente los permisos necesarios para esquilmar el Mar del Sur de China y llenar de pescado fresco los restaurantes de Pekín o Shangai sin importarles un pimiento la tradicional forma de vida de los tanka.


En Tai O tampoco hay muchos alojamientos para el turismo, tan sólo un par de pensiones en la parte vieja del pueblo con unas pocas habitaciones que suelen estar vacías. La mayoría de los visitantes foráneos llegan a la aldea después de visitar el monasterio de Po Lin y su gigantesco Buda sobre una colina situada a unos veinte minutos en autobús. Pasan unas horas relajándose, dando un paseo o comiendo en algún restaurante cercano al puerto antes de regresar a la mega urbe de Hong Kong. Son muy pocos los que suelen quedarse a pasar la noche en Tai O.

Supongo que el motivo por el cual Tai O ha perdido su aislamiento es que está ubicado en la isla de Lantau, de no ser así seguiría siendo esa pequeña y escondida aldea tanka de hace muchos años. Pero Lantau hoy en día está comunicada con la península de Kowloon por un puente y una línea de tren, y un par de ferrys llevan y traen gente de la isla de Hong Kong cada veinte minutos. Y aunque la mayor parte de Lantau siga siendo virgen y montañosa tiene lugares claves para atraer a miles de turistas. Desde el aeropuerto internacional hasta el monasterio budista de Po Lin antes mencionado, pasando por el mayor parque de atracciones de Disneyland en toda Asia.


Caminando por las estrechas calles de Tai O y cruzando sus pequeños puentes sobre los canales encontraremos cantidad de tiendas y pequeños restaurantes vendiendo las deliciosas especialidades tankas, pescado seco, bolas fritas de arroz glutinoso con sésamo y cacahuetes o tortas de gambas y enormes ostras frescas, todo ello preparado con productos locales. Algunos pescadores también llevan turistas en sus botes para ver los delfines blancos que abundan durante todo el año en su bahía.

Y en una pequeña plaza se encuentra el templo Hau Wong, no es que llame mucho la atención por su arquitectura o decoración, pero es el templo más antiguo de las islas, construido en el siglo XVII sirvió de hogar a la guardia del joven emperador chino de la dinastía Song exiliado en Hong Kong durante aquella época. Otro curioso lugar en la aldea es una verdadera escuela de artes marciales Shaolin, dicen que el propio Bruce Lee pasó muchas horas aquí entrenando y meditando.



miércoles, 26 de noviembre de 2014

WHITE ISLAND, UNA MAS DE LAS 7.107 ISLAS FILIPINAS


Dicen que Filipinas tiene 7.107 islas, y eso le convierte en el segundo país con más islas del planeta, después de Indonesia. Necesitaría más vidas para poder visitar todas, pero hasta el momento no me ha defraudado ninguna de las que voy conociendo. Este es un archipiélago con una gran variedad de contrastes, desde playas paradisíacas de aguas cristalinas y arrecifes de coral hasta cordilleras montañosas y junglas impenetrables, pasando por cantidad de idiomas, rasgos físicos y etnias tribales. Y es todo un placer para la mente y el cuerpo sentirse rodeado del Océano Pacífico y los mares de Filipinas, del Sur de China, Sulu, Célebes o Bohol.

Pero reconozco que todavía me sigue pareciendo curioso eso de las 7.107 islas, un dato que tanto repiten los pinoys e incluso aparece en las letras de algunas de sus canciones populares. ¿Será cierto?, ¿con exactitud?, imagino que sí porque hoy en día con los satélites y demás ha cambiado y mejorado mucho la forma de cartografiar el mundo, hace ya siglos que desaparecieron los antiguos exploradores y con ellos sus preciosos mapas dibujados a mano y en tinta.

El caso es que en cualquier isla que estoy siempre me veo rodeado de otro montón de islas, islitas, islotes o peñascos. Unas pocas habitadas por seres humanos y el resto tan sólo por animales. Y entonces me pregunto a mí mismo si estarán entre esas 7.107 o no. Y entre todas las respuestas que ha obtenido mi curiosidad me quedo con la que me dio un pescador palaweño. Según su teoría, sólo están entre las 7.107 islas aquellas con nombre, las que no hayan sido bautizadas se quedan fuera, así como las que aparecen y desaparecen, sí, lo que oís, esta es otra más de las leyendas tradicionales filipinas, por lo que me han contado tienen alguna isla fantasma, tipo San Borondón en Canarias.


Así que voy a dedicar este post a una de las pequeñitas. Es fácil encontrar información de las islas más conocidas o de los destinos turísticos principales del archipiélago, pero nadie habla de esas islas diminutas que sin ser tan famosas gozan de un encanto especial. Para que no se sientan tristes voy a aportar mi granito de arena y rendir homenaje a una de ellas, White Island, ya que tiene nombre supongo que formará parte de las 7.107.

White island se encuentra en el mar de Bohol, a casi una milla al norte de Camiguin, una isla volcánica repleta de montañas y jungla perteneciente a la región de Mindanao. Y más que una isla se podría decir que es un médano, una barra de arena blanca rodeada de un arrecife de escasa profundidad y cristalinas aguas turquesas. Cambia de forma unas cuantas veces al año, dependiendo de mareas y vientos. Se puede llegar hasta ella a nado, pero mejor contratar los servicios de una bangka que te dejará en la isla y te recogerá cuando desees.

