viernes, 7 de mayo de 2010

MUMBAI


Cuando los de Mecano escribieron aquello de "Hawaii, Bombay, es un paraíso..." supongo que no conocían esta ciudad, más bien buscaban algo que rimara con Hawaii. No tiene ninguna característica propia de algo que pueda asemejarse a un paraíso, pero de todas formas, y a pesar de que las grandes urbes suelen agobiarme, tengo que decir que esta ciudad me resultó fascinante en cierta forma. Desde luego es una ciudad que no dejará a nadie indiferente.

Quizás se deba al hecho de ser tan enorme. En Bombay todo es exagerado, todo es superlativo, venticinco millones de personas habitan esta metrópoli, se hablan los doscientos idiomas y dialectos de la India, y conviven todas las religiones, hinduístas, jainistas, sijs, animistas, budistas, zoroastrianos, musulmanes o cristianos.

Las diferencias sociales también son enormes, conviven la riqueza más exuberante del país con la más absoluta miseria de gente que día a día llega a la ciudad procedente de zonas rurales, sin nada en las manos, y en el mayor de los casos pasará a engrosar las filas de los diez millones de personas que viven en la calle o en los famosos slums, los barrios de chabolas de Bombay.

Y junto a todos estos parias también viven miles y miles de multimillonarios, si en algún lugar del país se ve concentración de dinero es aquí, hasta ese momento sólo había visto ese nivel de vida en los anuncios de la tele, me parecía una India irreal, pero en las calles de Bombay es más que palpable en forma de restaurantes de lujo, tiendas de grandes marcas, cochazos por todas las esquinas y una nueva sociedad de alto poder adquisitivo a la que le gusta vivir a todo tren de la manera más occidentalizada posible.

Pero por supuesto ambos mundos conviven estrechamente entrelazados y compenetrados, tradición y modernidad, lujo y miseria, amos y criados. Bombay es el motor del país y todo funciona como una máquina perfectamente sincronizada donde los ricos necesitan a los pobres y viceversa. Durante el día unos ofreceran oportunidades para ganar algunas rupias, otros servirán a éstos, otros recogerán las migajas de los unos y los otros y así seguirán tirando un día más millones de vendedores ambulantes, mendigos, leprosos, taxistas o coolies, personas que recorren las calles de la ciudad empujando arcaicos carros de madera donde amontonan cualquier cosa que pueda ser aprovechada, reciclada o vendida. Por la noche cada cual volverá a su mundo, los pobres a sus slums, esparcidos por toda la ciudad en cualquier superficie libre que poder ocupar, y los ricos a sus viviendas de más de un millón de dólares en los lujosos barrios de Colaba, Juhu Beach, Bandra, Marine Drive o Nariman Point, el Manhattan de Bombay.


La llegada a la metrópoli impresiona bastante. Pasé dos veces por Bombay, la primera llegué volando desde Udaipur y lo primero que vi antes de aterrizar fue un mar de chabolas, miles de techo de chapa reflejados con el sol hasta donde alcanzaba la vista, los dos aeropuertos se encuentran completamente rodeados de slums y por ello dicen que es el punto del país con mayor riesgo de enfermar de malaria. Tome un taxi hasta Colaba y enseguida me dí cuenta que el taxista no sólo no entendía ni papa de inglés, sino que tampoco conocía la ciudad. Al principio me cabreé con él, le dije que cómo coño podía estar currando de taxista en el aeropuerto sin saber moverse por la city pero el pobre hombre sólo decía "yes sir, yes sir". Supuse que sería uno de los tantos que acababa de llegar a Bombay procedente del campo. Al llegar a Colaba preguntaba a otros taxistas la dirección de mi hotel pero nadie le hacía caso, se reían de él o le mandaban a la mierda, me imagino que dirían "vaya, otro paleto más que viene a quitarnos nuestro trabajo". El pobre hombre sudaba la gota gorda y viendo que cada vez estaba más agobiado empecé a sentir lástima por él. Intenté tranquilizarle y saqué de la mochila la Lonely Planet mostrándole un plano cutre de la ciudad, pero claro, tampoco sabía interpretar un mapa y finalmente tuve que indicarle yo más o menos el camino. Al final de la carrera me daba tanta pena que hasta le dí propina, me agarró ambas manos y no me soltaba mientras repetía en su nefasto inglés "very thank you good sir, very thank you good sir".

