viernes, 16 de julio de 2010

LA IMPORTANCIA DE LLEVAR PAPEL Y BOLI EN LA MONTAÑA


Ahora me encuentro en un diminuto país de la isla de Borneo llamado Brunei Darussalam (Brunei para los amigos), uno de esos sultanatos islámicos terriblemente ricos que antes de comenzar este viaje hubiera sido incapaz de situar en el mapa. Pero de momento os voy a seguir deleitando, o aburriendo, con otra pequeña crónica de mi paso por el Himalaya.

Salí una mañana de Manang acompañado de Cristina & Cristina con el firme propósito de afrontar las etapas más peliagudas de nuestra vuelta a los Annapurnas. Después de cuatro horas de subida con alguna parada para tomar un té y recuperarnos un poco del esfuerzo de caminar a esa altura llegamos a Yak Karka, una pequeña aldea a cuatro mil metros de altitud.

Allí hicimos otra parada para hacer un balance de la situación. Habíamos superado un desnivel de unos quinientos metros con respecto a Manang, pero viendo que nos encontrábamos bien y el sol calentaba al ser todavía mediodía decidimos seguir la marcha hasta Letdar, a unos cuatro mil doscientos metros sobre el nivel del mar.

De Yak Karka para arriba empezamos a ver las primeras placas de hielo y unas rampas bastante empinadas, así que nuestro pequeño pelotón se estiró. Delante iba una de las Cristinas, a un ritmo endiablado, subiendo como una cabra montesa. Yo me encontraba en el medio y la otra Cristina estaba más abajo, algo rezagada.

Al llegar a un pequeño llano me paré a descansar en un chorten. Los chorten son unas estructuras hechas con un montón de piedras grandes y planas apiladas que sirven para ofrecer descanso a lugareños, montañeros y porteadores. Para los budistas de la zona construir un chorten al menos una vez en la vida mejora mucho su kharma, de cara a su próxima reencarnación, así que te encuentras cantidad de ellos repartidos a lo largo de todo el recorrido.


Y allí estaba yo, viendo a una de las chicas que seguía tirando para arriba a toda leche, y algo preocupado porque miraba hacia abajo y no había ni rastro de la otra, algo iba mal. Veía un punto subiendo hacia donde yo me encontraba, pero por la forma de moverse era un hombre. Cuando llegó a mi altura comprobé que se trataba de un americano que se acercó hasta mí y me dijo: "Eres Oscar, supongo".

Aquello me recordó a lo de "Dr.Livingstone, supongo", me extrañó mucho que supiera mi nombre y por mi cabeza pasaron varias cosas:
1.- "Claro, todo el mundo en esta ruta ha oído hablar de mis habilidades alpinistas y el tío me ha reconocido". Esto, por supuesto, no tenía ningún sentido.
2.- "Joder, ¿hasta aquí llegan los de hacienda?". Esto también estaba fuera de lugar porque estoy en paz con el fisco, o al menos eso creo.
3.- "A ver si va a ser alguien de recursos humanos de mi empresa que viene a buscarme para volver al trabajo". Pero no, ese sujeto no tenía ninguna pinta de trabajar en una empresa como la mía.

Deseché esos estúpidos pensamientos producto quizás de la empanada mental que se sufre a esa altura cuando el buen hombre se quitó los guantes paciéntemente, sacó un papelito de un bolsillo y me lo entregó. Efectivamente, se trataba del papelito que aparece en la primera foto de este post: "Cristina, Oscar, no puedo seguir". ¡Ostras!, mis temores se habían confirmado, algo iba mal.

Me desgañité pegando gritos a la primera Cristina aún a riesgo de despertar al mismísimo Yeti, pero temía que al estar tan ariba no me oyera. Por suerte me oyó y por mis gestos intuyó que algo pasaba. Regresó rápidamente, la seguí como pude y más abajo nos encontramos a Cristina sentada a un lado del camino. Sentía una especie de presión en el pecho que le impedía respirar con normalidad y con muy buen criterio decidió parar inmediátamente en vez de seguir ganado altura.


Y además tuvo la buenísima idea de escribir una nota y entregársela al primero que pasara confiando en que tarde o temprano nos daría alcance mientras esperábamos en algún lugar. Afortunadamanete la cosa no fue a mayores, retrocedimos hasta Yak Karka y pasamos la noche allí, eso sí, en uno de los alojamientos más cutres de toda la travesía cuyos propietarios estaban totalmente zumbados. Pero pasamos una jornada estupenda descansando al calor del sol hasta que se ocultó y después seguimos en el comedor al calor de la estufa acompañados de varios porteadores que andaban por allí y de los escasos habitantes de ese villorrio.

Durante todo el trekking vi varias expediciones, algunas parecían militarizadas, formadas sobre todo por rusos o polacos, que se comunicaban con walkie-talkies o por medio de aparatosos y pesados teléfonos vía satélite, pero a nosotros nos sirvió una simple nota en un pequeño papel. En cualquier momento conviene tener a mano papel y lápiz, y ya véis que es de gran utilidad hasta en la montaña, así que ya sabéis, si alguna vez os da por hacer la vuelta a los Annapurnas incluidlo en vuestro equipaje.

A la mañana siguiente Cristina se levantó del catre totalmente recuperada y seguimos nuestra ascensión sin ningún problema. Bueno, tengo que confesar que en Thorung Pedi, el campo base antes de la definitiva ascensión al Thorung La, nuestro pecho sufrió de lo lindo, pero esta vez fue producto del atracón de risas que nos pegamos, debió ser la famosa borrachera mental de las alturas.

Nota: la primera foto de este post, la del famoso papelito, fue tomada por Cristina Martín y robada de su página de facebook de manera miserable por el autor de este blog. Por favor, Cris, no me denuncies por derechos de autor y esas cosas. Un besazo para las dos.

4 comentarios:

Almudena dijo...

Me encanta, y que fotos, una pasada!!


Across The Universe

Pruden Rodríguez dijo...

Hola Óscar,

Muy interesante la anécdota... y me alegra que quedara en eso, en anécdota. Me encanta tu travesía, y esas fotos geniales.

Saludos viajero!
Pruden
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Tegala dijo...

Ahora que ya sé que es bueno para el karma voy a buscar un lugar para hacer un Chorten. Además de olvidar llevar siempre lápiz y papel.
Que bien que todo fuera un pequeño susto!!

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Buenas Óscar!

¿Cómo te voy a denunciar? qué bueno, aquel día tuvo de todo, cuando vi la nota pensé que me había quedado sin mi apañera de viajes! qué mal rato hasta que la vi, mecaachiss... Pero después de un susto así parece que te ríes con mas ganas de cualquier cosa...las fotos lo dicen todo (menos mal que no tienes el resto jeje)

un pedazo de abrazo!

Una de las Cristinas...