Su escaso tamaño recuerda a esas pequeñas islas que suele dibujar el gran Forges en sus viñetas, pero en White Island no hay ningún náufrago y ni siquiera una palmera, sólo arena blanca y coral. Imprescindible llevar protección solar, gafas de sol y algo que proteja nuestra cabeza, estamos hablando de una isla tropical y aquí el astro rey achicharra de lo lindo. Un poquito de comida, agua, un libro, unas gafas de bucear y ya está, eso es todo, a disfrutar del día y de la vida.


Debido a la escasa profundidad de su arrecife es un lugar ideal para practicar snorkel, pasaremos horas sin darnos cuenta nadando entre corales de todos los colores y viendo estrellas de mar, tortugas, peces payaso, barracudas y hasta algún pequeño e inofensivo tiburón. Y mientras descansamos en la arena podemos disfrutar de unas vistas espectaculares de la isla de Camiguin y sus volcanes.

Por otro lado no será nada fácil tener la islita para nosotros solos. no es que vayan muchos turistas a Camiguin, pero al final todos acaban visitando White Island, sobre todo al acabar el día cuando no hace tanto calor y comienza la puesta de sol cayendo a saco sobre el mar de Bohol. Algunos habitantes de Camiguin también han sabido sacar partido a su pequeño médano y día a día montan un chiringuito donde no faltan cervezas frías, algo de comer y alquilan sombrillas para aguantar el solajero.



miércoles, 29 de octubre de 2014

LANZONES FESTIVAL




Durante la tercera semana de Octubre se celebra cada año en la isla filipina de Camiguin el Lanzones Festival. Como su propio nombre indica, esta celebración rinde tributo y agradecimiento a los lanzones, una fruta tropical que crece en todo el sudeste asiático y en Camiguin supone el sustento económico de gran cantidad de familias.

Los lanzones crecen en árboles que pueden llegar hasta los treinta metros de altura. Sus racimos son cogidos a mano por gente que trepa por el tronco sin ningún tipo de protección, utilizando tan sólo sus manos y pies. Un trabajo peligroso y lleno de riesgos, no entiendo cómo pueden vender esta fruta por menos de un euro el kilo.

Tras pelarlos y quitar su áspera piel nos encontraremos media docena de gajos de un color traslucido y un exquisito sabor fresco, dulce y jugoso. Las semillas interiores son muy amargas, así que mejor no tragarlas. Los lanzones de Camiguin tienen una fama especial entre el resto del archipiélago filipino y otros países de la zona, esta es la causa de que su producción sea tan elevada y se exporten a cantidad de lugares. Dicen que son los más dulces de todo el sudeste asiático.

Por este motivo y por lo que supone para la economía de Camiguin se celebra esta fiesta, pero el Lanzones Festival tiene su origen en una curiosa leyenda, otra más de las muchas que sigue manteniendo la tradición oral filipina. Siempre me ha encantado observar esos humildes barrios filipinos donde nadie ve la televisión por falta de electricidad y los viejos cuentan historias fascinantes a los niños, que escuchan al orador boquiabiertos sin interrumpirle una sola vez.




Cuenta la leyenda que una encantadora pareja de Camiguin estaba felizmente casada pero por mucho que lo intentaban no habían podido tener hijos, una desgracia en un país donde el mayor deseo de sus habitantes es formar una familia. Un buen día decidieron acudir a un árbol de lanzones para pedir a su espíritu su protección y ayuda para que la chica quedara embarazada. Y al cabo de nueve meses de esa visita la mujer dio a luz un niño sano y hermoso.

La pareja recuperó la felicidad mientras veía crecer a su retoño, pero un día pasó cerca de su casa una aswang, una bruja filipina, y tras echar un mal de ojo al bebé éste cayó al suelo fulminado e inconsciente. Ningún médico ni curandero de la isla supo qué enfermedad sufría el niño, y por mucho que lo intentaran nada podían hacer por salvar su vida.

Y de pronto la pareja recordó que tras el nacimiento de su hijo nunca habían vuelto a aquel árbol para dar gracias al espíritu por su ayuda. Corrieron a la jungla para buscarle y le encontraron descansando en el mismo árbol donde un año antes habían hablado con él. Le pidieron disculpas por haberse olvidado de agradecerle su favor y entre lágrimas le explicaron la situación de su hijo y le rogaron que hiciera algo para curar esa extraña enfermedad. En ese mismo instante el bebé volvió a la vida.

Cuando la pareja regresó a su hogar y encontró a su hijo tan sano y lleno de vida como antes de la visita de la aswang se organizó una gran fiesta en el barrio, familiares y vecinos se acercaron a visitar al niño y durante una semana no faltaron comida, bebida, música y bailes tradicionales. Al cabo de un año se volvió a celebrar otra fiesta en tributo al espíritu de los lanzones, y así año tras año hasta ahora.




Este año no hemos querido perdernos el Lanzones Festival, teníamos previsto pasar unas semanas en Camiguin y pensamos que sería perfecto venir este mes, cuando se celebra la fiesta. Y la verdad es que no nos ha defraudado, durante una semana esta isla cambia su cotidiana tranquilidad por el desmadre general. Una especie de mezcla entre tradiciones indígenas y un carnaval brasileiro, debido sobre todo a los disfraces de la gente y a las batucadas que no paran de sonar.

La mayoría de las actividades del festival tienen lugar en Mambajao, la capital de la isla. Allí se concentran los chiringuitos de comida y bebida, los puestos de venta de frutas, verduras o artesanía local, y atracciones para la chavalería como la noria y hasta el tren de la bruja. También se monta una zona para las verbenas nocturnas donde las actuaciones musicales y el bailoteo no cesan hasta que amanece.

