miércoles, 21 de diciembre de 2016

PASIR TENGKORAK, LA PLAYA DE LAS CALAVERAS


Hace unos años estuve por primera vez en Langkawi, una de las islas más conocidas de Malasia, situada en el mar de Andaman, junto a la frontera tailandesa, y la verdad es que no me llamó demasiado la atención. Fue una visita rápida, de un par de días, un lugar de paso de camino a Penang. Llegamos en velero desde Tailandia, atracamos en el puerto de Kuah, hicimos los trámites de inmigración y poco más. Kuah me pareció una ciudad llena de edificios altos de hormigón, una imagen que poco tiene que ver con lo que suponía iba a ser una isla tropical. Al día siguiente alquilamos un coche para ir a Pantai Cenang, la zona turística más concurrida de la isla y más de lo mismo. Un lugar masificado, una extensa playa poblada de hamacas, chiringuitos, motos de agua, para sailing, masajistas y vendedores de baratijas. Y paralela a la playa una calle llena de restaurantes, hoteles, tiendas de souvenirs y agencias de excursiones. Turismo globalizado en estado puro, ya habíamos visto bastante y no teníamos nada más que hacer por allí, andábamos justos de tiempo, volvimos al puerto y pusimos rumbo al sur.
 
Pero cualquier lugar del mundo se merece una segunda oportunidad, y sabía que Langkawi tenía mucho más que ofrecer, así que el mes pasado volví con Jhing y pasamos ocho días recorriendo la isla de cabo a rabo y disfrutando de cada rincón. Quitando ese par de zonas que he comentado antes, la mayor parte de la isla está muy poco poblada. Langkawi se abrió al turismo a mediados de los ochenta y sigue manteniendo su biodiversidad y su belleza natural, montañas cársticas y acantilados, gran variedad de fauna, jungla y bosques tropicales, cataratas, cuevas, manglares, llanuras y arrozales, y por supuesto unas cuantas playas que siguen manteniendo su estado natural y a las que no acude mucha gente. La pequeña playa de Pasir Tengkorak situada en el noroeste de la isla, rodeada de bosque húmedo tropical y muy cerca de la impresionante catarata de Temurun, se convirtió en nuestro lugar favorito para disfrutar de las aguas del mar de Andaman y finalizar así cada uno de esos días llenos de descubrimientos y actividades.

Pero antes de que en Langkawi entrara el turismo y se convirtiera en una zona libre de impuestos llena de comercios duty free, era una isla con mala fama muy temida por los malayos y considerada maldita debido a la cantidad de leyendas terroríficas relacionadas con brujería y malos espíritus que han ido pasando de generación en generación, no eran muchos quienes se atrevían a adentrarse en sus bosques.

Y varias de esas leyendas tienen su origen en Pasir Tengkorak, cuyo nombre traducido al español quiere decir arena de calaveras. Hay diferentes historias sobre el asunto, pero lo que es cierto es que a mediados del siglo pasado se encontraron en esa playa cantidad de calaveras y todo tipo de huesos humanos.

La primera leyenda es típica en esas historias navales de hace siglos que se propagaban por todos los mares del planeta y hablaban de monstruos marinos y calamares gigantes que destrozaban y engullían cualquier nave que pasara por allí esparciendo los cadáveres que llegaban hasta la orilla. Otros barcos acababan en el fondo marino hundidos por remolinos de grandes dimensiones.

La segunda historia tampoco es que sea muy creíble, pero tiene su toque mítico y narra la gran batalla que tuvieron en una isla cercana Garuda y Jentayu, dos dioses del hinduismo con forma de aves gigantes. La batalla fue tan intensa y duró tanto tiempo que ninguno de los fieles guerreros de ambos bandos sobrevivió en la lucha, apareciendo sus cadáveres en Pasir Tengkorak traídos por las mareas.

Las siguientes historias tienen algo más de lógica y son más actuales siendo las que gozan de mayor credibilidad. En las fotografías se puede observar a unas cuatro millas de distancia la isla tailandesa de Tarutao. En los años treinta del siglo pasado era una prisión y muchos de los condenados que allí se encontraban intentaban huir a nado. Era la única forma posible para conseguir su libertad, pero tenía mucha más dificultad de la que podían imaginar. Parece ser que ninguno de ellos tuvo éxito y todos acababan ahogados a causa del cansancio, las corrientes o los ataques de tiburones. Poco a poco sus cuerpos iban llegando a Pasir Tengkorak.

La cuarta leyenda habla de los piratas que abundaban en esa parte del mar de Andaman escondidos y protegidos por tanta cantidad de islotes y bahías en las que fondeaban esperando a sus víctimas. Una vez que abordaban un barco se quedaban con lo que realmente les interesaba, cualquier tipo de mercancía era valiosa, no así la tripulación de sus naves quienes eran tirados por la borda vivos o muertos para que una vez más las corrientes y mareas dejaran varados sus cuerpos en la playa.

En una playa tan idílica y tranquila resulta difícil imaginar que ocurrieran estas historias para no dormir. Cada uno que se quede con la leyenda más lógica, o con la que más le guste, pero lo que está realmente verificado son todos esos cadáveres que allí fueron apareciendo. Y quizás se nos ponga la piel de gallina al pensar que en ese lugar de aguas cristalinas su arena blanca esté compuesta de la erosión de coral, crustáceos y... huesos de seres humanos.
 

2 comentarios:

V(B)iajero Insatisfecho dijo...

Una entrada, una historia llena de historias. Más interesante todavía. ¿Y viste alguna calavera?. Te comento rápido (lo acabo de ver, y parece aún calentito) para que te animes a contar más a menudo historias en este 'Un billete de ida'.
Un abrazo, tío.
[El 27 me voy a Java y Sumatra, ¿las conoces?].

Oscar Presilla dijo...

Hola Blas,
Calaveras no vi ninguna, al menos bien conservadas, pero me dijeron que estaba pisando huesos humanos sin darme cuenta. Pero nada, a uno de Bilbao no le meten miedo así como así, jejeje...
De Java solo conozco la punta este de la isla, la zona de Grajagan, estuve hace unos años cogiendo olas por allí. Sumatra la tengo algo más trillada y me encanta, mucho más natural y menos poblada que Java. No te pierdas el lago Toba y Bukittinggi, una maravilla.
Fuerte abrazo y feliz 2017.