martes, 10 de agosto de 2010

DE CUANDO LLEGUÉ A GOA


Llegué a Goa a principios de Febrero, cuando ya llevaba unos cuatro meses y medio de viaje, descubrí un paraíso y además me reencontré con el mar, con el Mar de Arabia en este caso. Hasta entonces había disfrutado de paisajes tan envolventes como las montañas del Himalaya, la jungla del Terai nepalés o el desierto de Thar rajastaní, pero echaba de menos el mar.

Nunca había estado tanto tiempo seguido sin verlo y necesitaba olerlo, escucharlo, dejar que el salitre penetrara otra vez por cada uno de los poros de mi piel y volviera a correr por mis venas. Desde que tengo uso de razón el mar siempre me ha acompañado y una vez que dejé el Cantábrico fijé mi residencia en una isla del Atlántico, y no en una cualquiera sino en una de las llamadas Afortunadas.

Venía en tren procedente de Bombay, que también tiene mar pero se asemeja más a una cloaca, y nada más apearme en un pueblo del norte de Goa recibí una bendición, un abrazo tropical. Y es que Goa huele a mar, y a verde, a aceite de coco y a miel de palma, a mango fresco y a pescado a la parrilla. Desde la estación compartí taxi con una viajera californiana hasta el pueblito costero de Arambol, y nada más llegar nos recibió una preciosa puesta de sol, una bola de fuego cayendo sobre el Mar de Arabia. Entonces supe que me iba a quedar en aquel lugar unas cuantas semanas cargando pilas. Una de las cosas que he aprendido acerca de los viajes de larga duración es que el cuerpo humano funciona como una especie de artefacto que carga y descarga baterías constantemente.


Antes de comenzar mi viaje pensaba que Goa no era más que un pueblo costero del Mar de Arabia, un famoso lugar que pusieron de moda los hippies de los sesenta que llegaban aquí a descansar en sus playas después de atravesar lugares míticos como Kabul, Kathmandu o Risikesh. También creía que ese paraíso había desaparecido por culpa de su fama transformándose en un destino vacacional de primer orden dirigido al turismo de vuelo charter, hotel y playa. Otros me habían dicho que en Goa no encontraría la India real, la verdadera India, que allí sólo acudía gente en busca de fiesta a causa de sus relajadas leyes respecto al alcohol y las drogas, jóvenes que empalmaban una fiesta con otra y andaban colocados durante toda su estancia en la zona.

Pero las cosas hay que comprobarlas por uno mismo y me llevé una grata sorpresa al ver que Goa es uno de esos lugares en el que al menos yo podría vivir tranquilamente unos cuantos años. Para empezar Goa no es un pueblo sino un estado, el más pequeño de la India eso sí, pero tiene una preciosa costa de unos cien kilometros donde abundan bosques tropicales, caudalosos ríos, acantilados, playas desiertas y otras no tanto, un lugar para todos los gustos donde cualquiera puede encontrar lo que busca.


En Goa también hay mayor calidad de vida que en el resto del país y eso se traduce en mejores índices de educación, sanidad y limpieza. El tráfico no es tan caótico, la mayoría de la gente disfruta de agua corriente y alcantarillado, y en algunas capas de población quizás se pueda apreciar pobreza, pero no miseria, hay una enorme diferencia entre estos dos términos. Y al estar ubicada en pleno trópico la gente lleva un ritmo de vida mucho más pausado, desaparece inmediatamente ese acoso al que te ves sometido en otras zonas del país.

Y en cuanto a la apreciación de algunos cuando dicen que no refleja la verdadera India yo pensaba, pero bueno, y cuál es la verdadera India, ¿acaso hay una parte más auténtica que otra?. El país es tan grande, tan vasto, tan diferente un lugar a otro respecto a su demografía, su cultura, su lenguaje, sus paisajes, sus creencias, que son mil mundos en uno sólo, no hay un lugar al que se pueda llamar más indio que otro, y ahí es donde reside su pricipal atractivo.


Goa fue colonizada por los portugueses y se reunificó con el resto del país en los años sesenta, no hace tanto. Tras la independencia de la India en 1947 los portugueses se hicieron los locos y no fue hasta veinte años después cuando se largaron. No obstante su legado cultural y artístico es riquísimo y se nota su herencia en el día a día. La mayor diferencia con el resto del país es que aquí casi todos son cristianos, la inquisición entró a cuchillo en Goa y casi todo el mundo se convirtió para evitar la hoguera, los que no pasaron por el aro tuvieron que emigrar a los estados vecinos de Karnataka y Maharastra. Y si en algo me vino bien el que aquí fueran cristianos es que está la veda abierta para las vacas y por fin pude ponerme morado a comer carne de ternera.

Y respecto al tópico de las fiestas playeras y las noches sin fin pues sí, haberlas haylas, no con ese carácter hippie de hace años, algo más indo-electrónicas, pero están localizadas en un par de puntos de la costa. Por otra parte existen otros lugares donde el ambiente es mucho más tranquilo y otros donde se puede ver un turismo más enfocado al de vuelo charter, hotelito a pie de playa y punto, que no les saquen de allí. Pero ya digo que la oferta es amplia y hay donde elegir. Y cuando has vivido el puritanismo de otros estados de la India confieso que recibes con los brazos abiertos el poder salir a tomar unas copas, ver música en directo y estar de marcha hasta las tantas, además Goa tiene los impuestos más bajos del país en materia de alcohol y las birras salen regaladas.


Así que al final y entre una cosa y otra me quede unos dos meses por la zona de Goa, la Sodoma y Gomorra del país para los puristas hindúes. Comencé por Arambol, al norte del estado, y acabe en Palolem, en el sur. Entre un sitio y otro utilicé mis piernas para desplazarme y acabé recorriendo gran parte de su costa caminando por la orilla del Mar de Arabia, parando donde y cuando me daba la gana, una delicia y otra etapa inolvidable de este "billete de ida". Pero eso será otra historia.

6 comentarios:

Willy dijo...

Te envidio, no sabes cuánto.

Tegala dijo...

Siempre me sumerjo tanto en tus relatos que luego me cuesta salir de mi letargo.
Muchas gracias una vez más por compartirlo.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Vaya viaje!! gracias por compartir tanto. Soy la Carmen -frei del blog de Paco Nadal. Si te apetece, también yo escribo sobre viajes...

Un saludo!! -me alegro de estar de acuerdo en el tema comentado.

paco Nadal dijo...

Gracias a tu Óscar por tus comentarios y apreciaciones. Y qué buena la frase de Kavafis... me adhiero a ella
Un abrazo

david dijo...

goa gogoa!

OSCAR dijo...

Willy: yo también te envidio amigo, ¿existe la envidia sana?. Por cierto lectores, no dejéis de leer "Cuadrante Las Planas", el último libro de Willy Uribe y finalista del premio Tusquets.

Tegala: me encanta que te gusten mis relatos, eso es lo que me empuja a seguir.

Carmen: ya he echado un vistazo a tu blog y me ha encantado, sin duda seguiré leyéndote.

Paco: todo un honor que un gran periodista de viajes pase por aquí. Disfruta de tus vacaciones. Por cierto, un profesional del viaje... ¿viaja cuando está de vacaciones?

David: kaixo primo, a ver si pones más fotos de tus hijos en tu blog. Besarkada bat.