Y en estadio de fútbol se celebra lo más importante del festival. Los concursos de la reina de los lanzones y unas espectaculares actuaciones sincronizadas donde los chavales de la isla, representando a sus escuelas, organizan unos preciosos mosaicos a través de sus bailes y disfraces llenando el lugar de música y un colorido alucinante.

Pero la fiesta no acaba en Mambajao, todos los vecinos de la isla colaboran para adornar sus pueblos y barrios con guirnaldas y se reparten lanzones en cada esquina. Por cada lugar que pases siempre habrá una cuadrilla que te invitará a compartir con ellos unos tragos de ron, comer algo o bailar un rato al son de guitarras y batucadas. Los habitantes de Camiguin son conocidos por trabajar duro en la mar o en el campo, pero al menos durante la semana del Lanzones Festival las obligaciones pasan a un segundo plano.


viernes, 17 de octubre de 2014

CHAOLONG RESTAURANTS EN PUERTO PRINCESA


Muchos turistas se sorprenden cuando llegan a la isla de Palawan, al suroeste de Filipinas, y ven tantos restaurantes de comida vietnamita. La mayoría de ellos se encuentran en Puerto Princesa, la capital de la isla, y se distinguen por la palabra chaolong que figura en sus carteles. Tal cantidad de vietnamese cuisine tiene su explicación, son una herencia de los refugiados que huyeron de Vietnam y llegaron a Palawan hace casi cuarenta años.

A decir verdad ya no quedan muchos vietnamitas en la isla, fueron emigrando a otros países, montaron los restaurantes y al abandonar Palawan vendieron sus negocios a los filipinos. Pero los nuevos dueños han sabido mantener la tradición de la cocina vietnamita, aunque la han aderezado con un cierto estilo local.


Los menús no tienen mucha complicación, básicamente el plato estrella en todos ellos es una sopa de noodles de arroz glutinoso a la que se añade ternera, pollo o cerdo, dependiendo del gusto de cada uno. También se puede añadir un huevo cocido para darle otro toque. Van acompañados de un platito con otros aderezos como albahaca, menta, limón y brotes de soja. Y en cada mesa hay un par de tarros con chili y pimentón para darles más calor si cabe.

Otra de las joyas de la corona de estos restaurantes que a mí me apasionan para acompañar la sopa son sus baguettes estilo francés, no olvidemos que Vietnam fue colonia francesa junto a otros países del sudeste asiático formando la antigua Indochina. Barras de pan calentitas y recién salidas del horno que se pueden pedir solas o con mantequilla, ajos, carne y hasta paté. Un pan bien trabajado es algo de lo que más echo de menos por estos lares, y en Palawan tengo la suerte de poder comprarlo a diario.


En los chaolong se puede comer por cuatro perras, ningún plato supera un euro en su precio, eso hace que sean frecuentados por todo tipo de personas, desde familias, grupos de amigos o trabajadores hasta turistas y expatriados residentes en la isla. Y lo mejor de todo es que están abiertos venticuatro horas al día, si en mitad de la madrugada tras una noche de farra nos pica el gusanillo no tenemos mas que buscar un chaolong. Eso sí, no se vende alcohol a partir de medianoche, de esa forma impiden que sus locales se llenen de borrachuzos que quieren continuar la fiesta.

Quizás el chaolong con más calidad de Puerto Princesa sea el Rene's Saigon, en Rizal Avenue, un poquito más caro y con más variedad de platos vietnamitas en su menú. Aunque mi favorito y el más famoso es el Bona's, en Manalo Street, a menudo resulta difícil encontrar un sitio libre, a pesar de que se puede compartir mesa con otros comensales, pero la cantidad de sus noodles y el ambientazo que suele haber es espectacular. Así que aviso a navegantes, cuando lleguéis a Palawan pasaréis por Puerto Princesa con toda seguridad, no dudéis probar la comida de un chaolong aunque sea una sola vez.


miércoles, 1 de octubre de 2014

VIETNAMITAS EN PALAWAN


Tras la caída de Saigón, en 1975, llegó a su fin la guerra de Vietnam. Las tropas del Vietcong establecieron la capital en Hanoi, en el norte del país, y comenzó una nueva era comunista que con el paso del tiempo fue acoplándose al capitalismo y poco a poco terminó abriendo sus fronteras a turistas y demás visitantes.

Pero durante el final de esa década fueron muchísimos los vietnamitas del sur que perseguidos por el nuevo gobierno o acusados de colaborar con los americanos decidieron huir de sus hogares antes de sufrir terribles represalias. Era difícil hacerlo por tierra e imposible por aire, así que la mayoría decidió de la noche a la mañana escapar por el mar del Sur de China, navegando con su familia en todo tipo de barcos sin rumbo fijo, sólo pensaban en perder de vista la costa y ya llegarían a algún otro lugar donde les acogerían y podrían empezar una nueva vida.

Muchos no tuvieron esa suerte, acabaron sus vidas en el mar sin llegar a ningún lado, deshidratados o muertos de hambre, o azotados por temporales y tifones que sus precarias naves no podían vencer. Otros llegaron a países vecinos del sudeste asiático como Malasia, Tailandia o incluso Hong Kong, pero no encontraron el recibimiento que esperaban. Nada más llegar, descubrieron que esos países pretendían repatriarlos a sus lugares de origen, a pesar de las fatales consecuencias que tendría aquella vuelta al nuevo Vietnam. Fueron muchos los que suicidaron antes de sufrir esa pesadilla.