La segunda vez que fui a Bombay llegué en tren procedente de Aurangabad, donde había ido unos días para visitar las cuevas de Ellora. Y esa vez pude contemplar algún slum bien de cerca, practicamente llegan a escasos metros de las vías. Y la impresión no fue tan negativa. Se veía un submundo bastante organizado, con sus callejuelas, sus comercios, sus mercados, su complejo sistema de cables con el que consiguen gratis la electricidad a través de gigantes transformadores de corriente, su rudimentaria pero ordenada canalización de aguas sucias. Pero sobre todo me impactó positivamente la gente, dentro de esa miseria se veía gente feliz, contenta de vivir su día a día, música por todas las esquinas, críos jugando, viejos viendo pasar la vida, gente lavando cuidadosamente su ropa o los cacharros de la cocina, y la belleza de las mujeres, me vuelven loco las indias y estoy comprobando que cuanto más pobres más bellas son, esa sensualidad en cada uno de sus movimientos, ese cabello negro y brillante perfectamente peinado y bañado en aceite de coco, siempre adornado con flores frescas de vivos colores a juego con sus saris. Las indias ricas también son guapas pero muchas parecen de porcelana, totalmente inexpresivas y atiborradas de agresivos productos cosméticos para blanquear su piel. Uno de cada tres anuncios de la televisión es de algún producto de éstos.

Más tarde me enteré a través de Suresh, un sociólogo que conocí en un restaurante de Colaba, que los slums de Bombay son un modelo de convivencia donde muchos de sus colegas de todo el mundo vienen a realizar diversos estudios. Me explicó que existen algunos slums donde sólo habitan leprosos, otros donde viven las viudas, pero normalmente en los grandes slums convive gente de diferentes religiones o lugares de procedencia y todos se ayudan unos a otros ante la más mínima necesidad, ayudan a construir las chabolas de los recién llegados y entre todos procuran organizar la educación de sus hijos o el acceso a medicinas entre otras cosas. Además la violencia es inexistente, cualquiera que rompa las normas de un slum será expulsado inmediatamente.


Suresh me aseguró que si me daba una vuelta por cualquier slum no iba a sufrir ningún peligro, la gente me recibiría con los brazos abiertos y se mostrarían orgullosos de enseñarme su forma de vida. Pero en vez de visitar slums aproveché para occidentalizarme un poco. Llevaba ya cuatro meses y pico sin ver una ciudad así y empleé los días en comer bien, pasear por las arboladas avenidas de Colaba con sus preciosos edificios de fachadas de estilo londinense, recorrí de arriba a abajo el Crawford Market, el paseo de la playa de Chowpatti, el de la Gateway, y hasta rompí con mis principios anti franquicias americanas entrando en un Mac Donald's para pedir un menú Big Mac y en un Starbuck's a tomar un caffe latte mientras me aprovechaba de su wifi.

Lo que me resultó algo incomodo fue la paranoia antiterrorista que se respira por toda la ciudad. Recordareis que hace algo más de un año llegó un comando islamista en un pequeño barco procedente de Pakistán. Iban armados hasta los dientes con el objetivo de cargarse a todo el que se encontraran a su paso hasta caer ellos mismos y durante todo un día sembraron el pánico en pleno centro de Bombay. Desde entonces los controles policiales se han acentuado hasta la exageración y para entrar en cualquier lugar a veces te ves sometido a pasar por un detector de metales, sufrir un riguroso cacheo o un minucioso registro de tu mochila. No tengo muchas fotos de Bombay, prefería salir a la calle con las manos vacías para evitar ese tipo de situaciones tan engorrosas.

Otra pega es que la vida en Bombay es mucho más cara que en cualquier otro lugar del país y a la hora de buscar un hotel merece la pena gastarte algo más de lo normal ya que los hoteles baratos suelen ser antros de mala muerte llenos de chinches, me tocó sufrirlos la primera noche y nada más amanecer me cambié de hotel a toda leche, fuí a uno que tenía hasta bañera, era la primera bañera que veía desde que comencé mi viaje y no dudé en llenarla de espuma y meterme dentro hasta que salí arrugado.

3 comentarios:

Edith dijo...

Si estoy de acuerdo contigo. Mumbai e India en general me shockeo, es un lugar tan diferente, súper caótico y para mi intimidante; pero India tiene una magia, un no se qué, que me dejó imprengnada con tantas ganas de regresar. Y eso de las belleza de las indias es cierto, hay mujeres hermosísimas ahí y con esos saris parecen sacadas de un cuento.

Edith dijo...

Si estoy de acuerdo contigo. Mumbai e India en general me shockeo, es un lugar tan diferente, súper caótico y para mi intimidante; pero India tiene una magia, un no se qué, que me dejó imprengnada con tantas ganas de regresar. Y eso de las belleza de las indias es cierto, hay mujeres hermosísimas ahí y con esos saris parecen sacadas de un cuento.

Oscar Presilla dijo...

Hola Edith,
Así es, es la percepción que tiene mucha gente del país, puedes amar India y odiarla al mismo tiempo unas cuantas veces al día, pero tiene algo que atrapa, sin duda es una de mis mayores experiencias vitales desde que vivo viajando, siempre quedará algo de ella dentro de mí y estoy seguro que volveré.
Gracias por tu aportación y feliz 2017.