sábado, 20 de febrero de 2010

PUSHKAR


Cuenta la leyenda que el dios Brahma, el creador, el primero entre las numerosas divinidades hinduístas, dejó caer una flor de loto de su mano en una zona desértica y nació un hermoso lago, y un no menos hermoso pueblo creció en torno a ese lago, Pushkar, una de las maravillas que hay que visitar si se recorre el Rajastán, un pequeño pueblo de unos quince mil habitantes que no ha cambiado mucho con el paso de los años. Y a lo largo de su historia han sido varios los factores que se han unido haciendo de Pushkar un lugar muy especial.

Se puede hablar primero de su antiguedad, nadie sabe a ciencia cierta cuando se fundó, pero ya aparecía el nombre de Pushkar en el Ramayana y en el Mahabarata, aquellos libros que no suenan de la etapa escolar y ya era todo un reto aprenderse los títulos. En otros textos aparece como lugar de paso en la ruta de las caravanas desde China y el Tibet hacia el Asia Central, hoy en día todavía se sigue celebrando en Pushkar el mercado de camellos más grande del mundo. Lo cierto es que ningún historiador se ha atrevido a dar una fecha aproximada acerca de sus orígenes.


Luego está su religiosidad, al haber sido creado por Brahma se ha convertido en uno de los principales lugares de peregrinación del país, otro lugar santo donde la dieta es estríctamente vegetariana y está prohíbido el alcohol. Cantidad de carteles repartidos por las calles nos recuerdan a los paganos occidentales que debemos comportarnos con decoro y respeto mientras estemos en Pushkar. Se supone que las aguas de su lago purifican el espíritu de los fieles, pero desgraciadamente no lo he podido comprobar ya que sacaron el agua el año pasado para limpiar el fondo y como no ha llovido nada sigue hecho un secarral, sólo quedan unas pozas en los principales ghats donde se consuelan y lavan lugareños y peregrinos. Y pese a que Brahma es el dios creador apenas existen en todo el país un par de templos dedicados a él, y el principal está en Pushkar, de ahí que desfilen diariamente por sus calles miles de visitsntes venidos de toda la India, desde peregrinos o sadhus hasta familias enteras o grupos organizados.


Pushkar fué también lugar de paso en la ruta que hacían los viajeros occidentales por Asia en los años setenta. Aquellos hippies partían desde Europa en trenes, buses o viejas furgonetas en busca de un nuevo estilo de vida y de lugares míticos como Kabul, Kathmandu o Goa. Hoy en día todavía quedan reminiscencias de aquellos tiempos y aún se ven bastantes hippies entrados en años que parecen sacados de Woodstock y suelen pasar en Pushkar largas temporadas, aunque la verdad que les van superando los pijo-hippies de nuevo cuño y esotéricos varios excesivamente iluminados.

También se ven a diario personas llegadas de las aldeas del desierto, unos a intentar vender algo y otros a comprar productos que escasean en sus comarcas. Es curioso ver como deambulan entre peregrinos y occidentales y a veces dan la sensación de estar más sorprendidos que nosotros mismos ante tanta mezcla de culturas. Alguno se da un aire al Farruquito, y es que dicen que los gitanos vienen del Rajastán, debe ser verdad, además conducen como él.


Y a Pushkar también va mucho occidental de negocios, una mezcla de viaje entre trabajo y placer. Es un buen sitio para los que quieren comprar algo de ropa, artesanía, plata, especias, etc., con el fin de venderlo luego en casa. Aquí los comerciantes tienen fama de ser gente seria y reponsable tanto en la preparación de la mercancía como en el envío a Occidente. Pasé unos días estupendos con Vicen y Bea, unos amiguetes que venían a eso, y también me encontré con Loli, otra chica de Lanzarote.

Así que a pesar de que el lago esté sin agua, de que no se pueda comer carne ni huevos, de que impere la ley seca y de que hacía un frío de cojones cuando pasé por allí, Pushkar es uno de esos sitios que te va atrapando sin darte cuenta hasta que un día dices: -"Coño, casi que me voy a ir poniendo en marcha otra vez"-. El ambientillo que da toda esa mezcla de gente, el hecho de que no puedan conducir coches por el centro del pueblo, la gran cantidad de templos, su arquitectura, su tranquilidad, lo barato que es... todas esas cosas han hecho de ese lugar uno de mis preferidos en la India.

1 comentario:

david dijo...

impresionantes construcciones. Lo digo por la carreta con el maromo encima!
aupa Oskar
dvid aizpuru