Pero unos cuantos centenares tuvieron la fortuna de llegar a Filipinas, concretamente a la isla de Palawan. Tras muchos días de navegación, el viento y las corrientes les llevaron a desembarcar en Port Barton, una pequeña bahía en el oeste de la isla que hoy en día sigue siendo un lugar idílico, paradisiaco y tranquilo. Un pequeño pueblo habitado por pescadores y agricultores donde los viejos ven pasar la vida a la sombra de los cocoteros y los niños juegan y ríen en sus callejuelas de arena blanca.


Y cuando los habitantes de Port Barton vieron llegar a la playa a toda esa gente cuyo idioma no entendían ni siquiera se preguntaron quiénes eran, de dónde venían o si tenían papeles en regla, nunca les educaron para que llamaran ilegales a otros seres humanos. Comprobaron que eran personas con rasgos físicos muy parecidos a los suyos y que estaban desesperados, tenían miedo, hambre y sed.

Al instante decidieron acogerlos en la escuela del pueblo, los niños podían seguir recibiendo sus clases al aire libre, pero los recién llegados necesitaban un techo. Y a pesar de que los palaweños son gente humilde a la que no les sobra nada todos pusieron su granito de arena para ayudar a los vietnamitas. La escuela se llenó de comida, ropa limpia y seca, y hasta rudimentarios juguetes y chucherías para los niños.

Cuando pasados unos días los nuevos habitantes recuperaron su salud y sus sonrisas, llegaron las autoridades de la isla desde Puerto Princesa. No es fácil llegar a Port Barton desde la capital, sobre todo en temporada de lluvias cuando la carretera de tierra que cruza la jungla de este a oeste se encuentra prácticamente anegada por el agua, el barro y los deslizamientos de tierra.

Finalmente, y con el permiso de Manila, se tomó una decisión. Palawan era y sigue siendo una isla con muy pocos núcleos de población, la mayor parte sigue virgen, una costa desierta a cada lado y una espina dorsal formada por montañas y jungla. Un paraíso donde no faltan recursos, tierra fértil y buena pesca. Aquellos vietnamitas podían quedarse a vivir allí, con un poco de ayuda podían construir humildes casas de bambú, ratán y hoja de palma. Aprovecharían el agua de cualquier río, labrarían la tierra y cultivarían arroz para obtener su sustento.


Dicho y hecho, a unos quince kilómetros de Palawan establecieron una comunidad que con el tiempo llegó a tener hasta dos mil refugiados vietnamitas y le pusieron el nombre de Viet Ville, un pequeño pueblo con calles ordenadas y limpias, jardines, árboles para ofrecer buena sombra, una pequeña iglesia católica y un templo budista.

Aunque como se puede ver en las fotos casi no queda nada de Viet Ville, el pueblo está casi abandonado y sólo quedan cuatro o cinco familias viviendo en alguna de sus destartaladas casas. La mayoría de los refugiados consiguieron con el tiempo asilo político en lugares como Estados Unidos o Canadá y comenzaron su emigración al "primer mundo".

Pero se sigue recordando con cariño la excelente relación que se estableció entre palaweños y vietnamitas. Me comentan que jamás tuvieron ningún problema con la gente local, eran buenos trabajadores y gente formal que no se metía en líos, además se integraron muy rápido en la cultura y el modo de vida filipino e incluso se preocuparon de aprender y hablar tagalog. Por otro lado, son muchos los refugiados emigrados que siguen en contacto con sus amigos palaweños, nunca olvidarán lo que hicieron por ellos y sus familias cuando llegaron a la isla sin nada, totalmente desesperados.

Y yo sigo disfrutando en Palawan de una de las herencias de estos vietnamitas, su gastronomía. Su cocina tiene fama mundial y es de las más variadas del sudeste asiático, así que algunos de los refugiados supieron sacar provecho del asunto y montaron cantidad de restaurantes que años después siguen teniendo gran éxito entre palaweños y visitantes. Se pueden encontrar en toda la isla restaurantes de comida vietnamita llamados chaolong... pero será otra historia que ya iré contando.


lunes, 15 de septiembre de 2014

EL CAVIAR VERDE FILIPINO



En las fotos de esta entrada aparece otra delicatesen típica de la gastronomía filipina. Se le suele llamar caviar verde o uvas del mar, pero en realidad se trata de un tipo de alga marina llamada lato en tagalog, o caulerpa lentillifera si alguien está interesado en saber su nombre científico. Crece en los mares de todo el archipiélago, sobre todo en la zona de las Visayas y Mindanao, e incluso existen varias fábricas dedicadas a su cultivo y posterior exportación a lugares como Japón y Estados Unidos.

Se encuentran en cualquier palenke o mercado callejero, aunque también las puede coger uno mismo con unas gafas de bucear y un cuchillo ya que crecen a muy poca profundidad. Su mejor época es la temporada seca entre Octubre y Mayo, durante la temporada lluviosa en plena estación de monzones la salinidad del mar disminuye bastante y consecuentemente afecta a la calidad y el sabor del lato.

Y prepararlas para la mesa es muy sencillo, no hace falta ser un experto cocinillas. No hay más que lavarlas bien en agua dulce teniendo cuidado de no romper sus bolitas verdes y ya están listas para degustar. Resultan exquisitas con vinagre y limón, o también en ensalada con algo de tomate y cebolla. Son un perfecto acompañante para cualquier plato de pescado o marisco y es un verdadero placer para nuestro paladar sentir cómo explotan sus bulbos dentro de nuestra boca mientras sentimos su sabor fresco y jugoso.

Además, su contenido esta lleno de ventajas para nuestro organismo. Son ricas en yodo, magnesio y calcio, y según parece ayudan a reducir la tensión alta, evitan problemas de tiroides y hasta ataques al corazón. Al menos de lo que estoy seguro es que el lato me encanta, tan sólo había probado alguna vez algas marinas en restaurantes japoneses y la verdad es que no me habían hecho mucha gracia, pero este caviar verde me vuelve loco, mucho más que el caviar real.

lunes, 1 de septiembre de 2014

PELEAS DE GALLOS EN FILIPINAS


Nunca había tenido ningún interés en acudir a ver en directo una pelea de gallos, no me gusta ver el sufrimiento de estos animales en una batalla parecida a la de los antiguos gladiadores romanos, jugándose la vida al cincuenta por ciento para el regocijo y desparpajo del público presente.

Pero para conocer a fondo Filipinas hay que empaparse de todas sus aficiones, cultura, folklore y tradiciones. Y para los pinoys, estas peleas son consideradas, junto al baloncesto, el "deporte" nacional del país. Cada ciudad, pueblo, barrio o barangay tiene su propia gallera, un ring más o menos circular rodeado de su correspondiente graderío para acomodar a los asistentes y apostantes.

Como otras muchas tradiciones filipinas, las peleas de gallos son una herencia de la colonización española, y a pesar de estar prohibidas en casi todo el mundo aquí son totalmente legales, no hace falta que se celebren de forma clandestina, con lo que son anunciadas en carteles, megáfonos e incluso periódicos. Es fácil saber de antemano en qué lugar se va a disputar una buena pelea.



Ser criador de gallos es un negocio floreciente para muchos filipinos, aunque naturalmente hay que tener al menos unas cuantas decenas, teniendo tan sólo dos o tres los perderían rápidamente en un par de combates. Y entrenarlos y mantenerlos a tono también cuesta su dinero, dicen que un criador cuida más a sus animales que a su familia.

Hasta sus primeros combates los gallos son mimados por sus dueños. Se les suele alimentar a base de maíz, verduras y granos de avena remojada para que mantengan un equilibrio apropiado de humedad en sus tejidos. También se les da pan con leche, arroz, cebada y mucha agua fresca.

También tienen mucha importancia las visitas periódicas al veterinario para hacerles unas revisiones más propias de deportistas y mantenerlos desparasitados. Incluso llegan a doparlos, o al menos los atiborran de fármacos y vitaminas para mejorar su elasticidad, resistencia y ese impulso extra que necesitan a la hora del combate.



Estando en El Nido, al norte de la isla de Palawan, nos enteramos de que iba a tener lugar ese domingo una buena pelea en la gallera de un pequeño pueblo situado a unos diez kilómetros de nuestra casa. Se celebraban las fiestas patronales de esa zona y el combate era la actividad estelar de su programa. Iría mucha gente y se apostarían gran cantidad de pesos. Perfecto, pensé que era el momento ideal para conocer ese mundillo.

Así que cogimos la moto y tomamos rumbo a Manlalec. Al llegar al pueblo se notaba el típico ambiente festivo en su calle principal, guirnaldas y banderas, una banda de música, un concurso de misses, un torneo de baloncesto y unos cuantos borrachuzos haciendo eses hasta arriba de ron o brandy. No veíamos la gallera por ningún lado pero tras un par de indicaciones seguimos por una estrecha pista de tierra y enseguida nos dimos cuenta que habíamos llegado.

Cantidad de motos aparcadas en un pequeño claro de la selva, un griterío ensordecedor, gente yendo y viniendo, vendedores de comida y bebida, y unos cuantos de los que manejan las apuestas agitando grandes fajos de billetes en sus manos. Habíamos llegado, por fin iba a presenciar mi primera velada de peleas de gallos.



Jhing se quedó un poco más apartada de la gallera, comiendo algo y bebiendo agua de coco, no suele ser normal que las mujeres vean los combates, pero yo me metí en todo el cotarro. Se podían contar los extranjeros con los dedos de una mano, y cuando me vieron con la cámara de fotos me trataron de maravilla y me dieron plena libertad para moverme donde quisiera, desde el interior de la gallera hasta el lugar en el que se encontraban los gallos y sus cuidadores, pasando por la enfermería donde curaban y cosían a los pobres animales que habían sobrevivido tras una batalla encarnizada.

No aposté un sólo peso, más que nada porque no me apetecía tomar partido por ninguno de los gallos y ponerme a dar gritos animando a uno para que intentara matar al otro. Me dediqué a observar, tomar fotos, hablar con la gente y hacerles un montón de preguntas. Y entre pelea y pelea brindar con unos tragos de ron con los locales, ya fueran vencedores o vencidos.

Los combates son espeluznantes y no aptos para cardiacos, es normal que si estás en primera fila del ring acabes con alguna salpicadura de sangre. Son peleas rapidísimas, los gallos llevan unos espolones de acero afilado en sus patas y tras ser calentados por sus cuidadores se sueltan y comienzan a machacarse a saltos y zarpazos. El perdedor acaba grogui o simplemente muere. Ya he dicho al comenzar este post que no es algo que personalmente me entusiasme, pero es parte de la vida filipina y, al menos una vez en la vida, hay que ver una pelea.



jueves, 21 de agosto de 2014

JUEGOS DE GUERRA



"Siete de la mañana, Saigón, sur de Vietnam, me despierto sudoroso y lo primero que ven mis ojos es un ventilador colgado del techo de mi habitación moviendo sus aspas sin cesar, flap, flap, flap, flap, flap... A medida que me desperezo recuerdo que tengo una misión que cumplir, pongo música, The End, interpretada por The Doors, el tema que abre Apocalypse Now, esa magnífica película de Coppola..." (podéis darle al play abajo del post para entrar en ambiente).

Pero no, este no es el Vietnam de los años setenta, ni yo soy Martin Sheen, ni tengo que ir río arriba en busca del enigmático coronel Kurtz. Mi misión era mucho más sencilla, tan sólo me disponía a pasar el día en plan dominguero en Cu Chi, un distrito a unos cuarenta kilómetros de Saigon, en la Route 1, la carretera que lleva a Camboya, hacia el oeste de Ho Chi Minh. Bueno, ese es su nombre actual, yo prefiero llamarla Saigón, como lo siguen haciendo sus habitantes.



No voy a extenderme mucho con la historia del país, pero si hablamos de Vietnam al instante nos viene a la memoria la palabra guerra. Logró su independencia en 1954, cuando formaba parte de la Indochina francesa junto a Laos y Camboya. Y en un principio se formaron dos países, el Vietnam del Norte y el del Sur. Los del norte, comunistas, fueron tomando posiciones y bajando hacia el sur hasta conquistar Saigón. Los americanos apoyaban a estos últimos y estuvieron allí entre 1965 y 1973, hasta que abandonaron Vietnam tras darse cuenta que estaban perdiendo la guerra, no tenían nada que hacer contra las guerrillas del Vietcong y en su propio país estaba creciendo un fuerte rechazo popular ante tal desastre.

Las tropas del norte tomaron el sur y esa guerra civil acabó en 1975. Aunque el mayor impulso y éxito del Vietcong fue la ofensiva del Tet, en 1968. Guerrillas perfectamente organizadas tomaron gran cantidad de ciudades del sur sin que los americanos, no acostumbrados al clima tropical ni a la jungla, pudieran hacer nada. Poco a poco, el ejército del Vietcong fue creando un gran número de túneles y escondrijos que servían como rutas de comunicación y suministros, hospitales, almacenamiento de alimentos y armas, y alojamiento de guerrilleros. Estos laberintos subterráneos llegaron hasta distritos muy cercanos a Saigón, y uno de los más conocidos es el que se encuentra en Cu Chi, ese cuya misión me disponía a iniciar.



Se puede decir que el comunismo vietnamita se adaptó al capitalismo en la década de los ochenta y enseguida abrió sus fronteras al turismo. Y aparte de sus bellezas naturales, su historia o su cultura, supieron como sacar tajada de las zonas más conocidas de su reciente guerra, lugares como la ciudad de Hue o los túneles de Cu Chi. En cantidad de tiendas a lo largo de todo el país es muy fácil encontrar artículos de guerra vendidos como souvenirs, desde uniformes militares o antiguas armas de fuego hasta medallas y carteles propagandísticos, pasando por los clásicos mecheros zippo de los soldados americanos que a pesar de ser nuevos y fabricados en China te prometen y aseguran que son yankies y fueron arrebatados a su tropa una vez machacados por el gran Vietcong.

Ir de Saigon a Cu Chi es relativamente fácil, cualquier agencia turística de las muchas que existen en el centro de la ciudad te organizan un tour por tan sólo unos cinco dólares. Te recogen en tu hotel, te llevan hasta los túneles en una furgoneta con otra docena de turistas y te devuelven a Saigón por la tarde después de hacer un par de paradas estratégicas en alguna tienda para guiris a ver si picas y compras algo para llevarte de recuerdo a casa.



Pero yo, como se suponía que iba a cumplir una misión secreta, pasé de apuntarme a ese zoológico y decidí ir por mi cuenta alquilando una moto, una Honda Dream 125cc semiautomática. Craso error, Saigón es conocida como la capital mundial de las motos, dicen que unos siete millones circulan sin parar por avenidas, calles, callejuelas, aceras y demás, así que sólo conseguir salir de esa inmensa ciudad me costó mucho tiempo y un buen quebradero de cabeza.

Menos mal que otros conductores sintieron lástima y al ver a ese extraño guiri totalmente perdido decidieron ayudarme un poco. Tras esperar en un semáforo rodeado de otros cien moteros vietnamitas, uno de ellos me dijo algo que no entendí pero supongo que sería algo así como "pero dónde vas, alma de cántaro", y yo lo único que pude contestar fue "Cu Chi, Cu Chi...". En fin, caras de asombro y descojono general. Tras un cuchicheo entre ellos hubo uno que me indicó que le siguiera y finalmente pude dejar Saigón atrás, de allí hasta Cu Chi la ruta resultó mucho más tranquila y agradable.



Y al llegar a los túneles de Cu Chi dejé de ser un agente secreto y me convertí en otro turista más, no quedaba otro remedio. Todo el recinto es una especie de parque temático atestado de gente en el que hay que moverse casi en fila india siguiendo a un guía que va dando explicaciones en inglés del lugar y las batallas que allí ocurrieron mientras ensalza al glorioso ejército del Vietcong y a su querido y amado líder, el señor Ho Chi Minh.

Pero la verdad es que es un sitio que merece una visita, sobre todo si vais a estar en Saigón un par de días. Es increíble ver cómo unos cuantos guerrilleros enclenques, cansados y mal alimentados, pero con la moral por las nubes, consiguieron desesperar y derrotar a las tropas del Tío Sam. Un trozo de jungla donde todavía se pueden ver algunas de las trampas que utilizaban, hechas con estacas de bambú afiladas, serpientes, escorpiones o arañas. Una especie de ciudad subterránea que aguantaba hasta las bombas de los B52, llama la atención los socavones producidos por éstas. También puede jugar uno a ser guerrillero disparando todo tipo de armas, desde pequeñas pistolas hasta bazookas, e incluso me adentré en uno de los túneles abiertos al público, nunca más, no he pasado tanta claustrofobia en toda mi vida.





lunes, 18 de agosto de 2014

IGLESIA NI CRISTO




Ya sé que al ver el título de este post o el cartel que sale en la fachada de esta iglesia nos entra la risa floja, y supongo que ocurre lo mismo a todos los hispanohablantes que visitan Filipinas, es normal, da juego a un chiste fácil y pensamos "será que a esta iglesia no entra ni Cristo". Pero no, en realidad significa Iglesia de Cristo, ya que en tagalog ni se traduce como nuestra preposición de. Y no tiene gracia la cosa, a mí personalmente me da un poco de yuyu.

Es sabido que la religión mayoritaria en Filipinas es el catolicismo, fruto de la colonización española que en su principio llenó el archipiélago de curas agustinos. También hay un pequeño porcentaje de musulmanes, sobre todo en el sur, en la región de Mindanao. Y después se sumaron al banquete unos cuantos presbiterianos, evangelistas, adventistas del séptimo cielo, mormones, metodistas, etc.

Se supone que la Iglesia de Cristo, o como quieran llamar a esta secta, sólo cuenta con un cinco por ciento de la población pinoy, pero visto lo visto me extraña que no sea más e indagando un poco en el poder que tiene estoy seguro que desgraciadamente irá subiendo en el ranking. Este año se celebra su centenario, fue fundada por un iluminado llamado Félix Manalo en 1914. Este iluminado dijo que Dios se le apareció un día para decirle que había que restaurar el cristianismo que había ido degenerando tras fallecer Jesucristo, y sus fieles le consideraron como el último profeta. Además, debió montar una especie de monarquía, ya que tras su muerte fue un hijo suyo quien heredó el trono y ahora es su nieto quien maneja los hilos de tal bendición.

A diferencia del catolicismo ignoran la Santísima Trinidad, niegan la deidad de Jesucristo y no creen en el Espíritu Santo, dicen que sólo creen en lo que dice la Biblia y que el resto de cristianos son apóstatas que no conseguirán la salvación. Están convencidos de que cuando sus fieles la palman su espíritu vuelve a Dios, allí resucitan y viven en un lugar que ellos llaman la Nueva Jerusalén. No sólo eso, sino que tras mil años resucitarán de nuevo, ¡qué obsesión!, y los que no pertenezcamos a su secta acabaremos en el lago del fuego. Ese día se llamará el del último juicio, y hasta Jesucristo volverá a resucitar.

No todo iba a ser tan malo, comparto una de sus reglas básicas. Para pertenecer a su iglesia hay que bautizarse, pero de adulto y tras una formación que dura unos seis meses. A mí me bautizaron con tres días de vida, no recuerdo nada pero nadie me preguntó si estaba de acuerdo o no, y claro, en esa amplia experiencia vital que tenía entonces me imagino que mis únicas preocupaciones eran alimentarme de la leche de mi madre y sobar el mayor número de horas posibles. Y como para borrarme del catolicismo hoy en día, apostatar resulta más complicado que darte de baja en Facebook.

La Iglesia ni Cristo no admite que se la defina como secta, se basan en sus obras de caridad a pobres y necesitados, a sus ayudas económicas a víctimas de catástrofes, recordemos que Filipinas bate todos los records en cuanto a desastres naturales tales como tifones, tsunamis, inundaciones o terremotos... y hasta tienen un par de records Guinnes en este aspecto, parece que se preocupan más en aparecer en estas estadísticas que en otra cosa. Pero su influencia política y social es más que sospechosa.

Poseen una gran fortuna fruto de las donaciones de sus fieles y vaya usted a saber de qué más. Son los principales accionistas de un gran número de las empresas más potentes del archipiélago, tienen cantidad de cadenas de radio y televisión, y enormes catedrales en más de cien países a lo largo del planeta. Incluso han comprado un pueblo entero llamado Scenic en el estado americano de Dakota del Sur. Algo muy raro para una religión que sólo representa a un pequeño porcentaje de la población pinoy.

Y lo más alucinante, cuando hay elecciones todos sus fieles deben votar en bloque bajo vigilancia de sus supervisores, y, por supuesto, a quien su jefe les diga. Sobra decir las ingentes donaciones bajo la mesa que recibirán de los dirigentes del gobierno para obtener sus votos. Hasta se ha declarado fiesta nacional el aniversario de su fundación que celebran este año, algo que todavía no acaba de entender la población filipina.

Quise obtener más información intenando entrevistar al Ministro de su principal catedral en Puerto Princesa, en la isla de Palawan. Para que me permitieran entrar en su mundo tuve que ir a la cita con zapatos, pantalón y camisa de manga larga, algo que tras años de vivir en un clima tropical no estoy muy acostumbrado a usar. Y total para nada, no me dijeron gran cosa. El Ministro me comentó que antes de hablar conmigo debía pedir autorización a su Executive Minister, y tendrían que ver todo lo que iba a escribir, dónde y cuándo. No me gustó nada todo aquello y me lo quité de la cabeza. Algunos amigos filipinos me insistieron en que tuviera mucho cuidado, están seguros de que esta gente es una mafia peligrosa y si quería seguir viviendo en Filipinas o pasando largas temporadas por aquí sería mejor que desechara mi idea, podría ser víctima de cualquier "accidente".



jueves, 14 de agosto de 2014

JEEPNEYS: LOS AUTOS LOCOS DE FILIPINAS


En un país como Filipinas con más de siete mil islas hay muchas formas para moverse de un lado a otro del archipiélago. Cantidad de compañías marítimas con todo tipo de embarcaciones, desde ferrys más o menos modernos hasta barcos de carga habilitados para llevar pasajeros o tradicionales bangkas, trimaranes con patines de bambú. Y en los últimos años gracias a la proliferación de líneas aéreas low cost cada vez resulta más fácil y barato viajar en avión.

Y una vez dentro de una isla nos podremos desplazar en todo tipo de transportes comunes como autobuses, furgonetas, taxis o tricicles, un tipo de sidecar parecido a los que se ven en otros países asiáticos. Pero hay un vehículo para moverse entre pueblos o dentro de ciudades que enseguida nos llamará la atención por su diseño, su decoración y el ambiente que se suele formar en su interior. Me refiero a los jeepneys, otra de las muchas tradiciones filipinas que no veremos en ningún otro lugar del sudeste asiático.


Los primeros jeepneys fueron los típicos willys del ejército americano que fueron abandonados en Filipinas al finalizar la segunda guerra mundial. Algunos emprendedores y pequeños empresarios se dieron cuenta que no hacía falta acabar de destrozar esos cacharros y venderlos como chatarra, eran unos vehículos con una carrocería realmente dura, con tracción a las cuatro ruedas y podían recorrer cualquier lugar de las islas a pesar de que los caminos estuvieran destrozados o llenos de barro y agua. Ya estaban germinando una idea que tuvo y sigue teniendo un gran éxito en todo el archipiélago. Tan sólo había que alargar esos jeeps un poco para que entraran más personas y se convertirían en perfectos medios de transporte, algo que no habían visto en el país hasta esa fecha.

Lógicamente, aquellos viejos jeepneys fueron sucumbiendo con el paso de los años y ahora son fabricados por un par de empresas locales que han intentado mantener el mismo diseño que tenían los antiguos. Incluso en algunas ciudades los están cambiando por furgonetas modernas de marca japonesa que sin tener el mismo encanto los decoran de igual manera y al menos no consumen y contaminan tanto como sus antecesores.


Lo primero que llama la atención de un jeepney es su exterior, un enorme vehículo de chapa de acero repleto de luces, alerones y graffitis de una gran calidad artística pintados con aerógrafo a gusto del propietario, desde imágenes religiosas hasta musicales pasando por escenas tropicales propias del país. Quien mejor decorado tenga su jeepney más llamará la atención de los pasajeros. Cada vez estoy más convencido de que el tuning se inventó en Filipinas, y algunos también llevan instalado un potente equipo musical para amenizar sus trayectos.

Pero para conocer bien cómo funciona un jeepney hay que meterse dentro, algo que a muchos turistas les causa pavor ya que piensan que es un auténtico caos y acabarán perdidos en cualquier lugar desconocido. Que no cunda el pánico, es muy fácil moverse en ellos y tanto el conductor como el resto de pasajeros estarán encantados de echarnos una mano.


En los laterales de un jeepney siempre aparecen escritos los lugares que va a recorrer, eso es lo primero que debemos mirar. Una vez escogido nuestro destino subiremos por la parte trasera, eso sí, con la cabeza agachada para no rompernos la crisma con el techo, y buscaremos un sitio libre en uno de los dos bancos que están situados uno frente al otro. Probablemente estaremos algo apretujados unos con otros pero no pasa nada, como es posible que no haya dentro más kanos (extranjeros blancos) seremos al momento el punto de atención y comprobaremos al instante la amabilidad y hospitalidad filipinas. Nuestro viaje en jeepney se va a convertir en una animada conversación llena de preguntas, respuestas y risas, muchas risas con el resto de pasajeros. Una forma de conocer mejor la vida cotidiana de los filipinos sin hablar únicamente con quienes se dedican al turismo.


Otra ventaja de los jeepneys es su ridículo precio, en casi ningún trayecto pagaremos más de diez pesos por persona, menos de veinte céntimos de euro. Y lo más sorprendente es la forma de pago, el propio conductor es el que maneja la pasta y los pasajeros se van pasando el dinero unos a otros hasta llegar a él. Si nos tienen que dar las vueltas será el conductor quien realice el mismo proceso en sentido inverso hasta que el dinero llegue a nuestras manos.

Para terminar, añadir que un jeepney no tiene paradas concretas, podemos cogerlos en cualquier lado de la calle o la carretera agitando la mano y cuando queramos bajar no tenemos más que golpear el techo con una moneda o decir "para", así como suena, el verbo parar se dice exactamente igual en tagalog que en español.